1816 – Nueve de Julio – 2016

 

Dos siglos. Doscientos años. Generaciones y generaciones que pasaron. Montones de glorias, de angustias, de tristezas y de alegrías. Montañas de realizaciones venturosas y otras no tanto. La historia toda entera de la Patria. Y basta una fecha entre dos cifras para lograr la síntesis maravillosa.

Entre el 9 de julio de 1816 y este día de hoy que es el 9 de julio de 2016 está toda la trayectoria cumplida por una Nación que se enorgullece de lo que hizo y de lo que se sabe  capaz de hacer.

Seis años antes, el 25 de mayo de 1810 se puso de pié. El 9 de julio de 1816 comenzó a caminar por el sendero de los pueblos libres y soberanos.

No fue fácil romper la marcha. Un cúmulo de adversidades y la agravación de las amenazas quizás hubiesen explicado el renunciamiento. Pero esa generación de héroes se había puesto de pie para caminar y quiso demostrar su temple y la firmeza de su intención patriótica comenzando la marcha cuando más sombrío era el horizonte, más justificado el desaliento y mayores los peligros y los obstáculos.

La sola mención de los acontecimientos inmediatamente anteriores a la Declaración de la Independencia por el Congreso de Tucumán pone de manifiesto, en modo intergiversable, esa realidad angustiosa que le da a esta efeméride no solo la trascendencia del hecho en si sino el significado inigualable del ejemplo perenne de grandeza moral que constituye.

Las generaciones que sucedieron a la de julio de 1816 y que tuvieron que vivir horas  tremendas de dolor han de haber evocado muchas veces esa jornada de Tucumán para nutrirse con su ejemplo y soportar y vencer las adversidades.

El destino ha sido amable con esta generación y quiera Dios siga siéndolo con los hijos, nietos y con todas las generaciones venideras. Las pequeñas cosas, propias y naturales de la vida misma, que a veces parecen dramas y que se resuelven con frecuencia por sí solas, no han podido enfrentar a la necesidad efectiva de recurrir a ese ejemplo de grandeza moral para realizar heroicidades como aquellas.

Torpe y absurdo sería anhelar oportunidades para ello porque implicarían males, angustias y dolores que nadie que quiere a la Patria puede desearle.

Pero si el ejemplo no es necesario para vencer adversidades se impone su recuerdo para venerar con gratitud a los que lo dieron.

Y es también oportuno en todos los momentos, porque esa obligación de gratitud importa el deber de proseguir incansablemente marchando en el camino de la grandeza de la Patria.

No es menor el valor moral que se necesita para soportar un dolor y vencer una adversidad que el que hace falta para realizar voluntariamente un sacrificio o para brindar un esfuerzo altruista en procura de un bien mayor para la colectividad en su presente y en su futuro.

En cualquier circunstancia de la vida de los pueblos es oportuna y útil la grandeza moral de sus hijos concretada en actitudes y decisiones. En las horas difíciles, para salvar escollos y vencer adversidades. En las horas de bonanza, para acentuar la marcha y consolidar la grandeza y el bienestar de la Patria.

El 9 de julio de 1816 fue, históricamente, la más grande demostración del valor moral del pueblo argentino. Pero no es necesario que se repitan las circunstancias aciagas de esa hora para nuevas demostraciones. En todo momento han existido, existen y existirán siempre oportunidades para realizarlas en igual magnitud.

Si alguna vez se hace ese será el homenaje supremo a los próceres que proclamaron la independencia en Tucumán el 9 de julio de 1816.-

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