Aramburu: “La honda crisis argentina viene de muy lejos y se agudiza peligrosamente”

Llegó en 1963 a Azul como líder del partido UDELPA y ratificó su antiperonismo. Siete años después sería secuestrado y ejecutado por un grupo comando de la organización guerrillera Montoneros. Al momento de su paso por nuestra ciudad, apuntó los cañones a la política económica del novel gobierno de Illia. Se recupera en este artículo la pieza oratoria completa.

Aramburu, acompañado por el azuleño Castellár, camina por la Plaza San Martín de nuestra ciudad. HEMEROTECA JUAN MIGUEL OYHANARTE DE AZUL

Por Marcial Lunamluna@diarioeltiempo.com.ar

EL DATO:

-Fuentes utilizadas en este artículo: El Tiempo, ediciones de los días 26 junio y 16 diciembre 1963 [Originales en Hemeroteca Oyhanarte de Azul].

-Anteriores artículos: único discurso de Eva Perón en Azul (ver edición 13.5.2018); discurso de Perón en Congreso Agrario de Azul, 1950 (ver edición 20.5.2018); primer discurso del ex presidente Alvear en Azul, 1935 (ver edición 27.6.2018); discurso de Vandor en Azul, 1965 (ed. 15.7.2018).

NOTA IV:

El general Pedro Eugenio Aramburu, en tanto encabezó un acto de su organización política UDELPA, afirmó en Azul que los mecanismos de intervención estatal en la economía son el “mejor caldo de cultivo para el discrecionalismo de los funcionarios y la corrupción administrativa”. Observó, además, que existía una “contradicción en la conducción de la política económica” del gobierno del presidente Arturo Umberto Illia: “Mientras de declaman propósitos de promocionar la economía, se adoptan medidas que la frenan y que conducirán inexorablemente [al] acentuamiento de la crisis y de la pobreza nacional”.

Aramburu llegó a Azul el sábado 14 de diciembre de 1963. Encabezó un acto de UDELPA (Unión del Pueblo Argentino), del que participaron autoridades del partido y legisladores. El encuentro, almuerzo incluido, se realizó al mediodía en el establecimiento rural “El Cañadón”, propiedad de Miguel Alfredo Castellár. En las elecciones de octubre de ese año, el referente aramburista azuleño había resultado electo diputado nacional.

La crónica periodística apunta, además, que el almuerzo campero reunió a doscientos cincuenta comensales. Y agrega: “Aunque se esperaban más. Pero, el mal estado de los caminos rurales, les impidió la llegada.”

Partidarios     

Aramburu participó del golpe de Estado contra el gobierno de Juan Domingo Perón en 1955 y ejerció de facto la presidencia de la Nación entre noviembre de 1955 y mayo de 1958. En su mandato acontecieron hechos como los fusilamientos en la localidad de José León Suárez en 1956, el crimen de Marcos Satanowsky en 1957, el aumento de la deuda externa, la incorporación de Argentina al Club de París y al Fondo Monetario Internacional, creado entonces en el marco de las primeras medidas en el campo económico de la Guerra Fría.

Luego de la experiencia frondizista, en 1962 Aramburu creó su propio partido con miras a las presidenciales del año siguiente. No resultó curioso por entonces que uno de los eslóganes de la campaña del partido aramburista fuera “Vote UDELPA y no vuelve” (en referencia al expresidente Perón, por entonces exiliado en España). De ese modo se ratificó la posición antiperonista de Aramburu y sus seguidores.

La experiencia partidaria de los sesenta para Aramburu no tardó en desaparecer. El general fue noticia nuevamente en 1970, cuando una organización guerrillera identificada con el peronismo hizo su aparición en la escena nacional, secuestrándolo y ejecutándolo en la localidad de Timote, provincia de Buenos Aires.

En efecto, la organización Montoneros difundió un comunicado en el que anunció: “En el día de la fecha, domingo 31 de mayo de 1970, la conducción de nuestra organización, constituida en Tribunal Revolucionario, luego de interrogar detenidamente a Pedro Eugenio Aramburu resuelve […] Condenar a Pedro Eugenio Aramburu a ser pasado por las armas en lugar y fecha a determinar.”

El cuerpo del general apareció poco después y recibió sepultura. Montoneros realizó el secuestro y ejecución de Aramburu acusándolo fundamentalmente en tres cuestiones: su protagonismo en el golpe de Estado de 1955, los fusilamientos de José León Suárez de 1956 y la desaparición del cadáver de Eva Perón.

