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16-08-2019

ENFOQUE

La otra historia de Clotilde Sabattini de Barón Biza

Suele suceder con esas historias que llaman la atención por lo impresionante, lo imposible o incomprensible, cuando vemos que la locura supera la razón, la desazón a la esperanza, la rutina a la ilusión, el odio al amor… Y en todo, la realidad y las múltiples interpretaciones que la gente hace de cada hecho, de cada vida o de cada historia.


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Clotilde Sabatini con su esposo Raúl Barón Biza.

Por Lis Solé.

En General Alvear, muchos conocen la historia de Barón Biza pero quizás a medias. Raúl Barón Biza fue un hombre de una vida novelesca, casi una leyenda, un mito. Había nacido en 1899, hijo de los millonarios Wilfrid Barón y Catalina Biza. Lejos de lo que muchos puedan creer, no tenía un título nobiliario porque así era su apellido y él, con su peculiar humor negro incentivaba la confusión y se divertía cuando lo llamaban Barón mostrando hasta en eso su vida perturbada.

Barón Biza y la aviadora Myriam Stefford

La autora de esta nota agradece la cordialidad de la familia de Atilio Bajo.

Estanciero, rico y escritor, su vida transcurrió entre la realidad y el desatino escribiendo libros muy controvertidos que tienen como eje central la muerte, el derecho a matar, la pornografía y el sexo. Se casó en primeras nupcias con Myriam Stefford, una aviadora austríaca que falleció al estrellarse su avión en Córdoba y él, en su homenaje, hizo construir un panteón monumento en Alta Gracia que sorprende por su excentricidad, ribetes y detalles de locura.

Horrendo desenlace del matrimonio de Clotilde Sabattini

A los cuatro años de enviudar, Barón Biza contrae matrimonio en 1935, con la protagonista de esta historia: Clotilde Sabattini, hermosa joven de 17 años, veinte años menor que él, hija de su amigo, el prestigioso médico y político radical de Córdoba Amadeo Sabattini. Con muchos altibajos el matrimonio se sostiene mientras nacen sus tres hijos: Carlos, Jorge y Cristina.

Los sucesos violentos se repetían en la vida de Barón Biza sumiendo en la desesperación a su familia hasta que finalmente, Clotilde solicita a su marido el divorcio y para ello se reúnen en su departamento junto a sus abogados. Imprevistamente y adelante de ellos, Barón Biza tira en la cara de su esposa una copa de ácido que a pesar de los esfuerzos médicos deformó las manos, cara, brazos y pecho de Clotilde. Junto con su hijo en un viaje interminable al hospital donde su piel se caía a pedazos, Barón Biza regresa a su departamento y se suicida. Era 1964, Clotilde tenía 44 años.

Llegada de Clotilde a General Alvear 

Tratando de escapar de ese horror y conseguir la paz, Clotilde llega con sus hijos a General Alvear en 1970 y se instalan en “La Porfiada”, un campo de unas 300 hectáreas que compran cerca de la estación José María Micheo. Allí poco a poco, y entre numerosos viajes por costosos tratamientos médicos, y acompañada por la Familia alvearense de Atilio Bajo, pasa muy buenos momentos. La dura rutina cotidiana y esa soledad del campo que desespera a muchos seguramente apaciguaban su alma.

Clotilde Sabattini consiguió salir de su propio sufrimiento con tenacidad y empeño, haciendo cosas para los demás. Atilio Bajo y su familia fueron los encargados de cuidar y acompañar a la señora durante los últimos doce años de su vida en “La Porfiada”. Atilio cuenta que fueron a trabajar con la señora Clotilde en 1973 siendo esos años “los mejores de su vida” porque la familia Barón Biza realmente fue parte de su familia. Con un poquito de temor se aventuró a irse a trabajar con ella a pesar de que todos le decían que estaba algo loca y que no iba a durar trabajando con ella pero allí estuvieron hasta que falleció, 12 años después. Sus hijos eran igual que ella, muy buenos. Un lujo. Además del buen trato, podíamos tener animales propios, buen sueldo, porcentaje sobre ventas… Ella llegó ya viuda con sus hijos. Era mujer muy rica con propiedades en Córdoba. Pero viajaba constantemente al exterior para hacerse tratamientos a fin de curar y disimular las heridas y perdió casi toda su fortuna. Estaba meses internada. Tenía trasplantes por todos lados: la boca, las manos, los brazos, el pecho”.

