ENFOQUE

“Astrigencias” políticas

“El gradualismo que pregonamos vale para todos los campos”, afirmó Alfonso Prat Gay, ministro de Hacienda y Finanzas Públicas.
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“El gradualismo que pregonamos vale para todos los campos”, afirmó Alfonso Prat Gay, ministro de Hacienda y Finanzas Públicas.

Escribe: Ernesto Behrensen – Agencia DyN

BUENOS AIRES – “Astringir: Dicho de una sustancia: Apretar, estrechar, contraer los tejidos orgánicos. Estreñir. Sujetar, obligar, constreñir”. Esa es la definición del diccionario de la Real Academia Española sobre el término que el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso de Prat Gay, utilizó para justificar la reticencia oficial para corregir la distorsión que existe con el impuesto a las Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia.

La “bicicleta” gubernamental a la hora de actualizar los mínimos para el pago de impuestos es justificada en la necesidad de no perder recaudación y de no aumentar el déficit fiscal.

“No podemos avanzar en la línea que plantean muchos esquemas de la oposición por las astringencias que enfrentamos en materia fiscal”, dijo Prat Gay, quien abundó: “El gradualismo que pregonamos vale para todos los campos”.

La definición roza con el cinismo. El gradualismo al que hace referencia el ministro no es igual para todos los casos. El mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias no aumentó un mil por ciento. Ni siquiera un 400 como fue la intención en el caso de las tarifas de los servicios públicos, que ya es el principal problema que enfrenta la Casa Rosada. Tampoco se aplicó ese “gradualismo” a los trabajadores autónomos, los monotributistas, los impuestos como los Bienes Personales, la posibilidad de actualizar balances de empresas por inflación.

Mientras que aceptó resignar recursos en materia de retenciones al agro y a la minería en el convencimiento de que ello ayudaría a reactivar la economía, el Gobierno se empacó en materia tributaria. Ni siquiera aceptó la posibilidad de bajar los impuestos en las boletas de luz, gas y agua para morigerar el impacto del tarifazo.

Mientras tomó deuda para terminar con el conflicto con los holdouts o entregó miles de millones de pesos a los sindicatos, intentó contrapesarlo anunciando un arreglo con los jubilados y la devolución del IVA a los beneficiarios de planes sociales y jubilados. Eso sí, como en las promociones de las tarjetas de crédito, esta devolución tiene un tope: 300 pesos. En este caso tampoco vale “el gradualismo para todos los campos”. Si un beneficiario utiliza más de dos mil pesos en compras, se queda sin devolución.

Mientras confía en que la inflación baje, y el índice de julio parece ratificar ese pensamiento, la administración de Mauricio Macri pone sus esperanzas en el blanqueo y en una rápida resolución del tema tarifario.

En esta cuestión, otra vez el gobierno se perdió en un laberinto que él mismo construyó. No se sabe si lo hace por ignorancia, inexperiencia, o es todo parte de una estudiada estrategia destinada a ver hasta dónde se lo deja avanzar. El famoso “PSP”. “Por si pasa”. Muchas de las resoluciones parecen haberse tomado con esa consigna.

Esta vez, como en el caso de los castigos previstos para los periodistas en la ley de blanqueo, no pasó.

La Justicia puso un freno. Y ahora la Casa Rosada pasó de anunciar la convocatoria a una audiencia pública “informativa” (y no vinculante) -y recién a partir de allí comenzar a aplicar el tarifazo- a poner sus esperanzas en un pronto fallo de la Corte Suprema de Justicia.

Nuevo error de Juan José Aranguren. El lunes dijo que las audiencias a las que convocaría el gobierno serían “informativas”. El viernes, ratificó que las audiencias públicas (las de verdad) serán en octubre.

La astringencia, más que fiscal, es política.

Ya van más de ocho meses de gestión. Dentro de igual plazo, la Argentina estará en campaña electoral para las legislativas.

 

Tarifas: la estrategia oficial

Desde Cambiemos, en el Congreso, le reclaman a Macri una “solución política” al problema. Algunos miembros del Gabinete piensan lo mismo. El “Excel” tuvo su oportunidad. Al igual que los empresarios devenidos en funcionarios y las consultoras que arrastraron desde el sector privado al público. Ahora es tiempo de “política”.

