A 140 años del “nacimiento” de un mito

Las ermitas del gaucho correntino Antonio Mamerto Gil Núñez, que se encuentran situadas a la vera de rutas,  albergaron ayer a gran cantidad de devotos que se acercaron a pedirle o agradecerle. Las solicitudes por salud y trabajo fueron los más comunes de una jornada que se caracterizó por banderas rojas y ofrendas, en un nuevo aniversario de  su fallecimiento.

Se cumplieron ayer 140 años del asesinato de Antonio Mamerto Gil Núñez, más conocido como el “Gauchito Gil”. Su muerte generó el “nacimiento” de un mito popular que hoy está presente en toda la Argentina. MARTIN LABORDA


Recorriendo las rutas argentinas es común encontrar en sus banquinas, lugares con inmensas banderas rojas y construcciones que funcionan como santuarios de uno de los santos populares más importantes que tiene el país. La devoción por el “Gauchito” Gil crece cada vez más y su fama de “milagroso” se ha ido consolidando entre sus fieles.
Antonio Mamerto Gil Núñez, es el más humilde de los santos populares argentinos. Su historia, surgida desde la provincia de Corrientes, fue tomando notoriedad y se convirtió en un mito que hoy se conoce en todo el territorio nacional.
Si bien las muestras de fe hacia este “santo” se extienden a lo largo de todo el territorio nacional, y existen homenajes en diversos lugares, el “Gauchito” Gil no es reconocido por la religión oficial.
Cada 8 de enero, al cumplirse un nuevo aniversario de su muerte, los altares que se levantan  a la vera de las rutas son visitados por una importante cantidad de fieles que llegan hasta el lugar para agradecer o realizar alguna petición.
El Partido de Azul cuenta en sus rutas con dos lugares que evocan su figura, uno sobre la ruta nacional Nº3 y otro en la ruta provincial Nº51. Sin conocerse exactamente el origen de las construcciones, estás fueron tomando popularidad y relevancia siendo hoy un lugar de parada de vecinos y viajeros.
Ofrendas, gratitud y esperanza
Con motivo de recordarse ayer una nuevo aniversario de su fallecimiento, EL TIEMPO llegó hasta la ermita ubicada en la Ruta Nº51 donde encontró un gran número de fieles, que pese al calor reinante, decidieron pasar la tarde en el lugar.
Un grupo de vecinos que se encontraba en el sector de descanso –donde hay bancos y fogones- señalaron que “hemos venido a pasar el día, agradecer al Gauchito y compartir un momento con amigos, mate por medio”. Sobre la peculiar figura contaron “nunca te va a dejar pagando, siempre va a cumplir con todo lo que le pidas”, señalaron.
“La familia, la salud y el trabajo es lo que más le pedimos y siempre nos ha recompensado, por eso somos muy agradecidos con él. No importa en qué situación te encuentres porque siempre tiene un lugarcito para cada uno”, afirmaron.
También Pablo y Estela, una pareja de Azul, llegaron hasta el lugar para mostrar su devoción y gratitud “hemos ido en varias ocasiones a Mercedes, Corrientes y este año como no pudimos viajar vinimos hasta acá”.
Bajo un sol intenso de enero, también Mirta una abuela con sus nietos, llegó con ofrendas para el gaucho milagroso.
El interior del altar reúne los más variados objetos que van desde  botellas de vino, cerveza y gaseosa,  cigarrillos, velas rojas,  estampitas y figuras de don Antonio Gil. Placas con retribuciones, dinero en efectivo y cintas rojas por doquier. Estos son los ofrecimientos más comunes de las personas.
También señala la tradición, que quienes pasan por la ruta frente al santuario, deben tocar bocina, rito que estando en el lugar pudo ser corroborado.
Una leyenda que creció con el paso de los años y trascendió Corrientes para llegar a cada rincón del país.
Quién fue el “Gauchito” Gil
Antonio Mamerto Gil Núñez nació en Pay Ubre, cerca de Mercedes, en la provincia de Corrientes. Fue en algún momento del siglo XIX. Para algunos, era un cuatrero, un gaucho alzado, un fugitivo culpable de todos los delitos sin resolver. Para otros, era “Robin Hood”, gaucho justiciero, vengador de paisanos.
Dicen que lo condenaron por desertor en la época de las guerras entre colorados y celestes. Tal vez lo fusilaron, o lo degollaron colgado por los pies de un algarrobo.
Antes de morir, le dijo al sargento que lo ejecutaría: “No me mates, que te va a llegar una carta que dice que soy inocente”. El verdugo respondió: “No te vas a salvar” y el Gauchito dijo: “Cuando llegue la carta vas a recibir la noticia de que tu hijo está enfermo y morirá; rezá en mi nombre y tu hijo se va a salvar”.
Después de matarlo, el sargento volvió a su casa y encontró a su hijo enfermo. Rezó por él al Gauchito Gil y su nene se curó.
Rojo liberal, para venerar al Gauchito Gil.
Rojo liberal, para venerar al Gauchito Gil.
Desde entonces, el lugar donde murió el Gauchito se convirtió en santuario de peregrinación. Allí, año a año miles de personas se acercan para rendirle homenaje y dejar sus ofrendas: oraciones, velas y cintas rojas. Pero no es el único templo. Los devotos fieles del Gauchito Gil ya diseminaron otros miles de santuarios por las rutas del país, desde Jujuy hasta Ushuaia.

Distintas maneras de hacerle un pedido al “Gauchito”
Una,  es escribir en una cinta de raso colorada lo que se necesita y colocarla por la noche en un cruce de caminos, apoyada en la rama de un árbol, de un alambrado o en un palo clavado en la tierra. Se puede usar una caña común o un palo de madera.
Otra es encender una vela roja, se toma una cinta del mismo color y se la hace pasar, todo el largo de la cinta, de un extremo a otro entre los dedos, a modo de rosario, allí en ese momento se le hace una oración al Gauchito, se le pide que interceda ante Dios por nosotros, y al finalizar se rezan un Padre Nuestro, un Ave María y un Credo. Luego se toma la cinta y se la lleva a un cruce de caminos, cerca de un árbol, si las condiciones lo permiten, se enciende una vela.
También hay personas que le encienden una vela roja en un cruce de caminos y le hacen el pedido allí.
Otra forma de hacer un pedido es realizando una novena comenzando un día lunes.
 

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