Una “patronaza” 

Docente de vocación, durante el gobierno de Frondizi, Clotilde Sabattini fue presidente del Consejo Nacional de Educación. Olga Bajo cuenta: “La Sra. Clotilde era muy buena. Ella me llevaba con las tres nenas a Buenos Aires para ayudarme con los tratamientos médicos que necesitaban las mellizas. Recuerdo que cuando llegamos, me entregó la llave del departamento y me dijo que me sintiera como en mi casa. Y era así, el departamento de Esmeralda 1252, era mi casa. Ella me decía: Ud. prepárese el equipo de mate, llévese masitas, lo que quiera y salga. Así que yo iba con mis hijas a la Plaza San Martín que estaba a dos cuadras y las nenas jugaban. Era pleno centro y en ese momento no se molestaba a nadie. Ella tenía unas galerías en la calle Santa Fé y Corrientes y el Sr. Peirano era el encargado. Un día dijo: -Hoy el auto de Peirano está a su disposición para que la lleve junto con las nenas a pasear por Buenos Aires. Así ellas conocieron la cancha de Boca, la cancha de River, el zoológico, el aeródromo, los parques… Una vez me dijo: -Dios me dará vida para cuando las melli cumplan los Quince Años; la Fiesta será en “La Porfiada” y habrá una persona atendiendo en la tranquera para que no pase cualquiera. Así era ella de buena con nosotros”.

Los esposos Bajo relatan con entusiasmo su vida en La Porfiada, bajo la mirada atenta de unas de las mellizas, Claudia, que corrobora todo lo que sus padres relatan: “Tenemos unos recuerdos hermosos de Clotilde. De ella y de sus hijos, no importa lo que la gente diga. Todos eran muy buenos. No eran patrones, eran compañeros, de la familia. Ella cumplía años el 25 de octubre, así que todos los años venía y lo festejaba con nosotros y después se quedaba para la yerra del 29. Estaba toda desfigurada por el ácido y tenía temor de que se burlaran de ella porque debía tomar mate con una bombilla, de costadito. Era muy agradecida de todo. Además de su cumpleaños, pasaba todas las Navidades con nosotros en el campo junto con toda su familia. Venía el hijo, la nuera, las nietas Cristina y Carolina. Era una patronaza”.

El trabajo en “La Porfiada”

Cuentan, entre sonrisas, que Clotilde era muy porfiada, por eso el campo tenía ese nombre. Atilio recuerda: “Cuando se le ponía una cosa no entraba en razones. Todos los días había que copiar en un cuaderno lo que se hacía y presentar los papeles a fin de semana o cuando ella llegara. Había que ser muy cuidadoso y detallista. Al principio, ella mandaba mucho y tuvimos varias agarradas, pero después siempre nos arreglábamos. Un día me mandó a ver el molino que estaba en el fondo del campo. Cuando volví me mandó de vuelta al mismo lugar pero para arreglar un alambre. Ésa fue mi primera agarrada. Así que le dije que me hiciera una lista y que me dejara organizarme porque así no iba a andar. -O es así o me voy, dije. Y dijo que sí y así fue. Trabajamos con ella más de doce años”.

Fueron muchos almuerzos, fiestas, aniversarios y cumpleaños que fueron compartidos con cordialidad y respeto. Olga afirma: “Sí, todo con mucho respeto. Al principio yo cocinaba en mi casita y después le alcanzaba la viandita y ella comía sola en su chalet. Yo quería invitarla pero no me animaba. Un 29, yo estaba haciendo ñoquis y la invité a comer en casa. Ella aceptó encantada y desde ese día nunca más comió sola. Siempre con nosotros. Y llevaba a las nenas a todos lados en un Renault 9 bordó que tenía”.

De a caballo por el campo 

Es difícil imaginarse a Clotilde Sabattini, hija de millonarios, con gran fortuna, Presidente del Consejo Gral.de Educación, en General Alvear… Olga Capra de Bajo recuerda: “Clotilde en el campo trabajaba a la par de mi marido: andaba a caballo, en la manga, con las vacas, sacaba cardos con el fierro, ayudaba con los chanchos, también con los corderos con las botas llenas de bosta… Ella andaba todo el tiempo. Ahora, ¡yo quisiera que vos la hubieras visto cuando estaba en Buenos Aires!. Era una reina. Se ponía una capelina negra para ir al Ministerio de Educación donde trabajaba. Muy linda, siempre con esos sombreros… Y ella se paraba delante de mí y me decía: -Y ahora Olga, ¿Qué me dice? Y las dos reíamos: era una Señora muy, muy buena y elegante”.

Un final inesperado

Clotilde era una mujer de mundo, rica y de gran educación; una mujer real y sensible. La Familia Bajo no describe a una mujer de leyenda sino a una persona cariñosa, emprendedora, porfiada sí, pero pendiente del bienestar de los demás. Con una enfermedad terminal, desfigurada para siempre a pesar de las intervenciones quirúrgicas, después de una larga lucha contra la depresión y los malos recuerdos, Clotilde Sabattini se suicidó en 1978.

Los hechos de horror y sangre tienen prensa y pasan a la historia pero como dice uno de sus hijos, Jorge Barón Biza, “quedan entre líneas los días de amor y sin historia”; esos días felices con su esposo, esos días en el campo “La Porfiada”, a caballo, con el viento que lleva los oscuros pensamientos y las tristezas hacia momentos cálidos y en paz.

Clotilde Sabattini con Marcela, Claudia y Atilio Bajo en “La Porfiada”, 1975.


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Pasó un 23 de Febrero

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