11 de septiembre (*)

Estamos reunidas aquí para conmemorar a Domingo Faustino Sarmiento, el gran maestro argentino. Nuestro país tiene una larga tradición en materia educativa que la ubicó en el pasado en un puesto de vanguardia entre las naciones de América Latina. La Constitución Nacional obligó expresamente el derecho universal a la educación “Enseñar y aprender” y obligó expresamente a las provincias a asumir la responsabilidad de la enseñanza primaria. En la segunda mitad del Siglo XIX, Sarmiento con una visión clara de la relación entre la escuela y la movilidad social expresaba: “Por cada escuela que se abre se cierra una cárcel” y además sostenía que “un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos, pero la sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la nación hayan por la educación recibida en su infancia preparándose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados. El poder, la riqueza y la fuerza de una Nación dependen de la capacidad industrial moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección aumentando cada vez más el número de individuos que las posean”.

Lamentablemente hace varias décadas, el sistema educativo pareció entrar en una fase de aletargamiento que se combinó con su desfinanciamiento y cuyas consecuencias se hicieron sentir sobre la calidad de la educación que perdió, así, el lugar de preeminencia que había ocupado en épocas pasadas.

¿Hay que reconstruir la escuela como elemento de ciudadanía o cabe esperar su sustitución por otra categoría?

La escuela es una institución clave donde ciertas formas de reparto de bienes simbólicos compensen la desigualdad de oportunidades que es lo que importa.

Cuando pensamos que la representación de hijos de obreros y de sectores populares en la universidad es baja, tenemos que reflexionar acerca de que la escuela media está ausente y eso es una marca a fuego en la frente de los adolescentes. Lo que nos pasa a los argentinos es que no podemos habituarnos a pensar en el país que tenemos delante de los ojos, en el grado bestial de desigualdad que existe.

(*) María, Alumna de la Escuela de Educación Media N° 4 de la Unidad Penitenciaria N° 52 de Azul.

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *