A la deriva

 

Escribe: Fabián Sotes

De la Redacción de EL TIEMPO

fsotes@diarioeltiempo.com.ar

 “Es un chico que está a la deriva, que sigue cometiendo ilícitos porque siente que no tiene nada que perder”, definió crudamente ayer una fuente consultada por EL TIEMPO con relación al menor aprehendido por ese nuevo robo en “Buzzella”.

El adolescente se ha convertido en un verdadero problema para el que el Estado, desde diferentes ámbitos, no ha encontrado todavía una solución.

Se sabe que se está en presencia de un chico marcado por una infancia terrible, portador de una historia que en el pasado y siendo niño lo tuvo lejos de su familia e internado en diferentes hogares para menores.

En el presente de esa misma trama, ni sus familiares más directos quieren o pueden hacerse cargo de él. Y al parecer tampoco puede hacerlo más -después de muchos y fallidos intentos- el servicio asistencial para menores de la Municipalidad de Azul, una de las alternativas que el Estado tiene para casos así.

En medio de todo ese contexto dramático, a esta altura ya son varios los episodios delictivos que el menor ha cometido.

En varias de esas oportunidades, una vez que las causas penales iniciadas recaían en la Fiscalía del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil como ha vuelto a suceder ahora, ante la realidad del adolescente se pidieron medidas cautelares que en ninguno de esos casos prosperaron. O si lo hicieron, sólo fue por pocos días.

Eso volvió a suceder ayer, cuando una solicitud para que su aprehensión fuera convertida en detención terminó siendo rechazada por una jueza de Garantías.

Los antecedentes más recientes ubican al menor cometiendo en septiembre pasado otro robo en “Buzzella Hogar”. Pero también, cuando había sido aprehendido en octubre último, llevando a cabo un ilícito similar en otra casa de venta de artículos para el hogar: “Naldo”, situada en San Martín entre 25 de Mayo y Moreno.

Cuando junto a otro adolescente fue detenido en aquella ocasión, posteriormente se dispuso que ambos fueran remitidos a hogares de contención para menores. De esa manera, a uno de ellos lo enviaron a Tandil y al otro a La Plata.

Pero días más tarde, cuando los habían traído a sede judicial para una audiencia donde se iban a tratar los pedidos de prisiones preventivas para ambos que fueron formulados desde la Fiscalía perteneciente al Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil, esa audiencia quedó sin efecto.

Paralelamente, dando lugar a un habeas corpus presentado por la Defensa Oficial de los adolescentes, la Cámara Penal había declarado las nulidades de las aprehensiones que después se tradujeron en las detenciones de los dos y en que fueran remitidos a los establecimientos asistenciales ubicados en las ciudades ya referidas. Eso significó que ambos quedaran en libertad.

Además de ese ilícito ocurrido en octubre pasado en “Naldo”, a los menores se les atribuía en aquel entonces el robo de una motocicleta que después la Policía recuperó. Y también se los había acusado de sustraerle un teléfono celular a un repartidor de Olavarría que había viajado a Azul para esa misma fecha.

Lo concreto es que ese adolescente sumido en un contexto social que es terriblemente crítico y lo tiene como un reiterado protagonista de episodios delictivos está nuevamente en libertad.

La sensación que queda entre los que conocen a fondo su historia personal es que, lamentablemente, será difícil que el chico se aparte de un camino que hasta el momento no está siendo nada favorable para él y a través del cual se teme lo peor: que continúe delinquiendo.

Si bien es cierto que hasta ahora sólo ha cometido robos que no han implicado daños para terceros, no deja de inquietar que esa situación en la que el adolescente se encuentra -ni siquiera tiene un lugar dónde vivir y los intentos de que lo haga con alguno de sus familiares han fracasado hasta el momento- pueda convertirlo en autor de ilícitos más graves y de consecuencias peores a las conocidas hasta ahora.

No sólo para él, sino para quienes circunstancialmente puedan convertirse en víctimas del accionar de un menor sumergido en un contexto como el mencionado.

Un chico que parece estar jugado con tan sólo 17 años y que sigue sin poder darle otro curso a su vida que el actual. No sólo por la ausencia de esa tan necesaria contención familiar que cualquiera requiere. También, al estar en manos de un Estado que, teniendo como prueba lo que está pasando, no encuentra hasta ahora la manera de rescatarlo.

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