LA SEMANA POLÍTICA

Andanzas argentinas

El gran Alberto Olmedo y su personaje en el sketch “Costa pobre”. En Argentina, por suerte, no tenemos al dictador.
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El gran Alberto Olmedo y su personaje en el sketch “Costa pobre”. En Argentina, por suerte, no tenemos al dictador.

Resulta paradójico describir a este país donde se muestran bolsos y  dólares por televisión con personajes inescrupulosos. El gobierno de Mauricio Macri se maneja como un elefante en un bazar. La nueva estrategia de comunicación del intendente Bertellys. Azul, Olmedo y el croupier.

 

Escribe: Carlos Comparato – (comparatoc@yahoo.com.ar)

Se podría elaborar un catálogo de todas las andanzas que atraviesa este país ubicado donde se termina el mundo. Las hay de alta literatura como los cruces entre la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien trató de “burra” a la diputada Margarita Stolbizer y ésta le respondió que prefería ser ese pobre animalito con mal marketing entre los sabiondos y no “chorra” en una suerte de homenaje al tango gardeliano.

Aparecen millones de dólares en paquetes termo sellados originarios de un banco yanqui, impecables, sin uso, en una caja de seguridad a nombre de Florencia Kirchner, sin ocupación conocida, pero que, en realidad, serían de su madre que, a su vez, corresponderían a un plazo fijo que había pesificado pero que ahora volvió a dolarizar por culpa de Mauricio. Es rara esta costumbre de involucrar a los hijos en sus negocios poco claros de toda esta gente. Hemos naturalizado la impudicia de tal manera que hablamos livianamente de millones de dólares y habituamos nuestra vista como si fueran chocolatines, no importa si están en manos de una familia cuyos integrantes fueron empleados públicos los últimos casi 30 años, a un tipo depositando bolsos en la madrugada en un convento que no es un convento en manos de una monja que no es monja u otros contándolos con una maquinita en una cueva financiera, fumándose un puro y brindando con whisky. Después de todo, ¿quién no tiene millones de dólares en algún rincón de su casa?

Obscenidad e impericia  

Es tanta la obscenidad y la decadencia que atravesamos, que ahora la disputa es  justificatoria para ver quién es más chorro. Si la familia Kirchner y sus satélites como Lázaro Báez o Macri y sus chanchullos con las empresas off shore de su papá Franco en Panamá o en cualquier otro paradisíaco lugar del mundo. Sería la confirmación de la regla de cómo esquilmar al Estado, sea de quienes gobiernan o de los empresarios que, seguramente, no tendrán un lugarcito en el cielo, de existir, claro.

Es todo un enorme berenjenal pues, mientras tanto, el gobierno macrista aparece con una enorme desorientación y ha demostrado impericia para enfrentar problemas como la cuestión de las tarifas de los servicios públicos. La bomba con retardo que le dejó el kirchnerismo la hizo explotar de la manera más burda. Las tarifas venían “pisadas” desde hacía años y cuando el gobierno de Cristina Kirchner intentó aumentar las de gas, por ejemplo, la justicia le puso un freno. Es una costumbre argentina salir de los procesos económicos agotados a los manotazos. Ya sucedió con la convertibilidad menemista.

Línea de flotación    

Las decisiones del gobierno de Cambiemos pegó en la línea de flotación de su sustento que es la clase media y sumergió más a los sectores sociales vulnerables pues estamos con una economía en plena recesión y con errores de cálculos sobre su proyección para este año. Llama la atención en una administración cooptada por empresarios y tecnócratas la distorsión que tiene con la realidad. No hay que simplificarlo a una reversión de la puja distributiva y que algún sector pueda verse beneficiado. Claramente, no le alcanzará si pretende sobrevivir. Ya no será el segundo semestre el mágico resurgimiento, habrá que ponerle las velas al 2017.

La estrategia bertellysta  

Las precariedades que azotan a este país abarcan los más diversos ítems y la política no es ajena. El desmadre viene de arriba hacia abajo y se nutre del peronismo y sus variantes, desorientado, un frente oficialista atado con alambre y dirigentes que se convierten en referentes casi por la necesidad de la población de aferrarse a algo.

¿Cómo se puede visualizar lo que pasa en Azul? Se están viviendo las secuelas de la fuerte decisión del intendente Hernán Bertellys de pasarse a Cambiemos. El Jefe Comunal se aleja de la discusión política y en profundizar explicaciones y se refugia en mostrar que rápidamente se empiezan a tener resultados positivos para la ciudad. Queda evidenciado en la nueva estrategia comunicacional.

Basta con repasar los partes de prensa oficiales desde el momento en que selló su acuerdo con la gobernadora María Eugenia Vidal. Todos los días hay anuncios de obras, apertura de licitaciones, visita a trabajos de distinta índole en sectores de la ciudad, acuerdo para obtener maquinaria o lo informado en la tarde de ayer relacionado con el avance de gestiones para la obra del Hospital Pintos. Son algo más de 16 millones de pesos que vendrán del Ministerio de Infraestructura provincial. Además, el comienzo de los trámites para la construcción de 250 viviendas.

“Costa pobre” 

Es evidente, que el Jefe Comunal entró en un vértigo para fortalecer su imagen de hacedor. Es su baraja frente a los severos cuestionamientos internos y externos y al desguace político que queda evidenciado con el nombramiento, ya oficial, como secretario de Hacienda y Administración del dirigente del PRO, Agustín Carus.

¿Cómo terminará todo esto? Nadie lo sabe ya que, en el caso Bertellys no hay términos medios. O se consagra como el personaje impensado de la política que rompió los moldes y los prejuicios de esta sociedad pacata o se lo lleva puesto la defección del gobierno de Cambiemos.

No se puede pedir mucho a esta Argentina del presente. Vivimos en un cambalache de personajes oscuros amontonando o contando dólares, con un gobierno que se maneja como un elefante en un bazar y una ciudad que ató su destino a una suerte de ruleta, rezando para que el croupier no haga trampa. A veces resuena aquél sketch de Alberto Olmedo “Costa pobre”, ese país bananero en manos de un ridículo dictador con traje rosa. Por suerte, en este sketch argentino no está el dictador.

 

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