En El Tiempo     

“Yo en el año ’55 intervine en una revolución para restaurar las instituciones democráticas”. La afirmación la realizó el propio Aramburu en Azul, en una anterior visita a la referida en el discurso objeto de este artículo.

El militar había llegado en junio de ese mismo 1963 a Azul, en una rápida recorrida por ciudades del interior del país. En esa oportunidad visitó El Tiempo y fue reporteado por el periodista Juan Miguel Oyhanarte (ver edición del 26 de junio de ese año).

Aramburu sostuvo que “en los últimos años las disputas sociales se han concentrado alrededor de la repartición de una torta pequeña e insuficiente. Debemos comenzar por agrandar la torta para que las porciones sean mayores”.

Otro párrafo que incorporó a su crónica Oyhanarte fue el siguiente: “Yo no prometo milagros –aseguró Aramburu–. Sólo los falsos profetas pueden hacerlo sin escrúpulos, para engañar y defraudar después. Prometo orden y seguridad. Prometo honestidad en el gobierno. Prometo paz social. Prometo apelar a la cooperación de los mejores hombres disponibles en nuestro país, cualquiera sea su figuración política, siempre que militen en la democracia, para hacer con ellos todos los esfuerzos posibles a fin de lograr los objetivos expuestos.”

“Se ha perdido un tiempo precioso”  

El discurso completo del general Pedro Eugenio Aramburu en Azul, centrado fundamentalmente en cuestiones de política económica en el contexto de 1963 y  pronunciado durante el almuerzo en la estancia “El Cañadón” el día 14 de diciembre de ese año, es el que se transcribe a continuación:

“Han pasado dos meses desde la instalación del gobierno en el poder y seguimos en la incertidumbre, porque las autoridades no han expuesto todavía cuáles son las líneas básicas de su política económica, financiera y social.

Reclamar esta definición no es exceso de impaciencia, si se considera que la honda crisis argentina viene de muy lejos y se agudiza peligrosamente hasta el límite de las tensiones sociales.

Al parecer, el gobierno está decidido a impulsar la recuperación económica mediante la expansión monetaria, adoptando a la vez controles y mecanismos de intervención estatal, que han probado en la práctica ser el mejor caldo de cultivo para el  discrecionalismo de los funcionarios y la corrupción administrativa.

Comprendemos que el gobierno está hondamente preocupado por el alza del costo de la vida, y que puedan existir en el proceso de producción y de comercialización subas indebidas de los precios. Pero creemos que estos problemas no se solucionarán con medidas coercitivas, ni fijando precios máximos, sino mediante la anulación de las causas que gravitan sobre tal estado de cosas y que tienen su origen, en gran medida, en el empleo de métodos anticuados de distribución y comercialización, como también en la excesiva intermediación y en el desorden económico y financiero del sector público de la economía.

Los numerosos ejemplos del pasado demuestran en forma irrefutable que estas costosas improvisaciones recaen finalmente en los sectores de menores ingresos, que ven aumentar sus penurias económicas y su pobreza, en un inexplicable contraste con la riqueza potencial de un país extraordinariamente dotado.

Por otra parte, sigue sin entenderse, al parecer, que si es muy importante frenar las demasías en materia de precios, la solución real sólo provendrá de la reactivación económica, aumentando los ingresos de la población y asegurando trabajo al contingente de desocupados de la actualidad, porque sin ingresos no es posible comprar caro ni barato.

Se promete el crecimiento económico y al propio tiempo se adoptan medidas como la limitación de la exportación de carne, que desalienta a los productores del campo y frena las inversiones en el agro, fuente insustituible de las divisas necesarias para la expansión del aparato productivo y creación de nuevas fuentes de trabajo.

Para el país es vital el aumento de las exportaciones y ello requiere una política comercial firme y decidida, cuya fijación es uno de los factores más significativos para el desenvolvimiento económico. Para ello se requiere el conocimiento de las tendencias mundiales de la oferta y la demanda, para descubrir cuáles son los productos dinámicos con tendencia a la demanda creciente.

Precisamente uno de esos productos es la carne, cuya demanda se acrecentará, especialmente en el Mercado Común Europeo, por el aumento del ingreso ‘per cápita’, unido al crecimiento de la población.

