RELATOS DESDE EL ENCIERRO 

Alfredo “el gitano”

 

Por Matías Verna  (*)

 “Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente”

(Fragmento del poema “Donde habite el olvido” de Luis Cernuda)

Robo de autos y estafas reiteradas. Algo así decía la causa que condenó al gitano Alfredo a un par de años de cárcel.

Llegó al pabellón de población general con pertenencias valiosas, es decir, unas zapatillas nuevas, dos jeans, un televisor, cigarrillos Marlboro en cajita, café en saquitos y todos los dientes de oro.

Al poco tiempo vivía en otro pabellón con un par de alpargatas y una dentadura postiza de un pariente lejano que le facilitaron los familiares como para salir del paso.

Cuando Alfredo se reía le tambaleaba toda la boca. “Total ya me voy, encargado”, decía.

Trabajó poco porque no le gustaba mucho. Pero lo poco que hizo fue destapar cloacas de los pabellones, limpiar oficinas de jefes, acomodar bancos y sillas después de misa y pelar papas en depósito.

Los fines de semana, recibía mercadería en la visita y por los barrotes nos pasaba pollo al horno y lechón adobado super picante que bajábamos con una Coca de dos litros y cuarto y pan casi duro mientras Alfredo observaba nuestras muecas y los cachetes rojos por tanto condimento insoportable. Una especie de venganza o broma gastronómica de mal gusto o buen gusto, porque estaba riquísimo, que todos los fines de semana repetíamos para pasar el hambre durante las 24 x 48.

De vacaciones en la playa, en el tercer piso de un shopping, en un local de venta de ropa de segunda, de tercera o de cuarta, miraba precios e indumentarias cercanas a la original. Atendiendo el puesto, el gitano Alfredo esperaba clientes con un mate en la mano, un jeans Motor Oil, una camisa escocesa, mocasines y los dientes de oro nuevamente.

Me reconoció pero no supo recordar si fui guardia o compañero de celda. Nos saludamos y me fui de la mano con mis hijas.

Cerca del descenso de la escalera mecánica, giré para mirarlo y el tomando el mate me miraba a mi. Ya bajando la escalera observo que deja el mate y en voz alta sin gritar concluye “picantito los lechones”.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría y se encuentra trabajando en la publicación de su séptimo libro titulado “Crudo”, el cual será editado en el mes de abril. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

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