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07-05-2019

ENFOQUE

Volar con alas prestadas.

General Alvear también tuvo de esos “locos del aire” materializados en el “Aeroclub Fortín Esperanza” fundado el 19 de mayo de 1956. Sus primeros pilotos recibidos fueron Ferrari, Raúl Sivero y Alberto Solé, aviadores que hicieron el Curso en el Aeroclub de Saladillo en el año 1954.


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José Antomarioni recibiendo su brevet (título o diploma) de piloto de manos del instructor Billinger en el año 1958.

Por Lis Sole

Un aeroclub no es la idea de unos pocos locos en el aire. Es la idea de muchos que a través de ellos sienten la sensación de que se puede volar como los pájaros, cruzar distancias, mirar desde lo alto, ver tierra desde arriba como si fuera un dibujo de chicos. Sensación indescriptible de unos pocos, seguro, pero de unos pocos admirados por todos.

El primer avión que tuvo Alvear fue una Aercoupé 

El agradecimiento a “Macha” Machiarolli, piloto e instructor del Aeroclub de Saladillo, Raquel Ezeiza de Antomarioni y Oscar Solé, por su valioso aporte para redactar esta historia.

General Alvear también tuvo de esos “locos del aire” materializados en el “Aeroclub Fortín Esperanza” fundado el 19 de mayo de 1956 y sus primeros pilotos recibidos fueron Ferrari, Raúl Sivero y Alberto Solé, aviadores que hicieron el Curso en el Aeroclub de Saladillo en el año 1954. El “Macha” Machiarolli, piloto e instructor de Saladillo, recuerda que cuando él tenía 15 años en 1956, venía con el instructor Billinger a Alvear y como no podía volar con tan poca edad ni ingresar hasta que no tuviera 17 años, acompañaba a Billinger a todos los pueblos. El vuelo a Alvear era en un avión Piper PA 11 que todavía está en el Aeroclub de Saladillo, vuelo de unos 25 minutos con la navegación del instructor y el entusiasmo de Machiarolli que “le volaba arriba y a la vuelta mientras el piloto descansaba”.

El primer avión que tuvo Alvear fue una Aercoupé comprado en sociedad entre Raúl Sivero y "el Petiso" Alberto Solé. Al principio también estaba Ferrari, un hombre conocido como “El Capitán”, apodo originado porque tenía unos bigotes muy grandes como los del Capitán Garfio de Peter Pan. En el año 56 o 57 fallece Ferrari, -un “hombre muy aeronáutico” que tenía un campo hacia donde iba en el avión conducido por Machiarolli-, pero siguen en el aire Raúl Sivero y Alberto Solé quienes transmiten su entusiasmo por volar a otros cuantos, fundándose así el Aeroclub de Alvear en 1956.

La Comisión estaba integrada por Norberto Migliori como presidente; Dionisio Lafuente vicepresidente; Armando Sivero y Benigno Martínez como secretarios junto a los vocales Alberto Solé, Santiago Edgell, Raúl Sivero, Pedro Nomdedeu, Daniel Lafuente, Felipe Carlomagno y los revisores de cuentas Raúl Cúcaro, Miguel Ángel Escande y Horacio Canessa.

Con cariño y respeto, un montón de locos en el cielo de General Alvear

Con aeroclub formado, vuelve el alemán Billinger como instructor: petiso y de hablar atravesado como buen alemán de Hamburgo, era calentón pero también muy divertido. Cuando llegaba a Alvear, sobrevolaba el pueblo llamando a los gritos a “los estudiantes” en vuelo rasante por encima de las casas y en un mal castellano pronunciando los apellidos Antomarioni, Solé y demás amigos.

En el año 1958, se hace una fiesta en el Aeroclub de Saladillo con los egresados de ese año: Tortorici, Mario Simonetti, Héctor Solé y José Antomarioni son los recién recibidos pilotos alvearenses.

El 10 de julio de 1958, llega el Gobernador de la provincia Oscar Alende a General Alvear, en avión, y ese día se realiza una sesión especial en el Concejo Deliberante local donde la Comisión Directiva del Aeroclub solicita una chacra para construir una pista de aterrizaje, moción a la que responde el Gobernador aconsejando que se eleve al Concejo una nota para que se estudiara el lugar a expropiar llevando el petitorio al Poder Ejecutivo, el Dr. Bernardino Althabe.

