FINAL DEL TORNEO CLAUSURA DE PRIMERA DIVISIÓN

Alumni – Piazza: puro futuro 

Es atinado afirmar que cada uno preponderó en un tiempo. Cuando lo hizo el albinegro, su superioridad fue el punto futbolístico más alto del partido. En el complemento, con el industrial timoneando el juego, el empate se cristalizó. Nada está dicho aún. El próximo domingo, habrá vuelta olímpica en el Félix Piazza.

NICOLÁS MURCIA

Con el partido consumado, el 1 a 1 hace más a la satisfacción de Piazza que a la de Alumni. Eso parece. No se percibía el mejor de los ánimos en el vestuario local luego del pitazo de cierre, mientras que el plantel visitante se fue cantando en el mismo colectivo que, unas tres horas antes, lo había depositado en el Emilio S. Puente, que ayer estuvo casi repleto por unas 2000 personas. Este ánimo dispar dice, algo, sobre cómo cayó el empate en uno y en otro luego de un partido en el que el local fue el mejor de los dos.

Si para presentar la crónica de esta primera final tomáramos la figura de un drone como el instrumento de observación, podríamos decir que desde la máxima altura vemos que se repartieron el cotejo en un tiempo para cada uno; seguimos bajando y contemplamos que en el primer tiempo, Alumni gobernó con mucha suficiencia y marcando una buena diferencia futbolística ante un magro rival, y que en el segundo, la expulsión de Guevara fue la señal definitiva de que se podía debilitar, dominar y amenazar a un oponente que ya no tenía las cosas tan claras. Y si descendemos más todavía, comprobamos que la gran figura del partido fue Hernán Barbieri, que cuando Alumni preponderó, presentó un relieve futbolístico que no tuvo el villero cuando le tocó copar el centro del ring, en el complemento, que el Piazza más agresivo y meritorio surgió cuando la cebra quedó con diez. Pero en definitiva, pasó lo que pasó y tenemos que al Félix Piazza llegarán los finalistas empatados en 1.

El albinegro no tardó prácticamente nada en irse contra Barbieri, que prematuramente notaba que sus defensores no podían alejarse demasiados metros de su arco. Hegemonizaba el control de la pelota, mucho tiempo en mitad rival, y comenzaba a jugarla bien y sin distracciones sobres los costados, buscando provecho a las espaldas de Borda y Giménez. Mientras, Peralta se multiplicaba en señas e indicaciones alocadas, pues su equipo no reaccionaba con propuesta; quedaba largísimo, le sobraban espacios por doquier, no resguardaba la pelota y pasaba mucho tiempo corriendo desde atrás. Su cesaba en el asedio.

Aún no se disputaban 25’ y Barbieri ya era la figura del partido con al menos cuatro intervenciones (la primera, a los 4’ ante Parodi, fue una estupenda atajada en mano a mano) de fuste.

NACHO CORREA

La recuperación de la tenencia por parte del local se producía con una recurrencia tal que a Piazza le costaba horrores cruzar el círculo si no lo hacía con pelotazos aliviadores. Flores, de notorio partido, era el punto ulterior, de momentos instalado en mitad piazzista, que marcaba la referencia del retroceso máximo de un equipo que proponía mucho frenesí en la gestación e imperfecciones en los metros finales para cerrar las jugadas. El industrial, al no tener apoyatura en Bedoya (recién se afianzaría en el ST), con sus dos laderos más cercanos (Pouyannes y Sánchez) debiendo retrasarse, con Valdez perfectamente neutralizado por Pomphile  y una defensa que no podía alejarse de su área, parecía sostener una única aspiración: que no le metan goles.