Ello aconseja que se tome en este rubro, una política nacional, mediante medidas impositivas y crediticias de estímulo a la producción, para asegurar el consumo interno y fuertes saldos exportables para no perder mercados que nos interesan y conquistar otros.

El país realizó un importante reequipamiento industrial, pero no es posible afirmar que ya no es necesario importar más bienes de capital y cerrar las importaciones, como lo ha hecho el gobierno, imposibilitando así el completamiento de la modernización del aparato productor, y su necesaria e imprescindible expansión. Por otra parte, si fuese real que el país ya no necesita más bienes de capital, la medida prohibiendo su importación carece de sentido práctico, pues la demanda estaría comprimida por sí sola.

La anulación de las medidas de promoción industrial para el desarrollo de la siderurgia, la petroquímica y la celulosa, como de las zonas rezagadas del país, desalienta la inversión de capitales y frena una de las medidas más decisivas para elevar el nivel de vida de la población.

Es en toda forma evidente que el país no ha alcanzado satisfactorios niveles de producción en aceros, ni en celulosa, ni en la petroquímica, como tampoco se puede afirmar que el sur patagónico y el noroeste del país no necesitan ya de medidas promocionales.

Resulta así sorprendente e inusitado el decreto que anula toda la legislación vigente en la materia, so pretexto de perfeccionamientos que pudieron lograrse sin abatir todo el régimen y sin producir la desorientación de los capitales inversionistas, y la paralización de iniciativas en marcha, de alto interés nacional.

Se confiesa la impotencia para reducir el enorme y corrosivo déficit fiscal y se requiere la convalidación del Parlamento para modificar la carta orgánica del Banco Central y abrir así los grifos de una gran inflación monetaria, que aumentará la gravedad de la crisis actual.

Estos hechos revelan una contradicción en la conducción de la política económica del gobierno, pues mientras de declaman propósitos de promocionar la economía, se adoptan medidas que la frenan y que conducirán inexorablemente a la escasez, al aumento de los precios, a la inflación y al desempleo. Esto es, al acentuamiento de la crisis y de la pobreza nacional.

El alza de los precios no se contiene precisamente obstaculizando la producción y disminuyendo la cantidad de bienes disponibles en el mercado; ni se logra la expansión económica desalentando las inversiones.

La contradicción señalada se opera inclusive en cuanto se propugna la expansión económica y el mejoramiento del nivel de vida sin querer afrontar las consecuencias lógicas de ese esfuerzo. Para evitar un desarrollo por medios inflacionarios, que a la postre resultan perjudiciales, se requiere ahorros provenientes del exterior o nacionales.

Por lo general se necesitan ambas fuentes a la vez y eficiencia en la producción para abastecer el mercado interno y lograr fuertes corrientes exportadoras.

Si un gobierno se decide por una política de nacionalización y de dirigismo estatal, y conceptúa que el capital del exterior no es conveniente para el desarrollo económico del país, debe recurrir inevitablemente al ahorro nacional para obtener los recursos financieros necesarios para la compra de bienes de capital, de materias primas y productos semielaborados que demanda la industria; como así también las coberturas presupuestarias para realizar los planes de obras públicas. Esto presupone exigir mayores sacrificios a la población, pues debe ahorrarse sobre los consumos, para obtener los recursos en moneda nacional y las divisas necesarias. Pero lo que no es admisible es que se pongan trabas al ingreso de capitales del exterior, no esté dispuesto a reemplazarlos con el ahorro, producto de un sacrificio superior exigido a la población y se suponga que se logrará el desenvolvimiento económico social que anhela el pueblo argentino.

El gobierno debe utilizar la excepcional oportunidad de presidir un proceso de reconstrucción política y lograr la real recuperación económica, aprovechando las favorables condiciones que la coyuntura internacional y las propias condiciones internas del país facilitan en gran medida. Para ello es menester la dirección enérgica y decidida, guiada por ideas claras y firmes sobre cuáles son los objetivos a alcanzar y los medios disponibles para lograrlo.

Ya se ha perdido un tiempo precioso. Urge que se exponga cuál es el programa de las autoridades. Es preciso conocerlo, para facilitar la colaboración en cuanto ella proceda, tal como lo dijimos en Córdoba y la ratificamos ahora”, concluyó argumentando Aramburu en nuestra ciudad.

Aramburu durante la entrevista con el periodista Juan Miguel  Oyhanarte, en El Tiempo. GENTILEZA FAMILIA OYHANARTE

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