Alvear: “No pedimos sino votar libremente”

DISCURSOS HISTÓRICOS EN LA CIUDAD DE AZUL

En el segundo tramo de su discurso, dado en Azul en 1937, el ex presidente admitió que “la Ley Sáenz Peña no había despertado en el ciudadano el sentimiento de la fuerza de su voto y de su acción ciudadana” y denunció a “los fariseos de la política que quieren  cubrirse con un manto de demócratas y algunos hasta pasar por radicales”, inclusive “no tienen inconveniente en poner en sus comités los retratos de Alem e Yrigoyen”.

Alvear arriba a Tandil y da un discurso de campaña, luego de su paso por Azul, en agosto de 1937. ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN-DPTO. DOC. FOTOGRÁFICOS-INV: 83305.

Por Marcial Luna

mluna@diarioeltiempo.com.ar

 

EL DATO:

Fuentes: ediciones del diario El Ciudadano, días 14 y 16 de agosto de 1937. Fotografías del Archivo General de la Nación (AGN).

NOTA VIII

Desde la improvisada tribuna del Teatro Español de Azul, el ex presidente argentino Marcelo T. de Alvear criticó durante un discurso de campaña el funcionamiento general del gobierno nacional, el fraude electoral como mecanismo sistemático y a los que se “disfrazaban” de radicales, por conveniencia. El ferrocarril lo trajo a nuestra ciudad a Alvear la noche del domingo 15 de agosto de 1937, durante la proclamación de la fórmula que encabezó, secundado por Enrique M. Mosca, con miras a las elecciones generales del 5 de septiembre de ese año.

Una comitiva acompañó al exjefe de Estado. Entre ellos, los dirigentes Honorio Pueyrredón, Juan I. Cooke (padre del futuro dirigente peronista), Alejandro Leloir y Ricardo Balbín.

En su acusación al bloque cívico-militar que gobernó en el período luego denominado “Década Infame”, el líder radical se preguntó: “¿Cómo pretenden nuestros gobernantes robar elecciones, falsificar votos, adulterar urnas, perseguir votantes, violentar voluntades, y que al día siguiente pueda decir: aquí no ha pasado nada?”.

Se apuntó en el anterior artículo de esta serie: el contenido del discurso de Alvear, así como su publicación en la prensa, demuestra que la libertad de expresión no fue totalmente mutilada a pesar de las acciones del fascismo vernáculo en ese sentido. Aunque, claro está, la maquinaria fraudulenta no se detuvo tampoco en aquella elección de septiembre de 1937 y, gracias a ella llegó al Ejecutivo Nacional Roberto Ortiz, candidato por la Concordancia quien, en este tramo del discurso de Alvear, es mencionado directamente.

La pieza oratoria que se recupera es la que a continuación se transcribe.

En defensa de las instituciones   

[Para la primera parte del extenso discurso de Alvear en Azul, ver edición de El Tiempo, 9 diciembre 2018]. “Por eso la situación es grave y es grave no porque podamos perder una presidencia; no. Lo es porque esos procedimientos indefinidamente empleados y constantemente aplicados, traerán como consecuencia, una de dos: o una rebeldía del pueblo argentino que ha de querer reconquistar sus derechos como lo ha hecho en otras épocas de su vida, o una cosa peor todavía: que el pueblo argentino pierda la fe en el comicio, pierda la fe en el voto y se convierta en un manso rebaño, que no será sino un tropel humano sin creencias ni ideales ni convicciones.

“Eso es lo que el Partido Radical está tratando de evitar y por eso que hoy día la acción que está desarrollando ha desbordado los límites propios del partido. La acción que está desarrollando en pro de la defensa de las instituciones y de la democracia no es tampoco propia del partido. Todos los argentinos que piensan con inquietud en el futuro de la patria están unidos a nosotros. Todos tienen la misma dignidad ciudadana y nos acompañan con su acción y con su vida.

“Os dije hace dos años: cualquiera cosa que hagan, obtendremos un gran triunfo moral; y ese triunfo lo obtuvimos. Y fue tan grande que los gobernantes de este gran estado argentino fueron al gobierno, sí, pero subieron manchados, debilitados y desorientados. El Partido Radical de la Provincia de Buenos Aires, a pesar de haber sido vencido, tuvo el aplauso unánime de la República entera como el único salvador de las instituciones, de la probidad y de las libertades públicas.

“Ya veis todo lo que significa esta lucha. Yo creo y tengo fe en mi pueblo. Si así no fuera, no hubiera estado luchando en épocas lejanas en que el panorama de la República era tan oscuro o más que hoy. No había una conciencia cívica formada. La Ley Sáenz Peña no había despertado en el ciudadano el sentimiento de la fuerza de su voto y de su acción ciudadana. Y, sin embargo, luchando fui al lado de los grandes hombres del partido que iban sembrando a manos llenas en surcos profundos, los ideales democráticos, principios de moral política, moral administrativa, de reivindicaciones ciudadanas y hoy estamos recogiendo la cosecha enorme de aquellos sembradores de otra época, que a puro ideal, sin ninguna probabilidad inmediata de obtener un gran resultado positivo, se entregaron en cuerpo y alma al servicio de una gran causa.

“Por eso esas figuras deben estar permanentemente en nuestra mente y no puede haber una asamblea radical digna de tal nombre que no empiece por rendir un homenaje a la memoria augusta de aquel soñador romántico que fue Leandro Alem y al otro virtuoso ciudadano que fue Hipólito Yrigoyen.

