LA PALABRA DE UN CIENTÍFICO 

“Argentina es como un paraíso de la educación”

Este concepto fue vertido por Alberto Lencina, doctor en Física, investigador del Conicet, docente en la Facultad de Agronomía de Azul y candidato a consejero escolar por Unidad Ciudadana. “Uno mira un poco alrededor y en otros países de América latina, en Estados Unidos, en Europa, hay que pagar -y mucho- para estudiar; acá no”, dijo en ese sentido. En dialogó con EL TIEMPO, entre otras cosas, analizó el panorama de la ciencia y la técnica en el país.

Alberto Lencina, doctor en Física, investigador del Conicet, docente en la Facultad de Agronomía de Azul y candidato a consejero escolar por Unidad Ciudadana. NACHO CORREA
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Alberto Lencina, doctor en Física, investigador del Conicet, docente en la Facultad de Agronomía de Azul y candidato a consejero escolar por Unidad Ciudadana. NACHO CORREA

 

Alberto Lencina -doctor en Física, investigador del Conicet, docente en la Facultad de Agronomía de Azul y candidato a consejero escolar por Unidad Ciudadana- dialogó con EL TIEMPO. En esa entrevista, entre otras cosas, analizó el panorama de la ciencia y la técnica en el país.

“Argentina es como un paraíso de la educación”

– Se recibió de licenciado en Física en La Plata y después hizo el Doctorado en Brasil. Tuvo la posibilidad de quedarse allí pero volvió. ¿Por qué decidió regresar al país?

– En los ’90  hubo mucha gente que se fue y no volvió porque no había condiciones. En 2006, cuando regresé al país, estaban las condiciones dadas para hacerlo. La idea siempre fue la de volver: por el país, el arraigo y para devolverle al país lo que me dio. Argentina es como un paraíso de la educación. Uno mira un poco alrededor y en otros países de América latina, en Estados Unidos, en Europa, hay que pagar -y mucho- para estudiar; acá no. Volví a estudiar a La Plata y desde que regresé -además de investigar- me dediqué a hacer comunicación de la ciencia. Investigaba y era docente en la Facultad de Ciencias Exactas.

– ¿Cuándo ingresó en el Conicet?

–  Cuando volví al país fue como becario post-doctoral y en 2009 ingresé como investigador al Conicet. Ahí empecé a ver los cambios, a tener la posibilidad de comunicar la ciencia, de generar una cultura científica, de que la gente se dé cuenta lo que uno hace y lo que podría hacer; yo digo que eso es la apropiación social del conocimiento. Lo comparo con aquel momento en que López Murphy (Ricardo) quiso recortar el presupuesto de las universidades en 2001…duró dos días, porque la gente salió a la calle a defender la educación pública. La idea de lo que veníamos haciendo -difundiendo la ciencia y la tecnología-, desde mi punto de vista, iba en esa dirección: que la gente se apropiara de todo eso.

“Se pretende instalar al científico, hacerlo conocido

– ¿Cree que la sociedad argentina ve con una mirada superior a los científicos -por ejemplo- europeos o norteamericanos por sobre la de los argentinos?

–  Es como que socialmente la imagen del científico argentino todavía no está instalada. Cuando yo estudiaba, a fines de los ’90, y decía que estudiaba Física me decían: “Ah, Educación Física”. Yo les explicaba de qué se trataba y me decían: “Ah, te tenés que ir”. El Conicet existe desde fines de los años 50; la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires también. Pero lo cierto es que esa era la época en la cual los ingenieros manejaban taxis.

Con todo esto de Tecnópolis y de los programas como la Semana de las Ciencias (acá en la Facultad de Agronomía hubo muchísimos chicos participando), entre otras cuestiones, se pretende instalar al científico, hacerlo conocido. El hecho de que exista un Ministerio de Ciencia y Tecnología, desde fines de 2007, es una señal fuerte en ese sentido.

En 2012 se presentó el plan Argentina Innovadora 2020, el programa nacional de ciencia y tecnología. Eso marcó una línea clara. Y ese plan fue consensuado.

Ese mismo año se generaron dos acuerdos entre todas las instituciones científicas del país -el Ministerio, el INTA, el INTI, la CNEA, la CONAE y demás- en el marco de los cuales todas coincidieron en que había que priorizar, enfocar, dar lugar, a que se realicen investigaciones que tuviesen un perfil social, regional, que resuelvan problemas locales. También hay que reconocer que el sistema científico estaba muy elitizado. Hacíamos papers para publicar en revistas internacionales y siguiendo agendas del exterior. Esa fue una discusión que llevó muchos años.

– ¿Hubo una decisión política para cambiar esa situación?

– Claramente. En el transcurso de esos años, en torno a 2012, estuvo esa decisión, se llegó a consensos, se comenzó a promover ese tipo de investigaciones y a resolver problemas locales.

– ¿Eso fue lo que lo trajo a esta ciudad?

– Exactamente. En La Plata trabajaba en el Centro de Investigaciones Ópticas, haciendo investigación básica. A modo de chiste, siempre digo que la investigación básica tiene que ver con esas cosas que tal vez, en algún momento, nuestros nietos van a ver si sirven para algo. Hay un rumbo, una idea, pero la aplicación está lejos de poder concretarse por cuestiones meramente tecnológicas. Por ejemplo, el Blu ray nació comercialmente en 2006, pero desde el año ’63 ya se sabía que había que ir en esa dirección. Incluso, el Blu ray nació muerto porque justo salieron las memorias flash. Y de camino, en la búsqueda del Blu ray, se encontró que se podía hacer el led blanco. Eso fue Premio Nóbel 2014 y causó una gran revolución. Esa es la investigación básica. En cambio, cuando uno trabaja en investigación aplicada  va directamente a lo concreto.

A partir de ahí llegó el planteo de venir a Azul. Con un ingeniero agrónomo de La Plata presentamos un proyecto y tuvo eco en algunos grupos.

Así fue que vine a trabajar en la parte de imágenes satelitales y  con lo que se llama radiometría campo, que es mirar el espectro de la luz que reflejan las cosas, en nuestro caso son cultivos o malezas. También estamos trabajando en un proyecto de espectroscopias láser.

“Lo que están haciendo es recortar”

– ¿Con el cambio de gobierno hubo modificaciones en lo científico y lo tecnológico?   

– Sí, totalmente. Eso tiene que ver con una visión política. A los pocos días de haber asumido el gobierno de Cambiemos, Gabriela Michetti (vicepresidenta de la Nación)  dijo que había que terminar con eso de producción y de desarrollo, que nosotros seguimos el modelo de India, que somos un país de servicios. Dicen que lo quieren orientar en una dirección más estratégica, pero en realidad lo que están haciendo es recortar.

Hay un plan nacional de ciencia y tecnología  que debería ser una política de Estado. Había un rumbo claro de aumentar el número de investigadores por la población económicamente activa, con esta visión de que estén distribuidos por todo el país resolviendo problemas locales. En ese sentido iban los ingresos, pero cuando ya estaba el orden de mérito de aquellos que iban a entrar, dijeron que iban a ingresar la mitad.

– ¿Le preocupa esa situación a futuro?

– Me preocupa mucho. Pasamos una época de oro, mejor que la de los años `60, donde estaba sucediendo lo que todos queríamos que pasara. Y ahora el que no se va es porque tiene un arraigo muy fuerte por cuestiones familiares. Los científicos argentinos pueden conseguir trabajo en cualquier país del mundo, eso quiere decir que servimos para algo.

Pero que mejor que servir acá.  Estar en un “club” de nueves países que pueden hacer satélites, no es poca cosa.

 

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