Con las tarifas, la estrategia oficial se basó en los últimos días en mostrar una apertura que no se tuvo cuando se anunciaron las fallidas medidas.

Se mostró con ex secretarios de Energía y buscó el respaldo de los gobernadores. Aquí, recurrió a un viejo método kirchnerista de comunicación. Utilizar medios estatales para difundir opiniones acordes con la estrategia oficial. Esos mismos gobernadores evitaron emitir comunicados oficiales con sus puntos de vista respecto a las tarifas. Otros, fuera de micrófono, hablan directamente del “papelón” en el que incurrió la Casa Rosada.

El martes, Aranguren deberá ir al Congreso a dar explicaciones. No irá por iniciativa propia, sino tras una convocatoria forzada por diputados opositores. Y también por parte de aliados, como Sergio Massa.

El ex intendente endureció su postura y llegó a hablar de recurrir a “la fuerza pública” para que el ministro vaya al Congreso. Massa lee la realidad según sus aspiraciones políticas y actúa. En la Casa Rosada lo miran con recelo por sus idas y vueltas.

Todas las expectativas oficiales, sin embargo, están puestas en el fallo que la Corte Suprema emitiría el jueves.

Los errores trascienden las fronteras y son denunciados por medios internacionales. La publicación británica The Economist se hizo eco del tema y, con una caricatura del Presidente, habló de un final de “la luna de miel” y de un “torpe manejo” del gobierno en la subas en las tarifas de los servicios públicos.

En el medio, la Iglesia volvió a marcar la gravedad de la pobreza en el país.

El Observatorio Social de la UCA destacó que el aumento de 1.4 millones de pobres se debió en parte a “los costos sociales generados a partir de las medidas del ajuste implementadas estos últimos meses” y que las políticas aplicadas “no alcanzan” para paliar la situación.

Incluso el Papa Francisco, aprovechando un mensaje por la Colecta “Más por Menos”, volvió a remarcar la necesidad de ser “más sensibles ante el grito de dolor de tantas personas marginadas y descartadas”. La “sensibilidad” había sido reclamada también por el arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Mario Poli, con Macri en primera fila.

El jefe del Estado no elude en sus discursos el tema y machaca con su política para llegar a la “pobreza cero”. Pero sus políticas, en ocho meses, no ayudaron en ese sentido.

Macri tiene una alta exposición pública con discursos diarios y entrevistas a medios internacionales.

En una de ellas, la semana que pasó, el Presidente incurrió en un error innecesario que lo llevó a ser cuestionado por propios y ajenos. Dijo que no tenía “idea” si lo desaparecidos en la última dictadura fueron 30 mil y se refirió a ese trágico período de la historia argentina como una “guerra sucia”.

También se metió en la campaña electoral estadounidense y se manifestó a favor de Hillary Clinton y contra la intención de “levantar muros” de Donald Trump. Si el excéntrico magnate llega a la Casa Blanca, las relaciones con la Argentina no serían las mejores.

¿Eran necesarias esas expresiones? ¿Era oportuno abrir nuevos frentes de polémica? Un capítulo aparte merece la agresión que sufrió en Mar del Plata, cuando apedrearon su vehículo oficial.

Nada justifica esos hechos. Son vandálicos, condenables y ajenos a una Democracia. Si estuvieron fogoneados por sectores políticos o fueron espontáneos no tiene importancia. Son repudiables.

Quizás por este tipo de hechos es que los actos de Macri son rodeados por un fuerte operativo de seguridad desde hace tiempo. Como en el caso del Tedeum en la Plaza de Mayo.

EL ORIGEN DE LA CRISIS

La actual crisis tiene su origen en cuestiones económicas pero, en el fondo, su causa es política.

No alcanza con rezar para que Cristina Fernández siga apareciendo en público diciendo que la Villa 31 es el lugar más seguro de la Argentina, o que sus ex funcionarios desfilen por tribunales.

Sobre la política, entonces, es donde el “mejor equipo de los últimos 50 años” deberá trabajar si tiene reales aspiraciones de resolver los problemas y de avanzar en el calendario electoral.

 

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