Adolfo Vilatte Lavigne; un poeta del Azul…

Por Adolfo Mirande

Especial para EL TIEMPO

El año 1874 nació en Francia el trovador Adolfo Vilatte en Fontrailles, canton de Trie-Sur-Baise, Pays de Coteaux, en La Bigorre, altos pirineos.

En “Ensayos poeticos”(1911) y “Cantos del camino”(1932) su decir conmovedor  de  las emociones más profundas  surge de la inspiración en  los arroyos ligeros de sus montañas natales y  en el agua azul de la pampa de vientos furiosos y de potros tan altivos como los que en Tarbes se crían cerca de Trie-Sur-Baise.

Sin conocer el lugar de origen del poeta no se puede conocer ni sentir su poesía.

Adolfo Vilatte es descendiente de antiguos trovadores  y fue consumado esgrimista.

Por sus venas corría sangre gascona.

Y en esa tierra, patria de D’artagñan, y de Cyrano,  de la lealtad y de la trova romántica, nació el poeta argentino por adopción.

Autor de una poesía de sueños, realidades y profecías…y un ansia de ética y de justicia llena de sed, no podía dejar de tener…además por su conducta ante la vida y ante la muerte…la sensibilidad de los hombres de su tierra.

Los poemas asumen un carácter universal maravilloso con “Las máximas de sancho”; y en las conclusiones sobre una necesaria pervivencia de Don Quijote como arquetipo de caballerosidad, decisión, coraje, y defensa de causas perdidas, aun dentro de la ilusa lucha por la utopía a la que no se llega jamás; considerada como una “idea” de vida…al igual que un lucero al que el caminante nunca alcanza, pero que esta luminoso allí, siempre, tozudamente siempre. Aquí el escritor se revela contra la hipocresía, el cinismo, la injusticia y el éxito a cualquier precio.

La obra de Adolfo Vilatte no esta centrada en un único tema.

La riqueza del poemario se desliza por numerosas cuestiones y penetra por pasillos, meandros y laberintos existenciales de incógnitas y percibires humanos. En el canto “La prudencia y el progreso” intuye la autodestrucción del hombre, y lanza su condena ecologista, triste, impotente; y con duro verso expresa su repudio inútil frente al sistema.

El poeta es evolucionista cuando escribe “La humanidad es siempre joven”; y pleno de sensibilidad habla a los pirenaicos humildes en “Navidad aldeana”.

A Joaquín Castellanos lo festeja el poeta  con un soneto luminoso.

Este es el trovador enamorado de la pampa y de su viento rumoroso y de los autores de allende la llanura que cubren con su palabra el anchuroso y alto vuelo del cóndor, como los de la pampa discurren con la fuerza de la ventisca, dejando versos de sal y de arena.

El ciudadano francés por nacimiento y argentino por sentimiento con domicilio en los pagos históricos del Azul, pinta sensaciones que transmite magníficamente y dejan la impresión que su optimismo-pesimismo es idea clara del “caos” que muchos años después imaginarían las teorías de físicos y filósofos del siglo XX.

Indudablemente que el autor de la traducción de los consejos del viejo vizcacha al francés y hacedor de arte a través de sus poemas, alcanza una altura luminar con la poesía testimonial de los sentimientos, o sea de la vida vivida con intensidad; sintiéndola segundo a segundo y no conformándose con las cartas echadas, sino tratando a pesar del pesimismo que a veces lo embarga, de modificar la realidad porque sabe que tiene a quien ofrendar su triunfo.

Es aquí donde el nihilista se hace creyente y el agnóstico piensa en dios y donde su arte y su ciencia se rinden ante fuerzas desconocidas, pero que a veces, le informan de otros mundos y de otras dimensiones. Puede observarse en su obra poética la tarea de un creador lleno de autentico romanticismo y de un enorme sentido trágico de la vida que por momentos se confunde con abismos del alma, y que le otorgan a su poesía un sentir oscuro y a veces sabiamente misterioso.

En los versos del poeta del Azul, con sangre florida de la gascuña, se nota el decir de un apasionado y de un trémulo de amor; es muy hondo su sentir y también sus idealizaciones y sufrimientos, según los días le iban enseñando, que todas las horas hieren y la ultima…¡mata!…

En su creación hay reproche, llanto contenido, chorros de llanto y también amor; hay predicamento de paz, y del sentido del honor; hay creencia en un creador y luego…¡el pesimismo de la nada!…

Leyendo el poema “A la muerte”, y viajando por muchas ideas de Adolfo Vilatte que lo llevan a concebir la ida de este mundo como una liberación, tenga o no que ver con la religión, no se me hace desatinado citar la oración del surrealista André Breton: “vivir y dejar vivir, son soluciones imaginarias, la existencia esta en otra parte”.

Vilatte es un creador fantasma que por momentos tiene límites.

Y que a veces los pierde en el camino de sus cantares.

Trovador…seguramente de niño paseaste a orillas del Adour, el río mítico de La Bigorre y celebraste alguna frase intuida por tu percepción de niño, que ya contenía la percepción del poeta…quizás en sus aguas aprendiste a leer la historia de tu tierra y tu futuro lejano a orillas del arroyo Callvú-Leovú, en la pampa, que te atraparía con sus totoras al viento…

Fue un poeta universal; sus intereses sobrepasaron la justa del amor y del romanticismo para llegar a la filosofía y al conocimiento no científico en “Tarde mística”.

En este poema deja el agnosticismo de lado, para darle un valor cosmogónico posible a la existencia de un dios creador.

En su canto “Sevilla”  el trovador suena con la guitarra andaluza, al enhebrar la fina cenefa de sus poemas dedicados a la cumbre del cante jondo y de la Andalucía profunda.

Estos versos son de alguien que ha caminado Sevilla y ha recorrido sus patios brindando con vino fino y escuchando la guitarra bruja en manos andaluzas.

Manos ligeras como la luz para digitar murmullos que llegan al alma como jazmines o gotas de sangre en forma de cascada de arrogante sonido; o como un beso, sincero, enamorado, al cosmos para que una estrella pueda hacerlo eterno.

Vilatte brinda en rimas su profundo sentir de cuerda de violín de Cremona, de guitarra sevillana o sonido exquisito de bandolina provenzal. Su música es galana, plástica y nos lleva a un mundo de fineza y resguardo de la palabra.

Adolfo Vilatte es un regalo que nos hizo Francia a los azuleños y a nuestra patria que Alberdi quería poblar.

Poeta nuestro, con una paleta digna del mas grande pintor, con tonalidades de ensueño, fuiste coloreando con tus cantos los caminos.

Ante tu creación, escrita entre lágrimas y gotas de flores, con pluma de faisán sobre papel de esparto…¡te saludo!…

Y a la Francia inmortal agradezco tu destino.

 

 

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