12 DE OCTUBRE DE 1916

A 100 años de la asunción de Hipólito Yrigoyen

En esta fecha tan cara no sólo para los radicales, sino para toda la república, hemos recibido esta crónica, escrita por una de nuestras más queridas afiliadas, María Magdalena Castro, quien hace un pormenorizado detalle cronológico de los sucesos acaecidos en los inicios de la vida política de quien fuera una de las principales figuras políticas del siglo pasado, un hombre que inició una serie de tres mandatos presidenciales consecutivos para el radicalismo, un prócer de la democracia, un hombre reconocido por propios y adversarios políticos. Un hombre que también hoy, aquellos cuestionados por su proceder como funcionarios políticos, procesados por corrupción, dueños de todos los conchabos y que prácticamente hirieron de muerte a la república, pretenden arrebatárnoslo. También, la comisión directiva de La UCR de Azul, ha decidido efectuar un homenaje al ex Presidente, en el busto que se encuentra dispuesto en la sede de la Escuela Nº 28 de nuestra ciudad, sita en Av. Pellegrini Nº 1204, hoy a las 11 horas. Invitamos a todos los radicales, a la comunidad y medios de prensa a participar de dicha conmemoración.

Don Hipólito, el Presidente

El 2 de abril de 1916 se enciende una antorcha. Centenares de personas especialmente estudiantes universitarios de Medicina se reúnen en la casona de la calle Brasil. Él los trata a todos con la misma cordialidad. Les habla de la necesidad de salvar la Patria. Él conoce a Sáenz Peña; y sabe que el fervor con que defiende éste el sufragio democrático, universal y libre es una síntesis de su aristocrática vida. Entonces habla de la clase obrera, sometida a las arbitrariedades del régimen y consagra a la Unión Cívica Radical como receptora de sus principios morales y de la misión abnegada de construir un futuro exento de corrupción y fecundo en valores, donde las instituciones se apoyen en la ley, el respeto a la ciudadanía, en una visión superadora de un pasado arbitrario, antidemocrático, que ahogaba la soberanía popular y avasallaba las libertades. Acuña para este la palabra “Régimen”.

Es un hombre de principios hasta su muerte defiende estos valores que atraen, en sus discursos y en la contemplación de sus acciones, a los jóvenes estudiantes inmersos en un ambiente materialista. Entusiasmados por el contenido moral de sus discursos y por la elocuencia salen de la casa de Yrigoyen y llegan a sus provincias, donde difunden la mística laica recién nacida en ellos: la igualdad democrática, la reparación moral, la salvación de la patria por los valores. Ha nacido para ellos un líder apasionado por el bien común.

¿Cómo protesta Yrigoyen contra el régimen? Con una abstención de siete años, una resistencia pasiva -ya que había sufrido el fracaso de la revolución de 1905– que no es otra cosa que una actitud de protesta contra los gobiernos que atentan contra la soberanía de la Nación. ¿Por qué el régimen se había afianzado? En el pueblo abundaban los analfabetos, peones de campo, inmigrantes, compadritos de los suburbios, fieles a su caudillo. Cada barrio, cada región tiene su caudillo local que obedece a otros más encumbrados.

Samuel Eichelbaum, en “Un guapo del 900”, nos pinta de cuerpo entero a un ecuménico, un hombre que no vacila en perder su libertad para defender la honra de su caudillo.

La clase alta, “ilustrada” –médicos, abogados, hombres de cierta cultura-, gobierna. El régimen, a pesar de todo trajo el progreso: ferrocarriles, puertos, universidades, escuelas, colonias agrícolas. Pero la corrupción las desmerece.

Otro obra de la literatura argentina nos describe la dicotomía entre el progreso y la tradición, entre las nuevas ideas, las nuevas costumbres y la vieja moral, “mi hijo el doctor” de Florencio Sánchez. Finalmente los valores de los viejos tiempos triunfan, la moral vence.

Contra la corrupción se alza la voz de Yrigoyen, y para él la UCR no es un partido político sino un movimiento que se identifica con la Nación.

Nunca incluso hasta en sus últimos días habla del Partido Radical, sino de la Unión Cívica Radical que trascenderá las décadas como esencia y fundamento de su heroica resistencia. Resistencia también del pueblo ante “la más odiosa de las imposiciones”.

La UCR es el primer partido político que ha consolidado la unión nacional. La tenaz voluntad puesta al servicio al bien común, el desinterés, el patriotismo, son los pilares en los que se basa la prédica de Hipólito Yrigoyen para que al fin en 1912, se consagre la ley Sáenz Peña, del Sufragio Universal.

Pero a Yrigoyen no lo desvela el ejercicio del poder. Él es un soñador. Su sueño es un país libre y democrático, donde la clase trabajadora, los estudiantes, los campesinos, gocen de derechos e igualdad de oportunidades.

Porque no le atrae el poder, renuncia a la postulación que la Convención hace de su persona como candidato a Presidente de la Nación.

El clima social está enrarecido. Más pobreza. Más hambre. Sucesión de huelgas.

El sigue recluido. Considera que su misión está cumplida. Un gobierno “no es más que una realidad tangible” pero “un apostolado”, es un fundamento único, una espiritualidad que perdura a través de los tiempos”.

Al fin, tras múltiples entrevistas y amenazas de los delegados de que, al llegar a sus provincias el partido moriría, él cede. “Hagan de mí lo que quieran”. Esta frase abre las puertas al 2 de abril de 1916, el primer triunfo radical.

Decide donar sus sueldos a los pobres. Para no humillarlos con el vocablo lo reemplaza por “instituciones de misericordia”. Tal era su desvelo por los desposeídos.

Primer domingo de abril. Se presentan tres fórmulas: conservadores, demócrata – progresistas y socialistas. La UCR obtiene más votos que las tres juntas. Recluido en su campo en Norberto de la Riestra, Don Hipólito ha dado órdenes a sus empleados de no recibir a nadie. Ni siquiera lee la correspondencia. Pero no puede eludir la realidad: un amigo es el mensajero.

Saltando los alambrados llega al casco y se acerca a Don Hipólito “vengo a traerle una noticia: es usted Presidente de la República”.

Dos de abril de 1916: se enciende ese domingo la antorcha de la verdadera democracia, esencia de tantas luchas y sacrificio ciudadano. Se izan las banderas. Tantas veces les quebraron el asta. Tantas veces la mancharon con sangre…muchas más las elevamos a lo alto y hacemos flamear los principios y valores con que soñamos.

Secretaria de prensa/Unión Cívica Radical de Azul

UCR- Juntos por más democracia

 

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