La falta de una mayor lucidez ofensiva (no tanto en la gestación, sino más bien en los desbordes sobre el arco o en los remates frontales) de los atacantes alumnistas mantenía un empate cada vez más injusto. Alumni fue dando forma a un sendero por donde lastimar, delineado a lo largo del sector derecho de la defensa villera: Giménez se sostenía firme, pero tanto Pouyannes como Hugo Iztueta languidecían al momento de prestar servicios de apoyo al lateral; Rodríguez y Guevara fundamentalmente usufructuaban esa fragilidad. A veces la facilidad era tal que los “vicios” individuales marchitaban las ocasiones.

Un momento de “reposo”. Giménez intercede el pase hacia Parodi. El lateral se perderá la revancha por amarillas acumuladas.
NACHO CORREA

El inicio del segundo tiempo fue el inicio de Piazza, al menos la llegada al partido de una forma de jugar que se condice con la gran campaña a lo largo del torneo. Sucede que Alumni lo golpeó en un instante clave: mientras que la visita se mostraba dueño del primer pestañeo del complemento, Flores buscó la carrera de Zirilli contra el área, levemente sobre la derecha, “Yeyo” se impuso a la marca de Iztueta y soltó un balón rasante que venció el achique del arquero. Este gol venía a hacer justicia con los acontecimientos del primer tiempo y ofrecía un panorama muy placentero de cara al resto del encuentro. Y fue entonces que Guevara pensó poco en una acción sin riesgos, se ganó la segunda amarilla y se fue al vestuario.

La rotunda exclamación producida al unísono por toda la multitud industrial hizo juego inmediatamente con la percepción que tuvo el equipo dirigido por Peralta: emergía al hermoso campo de juego del estadio una nueva oportunidad de gravitar en el cotejo. Ese acto –que Piazza se debía– llegó a los 19’, cuando una mala salida desde el fondo albinegro le permitió a Mariano Borda captar la bocha, perfilarse y, como si nada, convertirse en artista: un zurdazo perfecto, desde unos 30 metros de la posición de Acosta, que quemó el aire en su viaje hacia el ángulo superior derecho del arquero, que voló sin poder hacer nada. Un espectacular tributo al histórico gol de Cárdenas al Celtic.

Zirilli ya aventajó a Iztueta en la carrera y manda el disparo rasante que le daría el triunfo parcial a Alumni.
NICOLÁS MURCIA

La nueva foto de la disputa distaba notoriamente de aquella, propia de la mitad inicial, que reflejaba la superioridad albinegra y la escasa expresión piazzista. Como total contracara del primer tiempo, Piazza pasaba a tener a su merced un partido que ahora controlaba territorialmente y en el cual podía situar el juego a conveniencia. A la fortaleza defensiva ahora le sumaba preponderancia en mitad de cancha; Bedoya reverdecía como un 5 con peso en la marca y atinado gestor de ese primer pase que identifica la impronta ofensiva. El ingreso de Castro (de nuevo en el plantel villero) le ofrecía un buen socio para el traspaso hacia el rol de ataque de un equipo que jugaba con mayor convencimiento. No llegaba a producir una productiva conexión con sus delanteros y por ello, el dominio no ofuscaba con pelos y señales a Acosta.

Una de las atajas clave de Barbieri: en el comienzo del partido, ante Parodi. El arquero fue figura de la ida de la final del Clausura.
ADRIÁN GELOSI

La roja a Valdez, también por doble amarilla (el 9 la discutió mucho y mientras hablaba con Coria, la policía ingresó, innecesariamente, a llevárselo), le dejó en claro a Piazza que hasta el reinicio de la final en la Villa Industrial, este 1 a 1 estaba muy bien. Alumni quiso dejarse llevar por el impulso de ver al oponente disminuido, pero le quedó corto el tiempo por delante.

Acosta y sus malabares para que la pelota no se escape de su control.
ADRIÁN GELOSI

LA FIGURA  

Hernán Barbieri

Tempranamente era figura del partido. Es que Barbieri produjo una serie de atajadas que le permitieron a Piazza, primero, mantenerse a tiro en la llave, y segundo, intentar la mejora grupal de su rendimiento con el cero en su arco.

 

 

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