Alerta: Carbunclo Rural

SUELO “ENFERMO”

Por Augusto Meyer

ameyer@diarioeltiempo.com.ar

Ramón Noseda, un bioquímico radicado en Azul, es un especialista reconocido a nivel mundial por sus investigaciones sobre esta bacteria que es mortal para animales no vacunados previamente. En diálogo con EL TIEMPO, el profesional dio cuenta de las consecuencias que puede acarrear el contagio a personas. También se refirió al rol que juega el tábano.

Ramón Noseda, un azuleño por adopción, es autor de informes de los que hay pocos a nivel mundial sobre Carbunclo Rural. Es un trabajo que el bioquímico realiza ad honorem y para aprovechar la cantidad de información que hay en el distrito de Azul, una zona ganadera por excelencia.

“Lo que está enfermo, y eso cambia un poco el paradigma, es el suelo. A partir del suelo enfermo, se enferman los animales porque esta es una bacteria que tiene esporos y los esporos, por sus características especiales, duran decenas de años y quedan en el suelo”, expresó Noseda.

Según explicó, las esporas se trasladan desde la zonas altas a los bajos por las corrientes naturales de agua, de acuerdo con un estudio que se hizo con personal de INTA Cuenca del Salado.

“Por un programa GIS de Información Geográfica se comprobó que, a partir de las ruta 226 y 60 hacia abajo, está la mayoría de los focos de Carbunclo rural por la pendiente”, detalló el entrevistado.

Consultado sobre los orígenes de la enfermedad sostuvo que inicialmente fueron traídos al país bovinos enfermos que, una vez aquí, murieron. “Una de las características naturales que tiene la enfermedad es la liberación de sangre por las aberturas naturales y, con ella, se liberan esporas que quedan en la tierra. Y la tierra tiene características especiales desde el punto edafológico, que hacen que se mantenga el PH, la humedad y la temperatura, que tiene que estar en los 15 grados centígrados promedio (esas zonas se denominan vulgarmente como ‘campos malditos’). De ahí que haya más Carbunclo en la primavera-verano que en otoño-invierno”, detalló.

Indicó que el animal incorpora la bacteria Bacillus Anthracis comiendo pasto o tomando agua. “Una vez que incorpora la espora, ésta germina en el interior del animal, hace una septicemia y se produce una muerte súbita. Por eso se encuentran animales muertos, sin mayores manifestaciones clínicas”, amplió.

La situación en Azul 

Noseda informó que todos los años se evalúa la cantidad de diagnósticos que se hacen. En el distrito de Azul, el último brote de Carbunclo fue en 2013 y eso sucede porque hay una mayor vacunación en esta zona. “Si no fuera así, tendríamos en el distrito una cantidad de brotes muy importante”, precisó y aseguró que, si el animal no está previamente vacunado, la muerte es irremediable.

Cuando se le preguntó sobre las posibilidades del traslado de la enfermedad al humano, respondió: “Son bastantes para la gente que interviene en forma directa”.

“El hombre de campo, al encontrar el animal muerto, lo primero que hace por una costumbre ancestral, es hacer el cuereo. Eso lo hace sin usar guantes ni otra protección y, si tiene heridas en las manos, la enfermedad ingresa y se produce lo que se llama el ‘grano malo’. Primero hace un cuadro localizado en la piel y, de seguir avanzando, se le contamina la sangre y muere con un cuadro muy parecido al del vacuno”, agregó.

El último caso de un ser humano que murió de carbunclo fue en Santa Fe, por trabajar con cueros que iban a ser utilizados para la elaboración de soga. Un corte en una mano, llevó a que la víctima contrajera la enfermedad, que de todas maneras no fue bien diagnosticada y, por ende, tratada.

“La bacteria se utiliza para la guerra bacteriológica. De ahí que fuera famosa con el nombre de ántrax. En ese caso es un ántrax manipulado que tiene mucha posibilidad de volar y ser aspirado (se lo prepara con ese fin) para morir por carbunclo respiratorio”, manifestó Noseda.

Los ovinos, los cerdos y los perros, en ese orden, son más resistentes al carbunclo, aunque también pueden contraer la enfermedad por grandes concentraciones de la bacteria, y morir.

