ENFOQUE

A 50 años de la caída del presidente Arturo Illia

El ingeniero agrónomo Omar Losardo, convencional provincial de la UCR por Azul, aportó el siguiente texto para recordar el 28 de junio de 1966, que marcó un nuevo quiebre del orden constitucional en la Argentina.

El 18 de junio de 1966 las Fuerzas Armadas producían un nuevo golpe de Estado en la Argentina que significó la caída del presidente Arturo Illia, triunfador en las elecciones democráticas de julio de 1963, por la Unión  Cívica Radical del Pueblo.
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El 18 de junio de 1966 las Fuerzas Armadas producían un nuevo golpe de Estado en la Argentina que significó la caída del presidente Arturo Illia, triunfador en las elecciones democráticas de julio de 1963, por la Unión Cívica Radical del Pueblo.

En julio de 1963 la Unión  Cívica Radical del Pueblo se impuso en las elecciones con la fórmula Arturo Illia y Carlos Perette, con una plataforma electoral que tenía como metas preservar la paz interior y recuperar la fe pública, afirmando la soberanía nacional y recuperar los resortes fundamentales de la economía, comprometida por la política petrolera, eléctrica y monetaria que condicionaba el desarrollo de la Argentina y no aseguraba una equitativa distribución de la riqueza y la renta nacional, que permitiera promover una efectiva movilidad social y que facilitara seguridad económica a los trabajadores y a la clase media.

Esto significaba llevar adelante una política que no era compartida por las grandes corporaciones que pretendían manejar el país de acuerdo a sus intereses y conveniencias, quienes desde el principio del gobierno de Illia comenzaron a conspirar contra su gobierno.

OBRA DE GOBIERNO: Estableció líneas crediticias para apoyar a la mediana y  pequeña industria con el objetivo de aumentar la mano de obra, suministrando capital de trabajo y el compromiso de emplear recursos desocupados. La economía manejada por Eugenio Blanco y con Juan Carlos Pugliese después, se desplegó de forma brillante, de manera tal que el P.B.I. pasó de 1,6 por ciento en 1962 al 10,3 por ciento en 1964 y el Producto Bruto Industrial creció de una tasa negativa de 5,5 al 18,9 por ciento.

En el sector agropecuario, logró aumentar el 31 por ciento de la superficie sembrada de trigo y garantizó a los productores agropecuarios un precio sostenido de sus cosechas, de forma tal que antes de sembrar podían contar con un valor del producto al venderlo. Diversificó las exportaciones a mercados internacionales, apuntando a los países asiáticos, lo que disgustaba a las grandes corporaciones acostumbradas al sometimiento del Reino Unido, calificando a su política orientada a los países comunistas.

En el sector público desplegó una amplia actividad orientando el gasto a la educación y a la salud. Se llegó a destinar el 25 por ciento del presupuesto a educación, cifra récord en la historia argentina, con universidades que pudieron desplegar libremente sus actividades formativas y de investigación bajo los principios de la Reforma Universitaria de 1918, que sancionara Hipólito Yrigoyen. En salud, el ministro Oñativia promovió la ley de medicamentos genéricos, lo que constituyó otra causal promovida por los laboratorios extranjeros que se opusieron fuertemente y comenzaron a conspirar contra el gobierno de Illia.

En lo energético, anuló los contratos petroleros que se habían suscripto en la época de Frondizi, por constituir éstos un serio compromiso a los intereses petroleros nacionales.

La deuda externa que al asumir su gobierno totalizaba 3.390 millones de dólares fue reducida a 2.650 millones de dólares, sin que nuestra moneda nacional sufriera desvalorización importante. En 3 años sólo se devaluó el peso en un 28,4 por ciento y el dólar en 1966 cuando fue derrocado se cotizaba a $ 2,04.

En política internacional se afirmó la personalidad argentina en todos los órdenes a través del ministro Miguel Angel Zavala Ortíz. Americanismo auténtico en acuerdo de trascendencia económica y cultural. Reclamo de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas. Impulsó las relaciones con todos los países del mundo a través de una franca, directa y moderna concepción de la cooperación, el respeto mutuo y la autodeterminación de los pueblos.

En lo laboral, sancionó la ley del Salario Mínimo Vital y Móvil como forma de protección frente a posibles crisis económicas, contribuyendo a que la clase trabajadora no perdiera poder adquisitivo, garantizado además por la libre discusión del salario en paritarias.

Su gobierno significaba un profundo cambio en el manejo de la cosa pública, funcionamiento cabal de las instituciones democráticas y logró levantar la proscripción al partido peronista. Esto trajo grandes disgustos entre los militares divididos en azules y colorados que se sumaron a la conspiración culminando con su derrocamiento el 28 de junio de 1966, logrando los azules imponer a un nuevo gobierno militar a cargo del general Juan C. Onganía.

LA CAIDA DE ILLIA: El del petróleo, no fue el único motivo del golpe cívico-militar del 28 de junio. La conducta radical fue insobornable en la defensa de los intereses del país en todos los campos. La cuestión de medicamentos, atentaba contra los monopolios de los laboratorios norteamericanos, suizos y alemanes, quienes no tardaron en sumarse a la sonada golpista. La oposición corporizada en las organizaciones sindicales y la conducta periodística del semanario Confirmado, quién no dejó en momento alguno de jugar al golpismo, fueron otras de las causas que alentaron el golpe. Se llegó así al 28 de junio de 1966. Casi no hubo diferencia de matices en los dirigentes. Al gobierno constitucional derrocado, una declaración de la CGT lo caracterizó con expresiones como: “falencia del poder constituido”, “falta de autoridad”, “carencia total de representatividad”. Y se mostró esperanzada con el naciente gobierno de Onganía, previa conspiración de los generales Alsogaray y Pistarini, quienes en el día del Ejército, pronunciaron un discurso subversivo. También hubo civiles como Nicanor Costa Méndez y Álvaro  Alsogaray, ligados a las manzanas de la  “city” que rodean a la Casa Rosada, entre otros, sumándose a la golpiza imperante contra  el  gobierno austero, honesto y republicano del Dr. Illia.

Derrocaron al radicalismo porque lo sabían la última valla contra los agentes de la regresión y el sometimiento. La UCRP denunció este golpe como antipopular, antidemocrático y antiargentino, motivado por la desmedida ambición de poder e instigado por los grandes intereses que deseaban volver a manejar la economía en su exclusivo beneficio.

“El golpe de 1966, tenía olor a petróleo, sabor a medicamentos y color conspirativo surgido del pacto sindical-militar”.

El país se sometió a un nuevo proceso denominado “Revolución Argentina” que llevó al país a la postración, al sometimiento a los organismos crediticios internacionales, y a lo peor, al derrumbe del conocimiento, mediante el hecho conocido como la “La noche de los bastones largos” que desalojó a los claustros de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Su resultado fue inmediato: más de 700 profesores e investigadores calificados debieron abandonar el país, las universidades fueron intervenidas y los sindicatos fueron traicionados, con jefes asesinados y una violenta represión, culminando con el “Cordobazo” que terminó con el gobierno de Onganía. Otro militar desconocido, el general Roberto Marcelo Levingston, nombrado desde los Estados Unidos se hizo cargo del gobierno en 1970, desalojado finalmente por el general Alejandro Agustín Lanusse, quién no tuvo otro remedio que brindar al pueblo la salida electoral en 1973.

 

 

 

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