Gestiones 

El 2 de septiembre de 1959, una nota proveniente del Intendente y su secretaria Isabel Llantada de Márquez, entra al Concejo solicitando al entonces presidente del Concejo Deliberante Armando Sivero, la autorización para ceder a título precario por el término de diez años, las instalaciones en desuso del Matadero Municipal para utilizarlas como hangar.

Sin fundamentos, la moción se niega solicitando la justificación que se vuelve a presentar el 11 de septiembre firmada por el presidente el Aeroclub don José Nomdedeu y secretario Raúl Sivero pidiendo que se dispusiera el instrumento legal que correspondiese para la cesión a título de precario, de las instalaciones de galpones del ex matadero pero aclaraba que “los escasos recursos con los que se desenvuelve esta sociedad dificultan la importante función a que está destinada, por lo que confiamos en vuestro amplio eco como medio conducente al logro de nuestros fines”.

La petición pasa entonces a Obras Públicas pero no llegan a ningún arreglo aunque de hecho, el ex Matadero se siguió usando como hangar, con la pista bien marcada y la manga roja y blanca gorda de vientos.

Y el Aeroclub sigue adelante. José Antomarioni en sociedad con Leguizamón, Raúl Sivero y Héctor Solé compran otro avión con el que recorren la provincia llevando gente y mercaderías. Héctor con su hermano Juan Antonio como copiloto buscan novias en otros lares, van hasta Mendoza con brújula, reglas y cartas de navegación en mano a puro coraje y juventud. Muchos clientes de Sivero y Compañía vienen a la Feria en avión así que cuando se oían llegar los aviones, Armando Sivero iba en auto a buscarlos a la pista del aeródromo para llevarlos hasta la Feria.

Tiempo de aventuras 

La audacia de Alberto Solé parecía no tener límites, tenía otro avión y con el motor a fondo subía en el cielo para bajar en un revoleo de alas y hélices, haciendo vuelos rasantes por el pueblo entre gritos y exclamaciones de asombro y temor. Antomarioni “se escapaba” sin aviso hasta la Colonia de Olaso dejando al instructor Billinger rojo de rabia. En realidad, era época de aviones y ellos recorrían las chacras y bajaban en caminos o campos, casi como si se pudiera hacer todo.

Muchos viajaron a Saladillo a hacer el Curso, o iban de acompañante hasta allá para cargar combustible porque en Alvear no había. “Cacho”Tortorici, Mario Simonetti, Martín “el Rana” Leguizamón y José Antomarioni fueron aviadores alvearenses que se juntaban con los de Saladillo: Irineo López, Juan Carlos Fernández, “Pancho” Francisco Burdieu de la estación La Barrancosa, la Sra. de Maingard, Ugartamendia, Olivier Maingard un francés que venía de Buenos Aires y que tenía una estancia en “San Pedro”; Eliseo Castilla que se recibió en Saladillo pero era de 25 de Mayo, Juan Delrieu, Juan Carlos Greco, Jorge y Pedro Greco que era el presidente del Club de Saladillo; Arturo Delrieu, hijo de Pedro y también francés y tantos otros egresados de cada año.

En el año 58, el “Macha” Machiarolli recuerda al inspector Carlos Ledimir Sticoti que tomaba los exámenes, Inspector Nacional de la Aviación Civil, actual ANAC.

Tiempo de fumigadores y desbandadas de pájaros que alzaban vuelo peligrosamente, pozos de aire detrás de los montes, neblinas y vientos amortiguados por días de cielos celestes y brillantes y a los gritos con el piloto mirando esto o aquello, descubriendo cada día el paisaje.

En 1968, el Aeroclub subsistía. Otros se habían acercado al Club: Bernardino Althabe, Horacio Gabrielloni, Norberto Leiva, Indalecio trigo, José Derqui Cullaciatti, Elías Marcos, Luis Alejandro Cellillo padre, Raúl Soria, Norberto Migliori, Santiago Edgell, los hermanos Monti y tantos otros que la memoria no recuerda pero siguen volando por los cielos con alas prestadas.

En 1969, todavía Alvear tenía su Aeroclub pero poco a poco, los vuelos cada vez fueron menos. Se acabaron “los vuelos de bautismo”, vuelos de aviones chicos donde se pueden mirar los campos de colores, los autos diminutos y las líneas de los caminos. Vuelos donde se puede jugar a ser pájaros por un rato, casi con la mente en blanco o con la adrenalina en la mano, entre el cielo y la tierra, por donde se quiera, con el estómago en la garganta y siendo, desde arriba o mirando desde abajo, un pájaro con alas prestadas.

 





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