“Y es tan grande el prestigio de esas figuras, que los fariseos de la política que quieren cubrirse con un manto de demócratas y algunos hasta pasar por radicales, no tienen inconveniente en poner en sus comités los retratos de Alem e Yrigoyen. Sin perjuicio de decir por ahí después, que hay que evitar por todos los medios que vuelvan los hombres que derrocó la revolución del 6 de septiembre [de 1930].

“El candidato a Presidente de la Concordancia ha hablado con frecuencia de la Revolución del 6 de septiembre y a veces parece que quisiera preguntar qué hice yo ese día. Ya he dicho en una oportunidad en Santa Fe por qué no le contestaba: porque no le daba personería para interrogarme. Pero esta noche, quizá a causa del ambiente cálido de esta asamblea, se me ocurre contestarle.

“El 6 de septiembre yo estaba en Europa. Estaba alejado de la política argentina y si me hubiera encontrado en la Argentina, seguramente, indudablemente, dado los antecedentes de mi vida política, en la que siempre me he jugado decididamente en un sentido u otro, o hubiera estado en la Casa de Gobierno defendiendo a Yrigoyen, o hubiera estado con Uriburu haciendo la revolución.

“Y ahora el candidato doctor Ortíz que dice que la revolución del 6 de septiembre fue una acción salvadora de la patria, yo le preguntaría, a él que cree que de esa acción dependía la felicidad de su patria, ¿dónde estaba ese día? Yo voy a decirlo: estaba en su casa esperando que aclarara.

“Porque es claro, cuando se juega en una partida todo un porvenir político, los hombres que lo cuidan mucho acaban por perderlo todo, a fuerza de cuidarlo. En el juego de la política como en todos los juegos, no se puede ganar si no se arriesga a perder, y el hombre que quiere conquistar laureles en la acción política, como el militar que quiere conquistarlos en la guerra, no puede conseguirlos sino en batallas, porque el que no se arriesga nunca acaba por ser derrotado sin haber tenido siquiera la oportunidad de luchar.

“Ahora bien: yo le pregunto al doctor Ortíz no hablando ya de esa época pasada sino del presente, ¿dónde está el doctor Ortíz hoy? Porque cuando vine de Europa, en el City Hotel traté de reunir a un grupo de prohombres radicales. El partido, después del encontrón que había recibido con la revolución del 6 de septiembre, estaba desorganizado. Traté de reunir a un grupo de hombres de buena voluntad para tratar de reorganizarlo y llevarlo adelante, entendiendo que esa gran fuerza cívica era una necesidad para la salud política de la República. En las primeras reuniones el doctor Ortíz firmó con nosotros un manifiesto, pero como la cosa no era solamente cuestión de firmas, sino que empezó a verse que nuestra actitud viril y decidida enfrente de la tiranía, iba a traer muchas consecuencias dolorosas y desgraciadas, que todos las soportamos, el doctor Ortíz renunció a tiempo para seguir en su casa.

“Nosotros en cambio, seguimos en esa acción. Sufrimos destierros, prisiones, confinamientos; todos los radicales de este pueblo lo saben. Pero nuestra actitud y nuestra altivez frente a la prepotencia de la tiranía sirvió para que el pueblo creyera en nosotros. Y cada vez que volvimos al país, encontramos al partido más fuerte, más poderoso y más unido. Y este gran Partido Radical que hoy existe en la República, con una estructura completamente democrática, no es más que el producto de aquella acción paciente y dolorosa, a la cual nos dedicamos por entero sin pensar en los resultados ventajosos o perjudiciales.

“Por eso tenemos autoridad para hablar, para hablar alto y para hablar claro. Porque nadie podrá decir que en nuestra larga vida cívica no hemos tenido la misma conducta; siempre hemos estado en la lucha, en el error o en la verdad, jugándonos por entero en cualquier actitud que tomáramos.

“Y con esa autoridad que me da mi larga vida cívica realizada, es que vengo sembrando por la República la palabra de hoy, diciendo al pueblo argentino: ciudadanos argentinos, ¡tened cuidado! Se están jugando vuestros destinos, se está jugando vuestra tranquilidad, la soberanía popular; se está jugando, en una palabra, la libertad. Y el día que la perdáis por no haber sabido defenderla, pasarán varias generaciones tal vez y costará muchos sacrificios conquistarla de nuevo. Pero el baldón que significará su pérdida no lo lavaremos más y los que tengan que reconquistarla nos harán cargo a nosotros, porque será mucho mayor su sacrificio que el que nosotros tendremos que realizar en esta hora para salvar la libertad.

“Queremos paz en la familia argentina. Hay que repetirlo constantemente. Queremos ir pacientemente al comicio. Y hay que repetirlo más aún en este momento, porque dentro de la política de confusionismo dirigido por el general Justo, me llegan noticias –que me apresuro a comunicar desde esta tribuna, porque hoy estoy en estado de confidencia– que se está preparando en la Capital Federal una simulada conspiración o movimiento subversivo comunista en concomitancia con radicales, al solo efecto de imponer un estado de sitio para que las elecciones del 5 de septiembre [de 1937] se realicen bajo su imperio; es decir, para que el Presidente tenga las manos libres para hacer con el pueblo argentino lo que le dé la gana. Pero yo no denuncio desde acá: eso que se está tramando es una superchería y una falsedad. No sé lo que hacen los comunistas; no me interesa porque no tengo con ellos ninguna concomitancia, pero lo que sí sé es lo que hacemos los radicales; lo que sé es que queremos votar; no pedimos sino votar, votar libremente, votar y ejercer nuestro derecho, exigiendo el respecto que le debe a cada ciudadano en la urna”, concluyó el ex presidente Alvear.

Último día de permanencia del ex presidente Alvear en la Isla Martín García durante su exilio (enero de 1933). ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN-DPTO. DOC. FOTOGRÁFICOS-INV: 37663.

 

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