En otro orden, Noseda marcó como dato preocupante que hay una menor producción de vacunas y, por ende, existe un riesgo mayor a la propagación de la enfermedad.

“La obligatoriedad que tiene la provincia de Buenos Aires de vacunar por ley no se lleva a cabo adecuadamente. En 2014 se implementó una vacunación y mayor control; en 2015 se vacunó en forma efectiva; en el 2016 ya había declinado un poco; en 2017 no hubo brotes y, en 2018, ya tenemos el primer brote en el Partido de Laprida, por animales sin vacunar”, subrayó.

“Falta de responsabilidad social”

En cuanto a los factores que contribuyen a la propagación, Noseda consideró que “con toda la difusión que hubo, hay una falta de responsabilidad social” que favorece a la propagación.

“Si tenés animales vacunos, sabés que podés tener carbunclo. La ley así lo previene y vos sos responsable de mantener la sanidad de tu rodeo; y la sanidad se mantiene con vacunación (se viene inoculando en forma conjunta contra el carbunclo y la aftosa). Es la vacuna más barata del mercado nacional (alrededor de 6 pesos), se coloca una vez por año y se continúa aplicando hasta tanto los datos epidemiológicos confirmen que no tenemos carbunclo”, precisó.

Aclaró que la aplicación de las inoculaciones en bovinos en territorio bonaerense es regulada por la Dirección de Ganadería del Ministerio de Asuntos Agrarios. “Hay una resolución del Ministerio que dice que a los campos que no tienen vacunación, no tendría que expedírsele la guía de traslado (documentación que debe tener todo animal que se movilice de un campo a otro) que emite una oficina municipal en contacto online con la dirección de Ganadería. En Azul no tenemos conocimiento de casos desde 2013 pero las esporas están; cierto es que tienden a desaparecer, pero hay lugares donde se siguen observando esporas después de 50 años”, advirtió.

Los “campos malditos”

En los efectos del cambio climático, según indicó Noseda, el carbunclo encontró un aliado para su permanencia y propagación ya que la temperatura, la humedad y los vientos hacen que en períodos de primavera/verano/otoño haya un desarrollo explosivo de los tábanos.

“Los tábanos, que tienen una característica muy particular de sus mandíbulas y aparato masticatorio, hacen que penetre profundamente en la piel del bovino y chupen sangre (las hembras de los tábanos la necesitan para desarrollar sus huevos). En Laprida, tuvimos trece brotes de carbunclo en 2013 con una diferencia de días en una circunferencia de 100 kilómetros en la misma línea de lo que había soplado el viento. Tenemos detectadas unas quince personas en distintos partidos bonaerenses, incluido el de Azul, que por picadura de tábanos padecieron el carbunclo dérmico”, informó Noseda.

El profesional tiene una visión crítica del rol que juega el Estado en la prevención de la expansión de la enfermedad.

“Es un compromiso a medias y eso lo presenté en un congreso latinoamericano de zoonosis que se hizo en La Plata. La negligencia está penada por el Código Civil y el Código Penal y un funcionario que no quiere hacer cumplir la ley de vacunación, es un negligente”, alertó.

AGENTE DE CONSULTA

Laboratorio Azul y Ramón Noseda en particular, es agente de consulta por Carbunclo rural, por lo que esta ciudad tiene el privilegio de contar con un investigador reconocido a nivel mundial.

“Para mí siempre fue una verdadera alegría poder trabajar en algo que es útil para estudiar una enfermedad que se transmite al hombre y que, teniéndola tan cerca, la mayoría de la gente desconoce. Laboratorio Azul fue un referente desde el principio porque empezamos a diagnosticar carbunclo y los veterinarios precisaban detectar carbunclo. Lo grave es que llevamos 45 años haciéndolo y seguimos diagnosticando carbunclo. Si la gente no se hace a la idea de que hay que seguir vacunando, es imposible de decir que estamos libres de carbunclo”, sentenció.

En 1930, legisladores nacionales que aprobaron la ley 3959 de Policía Sanitaria ya consideraron al carbunclo una enfermedad transmisible del animal al hombre. En 1961, la provincia de Buenos Aires sancionó la ley 6703, declarando obligatoria su vacunación. Sin embargo, sólo el 30 por ciento de los bovinos argentinos está vacunado contra el Carbunclo Bacteridiano.

 

 

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