TORNEO FEDERAL C 

Antes y después del minuto 34 del complemento

 

Durante los 78 minutos anteriores, en un contexto mediocre, Chacarita fue el mejor y mantuvo el partido en sintonía con su conveniencia. Ocurrida la sanción de un penal para Alumni y expulsados País y Duarte en el tricolor, además del empate llegó otra versión del local y su victoria agónica.

Alumni y Chacarita debutaron en el Torneo Federal ofreciendo un magro espectáculo que, paradójicamente, se mantuvo atractivo hasta el final. 
ADRIÁN GELOSI 
El principio de fin. Canelo anota el empate de Alumni y la suerte del partido empieza a teñirse de blanco y negro…sin rojo.
FOTOS NACHO CORREA
El desahogo de Alexis Pouyannes luego de que su remate, luego de ser “corregido” por Iztueta, se convirtiera en el gol de la victoria.
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Alumni y Chacarita debutaron en el Torneo Federal ofreciendo un magro espectáculo que, paradójicamente, se mantuvo atractivo hasta el final. ADRIÁN GELOSI

Si al cabo del cotejo Alumni hubiera terminado goleando, pongamos por caso, 10 a 1, poco y nada se hubiera modificado el sentir actual de todo Chacarita, que en realidad perdió por 2 a 1. El sentimiento de haberlo perdido todo, la dificultad quizá de hallar consuelo en algunos pocos méritos que lo mantuvieron como rector del partido, signaron los instantes inmediatos al pitazo de Gastaldi, instantes que, en algunos casos, puede que perduren hasta hoy. A propósito del árbitro, desarrolló su tarea de manera impecable en un principio, para luego perder (ya en la primera parte) casi por completo el criterio de sanción de infracciones y la utilización de las tarjetas.

Es que el sureño estaba ganando desde los 20 minutos del cotejo y era conciente –y de alguna manera administrador– de lo que acontecía. Pero el minuto 34 del complemento, la corrida de Layús y el cruce de País que le hace perder la vertical al delantero y la sanción del juez de la gran pena, son todos colores de un nuevo cuadro que pintó este debut de ambos en el Federal, un cuadro en el que Chaca vio “El Grito”, de Edvard Munch, y el albinegro contempló la extraña sonrisa de “La Gioconda”, de Da Vinci. Desde entonces, todo fue de Alumni, por carácter y fortaleza anímica, incluso la victoria.

Desde el albor asomaron señas particulares que se mantendrían durante los noventa minutos. Una de las más profundas fue la vertiginosidad ofensiva, caracterizada por pases largos (muchos tan despojados que se convertían en pelotazos aliviadores), abiertos que cuando conseguían precisión podían abrir las defensas, correr una estructura que, por ello, se tornaba vulnerable. El jugo más sabroso lo extraía Chacarita en esta dinámica, con Escribano –trazando diagonales– como intérprete fundamental, acompañado (casi siempre por la borda derecha, por García y Carrizo. Eso sí, peso en el área, ninguno poseía.

Una dudosa infracción de Mazzante ante Miglino, que buscaba su perfil derecho rumbo a Mansilla, le permitió al propio “Laucha” disponer de un tiro libre a unos tres metros del área, a la izquierda de la medialuna. El 8 mandó un tiro bajo con instrucciones de depositar el balón al palo del arquero, pero un desvío en Borda (parado a un costado de la barrera) cambió radicalmente el rumbo de la bocha, dejó sin chances al 1 y abrió el marcador.

Se presionaban bastante alto y condicionaban mutuamente la salida criteriosa, aunque ésta se viera antes condicionada por las propias estrategias para prosperar. Ya no se jugaba bien, aunque el partido mantenía la virtud de ser emotivo. Tarde pero seguro, el conjunto alumnista dispuso de ocasiones nítidas de gol, ante las cuales Diego Toledo intervino con suma solvencia y espectacularidad. Pasando la media hora y merced a situaciones que derivaron de pelotas paradas, el arquero que debutó anoche en Chacarita se lució ante Guevara primero y frente a Garay después.

Estas alteraciones no alcanzaban para esconder la escasez de sistemas de juego, la casi nula preponderancia de la estructura por sobre epopeyas individuales que germinaban a la sombra de segundas jugadas y yerros del oponente.

Una de las deudas pendientes de la mitad inicial, Alumni comenzó a saldarla no bien reiniciado el encuentro. El ímpetu, el convencimiento del equipo fueron otros, mucho más favorables ahora a la necesidad que indicaba el resultado. Todavía sin brillantez, el equipo de Mariani podía cercar a su oponente en su mitad y despojarlo mucho más segundos del manejo del esférico. De lo que el local todavía carecía era de real peligrosidad en ataque; de ahí que aunque más incómodo, el tricolor sintiese que el cotejo aún se ajustaba a su horma.

Quienes esperaban un buen espectáculo en el Emilio S. Puente, promediando el segundo tiempo todavía se mantenían ayunos de `buenas noticias` al respecto. Se hacía un uso poco comprometido de la pelota, los respectivos mediocampos intervenían mínimamente, por lo que ambas escuadras perdían la posibilidad de ser administrados por aquellos jugadores que están dispuesto para ello, por caso Palermo y Lapalma (se lo vio muy a contramano, como incómodo) en la visita y Garay y Mazzante en el albinegro.

Ya aludimos a lo trascendental del minuto 34 del complemento. Layús lanzado a la carrera (para entonces bajo la lluvia) sobre el sector derecho, País que lo intercede en el ingreso al área, desde el suelo, el delantero que cae y Gastaldi que sanciona el penal una vez que el asistente Juárez enfiló hacia la línea de meta. Penal para Alumni, segunda amarilla para País y roja directa para Duarte por protestar. Cuando Nicolás Canelo venció a Toledo, Chacarita se hallaba frente a una ecuación negativa que pareció caer del cielo (o del error del árbitro). De contemplar (con celo pero sin penurias) el naufragio futbolístico de su rival, el tri pasaba ahora a sumergirse él en aguas pesadas y de mal augurio.

La tónica general de la mitad complementaria no se trocó demasiado, aunque era evidente que era Alumni el que sentía que el triunfo ahora se asomaba en su horizonte, en parte, por un fuerte factor anímico. Y así terminó precipitándose todo en la noche tormentosa del domingo: una pelota cayó al punto penal del funebrero, un cabezazo hacia la derecha y la habilitación justa para Alexis Pouyannes, que cruzó un derechazo que, previo a establecer la ventaja definitiva, golpeó en Iztueta.

Un atónito Chacarita atestiguaba una felicidad total de Alumni, impensada 15 minutos antes por los propios argumentos del cotejo. Tan incrédulo el sureño que cuando Lapalma, en el último suspiro del encuentro, estuvo a dos centímetros de empatar (en un tiro libre que mandó cruzado desde la puerta del área, sector derecho), se lamentó más por inercia que por estupor. Ya había llovido, mucho, sobre mojado.

 

LA FIGURA

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Emiliano Mazzante

Los argumentos de esta opinión hay que rastrearlos en el primer tiempo, cuando –sin cohesión colectiva que sostenga el juego de Alumni– Mazzante se mostraba atrevido, punzante, inconformista. El “Paisa” se hizo cargo de lo que el equipo no aportaba y pese a tentarse con el arrebato individual, abrió senderos ofensivos muy importantes.

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