HOY, 4 DE AGOSTO

40 aniversario del asesinato de Monseñor Enrique Angelelli

“Monseñor Angelelli, un testimonio vivo que hoy nos sigue interpelando”.

Fragmento de la homilía en La Rioja, del Cardenal Bergoglio, al cumplirse el 30 Aniversario.

Después de la reflexión del Evangelio decía el Cardenal Bergoglio:

Por primera vez llegué a La Rioja un día histórico, el 13 de junio de 1973, el día de la pedreada de Anillaco. Veníamos cinco Consultores de Provincia con el Provincial para tener acá varios días de retiro y reflexión a fin de elegir el nuevo Provincial. El 14 de junio, después de esa pedreada al obispo, a los sacerdotes, a las religiosas, a los agentes de pastoral, monseñor Angelelli nos dio el retiro espiritual, a nosotros, al provincial y a los cinco jesuitas y nos introdujo en el discernimiento del Espíritu para ver cuál era la voluntad de Dios. Fueron días inolvidables, días en que recibimos la sabiduría de un pastor que dialogaba con su pueblo y recibimos también las confidencias de las pedradas que recibía ese pueblo y ese pastor, simplemente por seguir el Evangelio. Me encontré con una Iglesia perseguida, entera, pueblo y pastor.

Vimos allí el diálogo de un laicado vivo, fuerte con su pastor. Yo he vivido aquí ese dialogo entre obispo y pastor, un diálogo que fue adelante, un diálogo de amor; había que ver cómo había calado hondo ese diálogo en el corazón del obispo, estaba enamorado hasta tal punto de su pueblo que su corazón de poeta frustrado  –como le decíamos en broma-  llegó a escribir verdaderos requiebros de amor.

Un enamorado de su pueblo que lo acompañaba en el camino, y lo acompañaba hasta las periferias, las periferias geográficas y las existenciales. Recordemos el cariño con que acariciaba a los ancianos, con que buscaba a los pobres y a los enfermos, con el que clamaba por la justicia. Él estaba convencido de que el hombre hecho de barro escondía adentro un proyecto de la Trinidad, un proyecto de Dios: “mezcla de tierra y de cielo, proyecto humano divino en cada hombre se hace rostro y su historia se hace pueblo”, Dios rostro de hombre, historia de pueblo. Dios que camina a lo largo de su pueblo en la historia de salvación, “amor que se hace esperanza en cada dolor del pueblo porque el hombre se hace encuentro en cada historia de pueblo”, “ese amor que se hizo carne en dolor de pueblo”. “Aquí la historia es camino y el hombre siempre un proyecto” y porque el hombre era un proyecto acompañaba a cada hombre, a cada mujer, a cada chico, a cada anciano, a cada persona de su pueblo en este proyecto para que madurara, para que diera lo mejor, para que la gloria de Dios se manifestara en ese rostro que el mismo Dios había amasado y soplado con su espíritu.

Así caminaba con su pueblo hasta las periferias, se dan cuenta ¡ qué diálogo había acá entre la Iglesia y su pastor que también era Iglesia!.

Como era un hombre de periferia que salía a buscar, que salía al encuentro, porque era un hombre profundamente de encuentro. (lo decía recién, “porque el hombre se hace encuentro en cada historia de pueblo”, hombre de encuentro, hombre de periferias), pudo vislumbrar en ese poema inconcluso de abril del 74, el drama de la patria, pero lo vislumbraba con esperanza, “la patria está engendrando un hijo con sangre y con dolor, lloran los atardeceres esperando que el hijo nazca sin odios y sin rencor, sin odios y con amor, mi tierra está preñada de vida”. Así vivía él la patria, así la quería, preñada de vida. “En esta noche de dolor, esperando que despunte el alba, con un hombre nuevo, Señor.”

Este es el diálogo entre el pastor y su pueblo que yo conocí acá en La Rioja, un diálogo que cada vez fue más perseguido, una Iglesia que fue perseguida, una Iglesia que se fue haciendo sangre, que se llamó Wenceslao, Gabriel, Carlos, testigos de la fe que predicaban y que dieron su sangre para la Iglesia, para el pueblo de Dios por la predicación del Evangelio y finalmente se hace sangre en su pastor. Fue testigo de la fe derramando su sangre.

Pienso que ese día alguno se puso contento, creyó que era su triunfo pero fue la derrota de los adversarios. Uno de los primeros cristianos tenía una frase linda, “sangre de mártires, semilla de cristianos”, sangre de estos hombres que dieron su vida por la predicación del Evangelio es triunfo verdadero y hoy clama por vida, por vida esta Iglesia riojana que hoy es depositaria. El recuerdo de Wenceslao, Carlos, Gabriel y el obispo Enrique no es una simple memoria encapsulada; es un desafío que hoy nos interpela a que miremos el camino de ellos, hombres que solamente miraron el Evangelio, hombres que recibieron el Evangelio con libertad.

Concluyo este sentido “Homenaje”, con una reflexión muy personal.

Que el testimonio de vida entregada por amor a los demás de este Mártir, Enrique Angelelli, nos interpele y movilice para trabajar por una transformación social, digna y justa; en la que ninguno este privado de tener una casa, un trabajo, y la comida en sus mesas. Pidamos a Dios la gracia y la fortaleza para que entre todos podamos realizarlo

Colaboración de Marys Chamer

 

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