Azul, aniversario y contraluces

LA SEMANA POLÍTICA

Azul cumple hoy 186 años. El coronel Pedro Burgos cumplió la orden de Juan Manuel de Rosas de instalar un fuerte en una región que sería la semilla del país que asomaría luego. RAÚL SANTIAGO GALLARDO

Un siglo más tarde y de modo estimativo se fijó el 16 de diciembre de 1832 como la fundación de esta ciudad. Un proyecto que fue fiel reflejo de las acechanzas de este país. De un presente incómodo a un futuro que interpela. Los números inadvertidos en el presupuesto municipal. Lo que aumentará la tasa urbana y los nuevos tributos.

Escribe Carlos Comparato

(comparatoc@yahoo.com.ar)

Azul celebra hoy 186 años de su fundación, fecha que, en realidad, se tomó de modo estimativo un siglo después. Tan estimativo como el nombre de su fundador ya que quien ordenó la construcción del fuerte San Serapio Mártir a la vera del arroyo Azul fue Juan Manuel de Rosas enviando para ello a un coronel de nombre Pedro Burgos. Época de conquistas de territorios, de nuevos habitantes, del perfil que esbozaba  una Nación aún desintegrada y con el trasfondo económico, claro. Los llamados “indios”, los pueblos originarios, molestaban y se hacía imperioso correr la frontera. Por algo Rosas  adoptó el reparto de tierras configurando lo que sería, a fines del siglo XIX y comienzos  del XX, la pampa húmeda como eje de un proyecto que cimentó las bases del país que asomaba.

Un reflejo de la Argentina     

Esta ciudad es un fiel reflejo de la Argentina. De lo que fue, pudo y no llegó a ser. El deslumbramiento por su rápido desarrollo, referente de la región centro de la provincia, centro administrativo y con incipientes industrias. En una suerte de forzada síntesis, se podría decir que el comienzo de la década del 70 en el siglo XX empezó a marcar su irremediable retroceso y donde se profundizaron los contraluces sociales y económicos.

Un informe que circulaba por esa época de lo que se llamaba la Subsecretaría de Planificación de la Nación, y que ya ha sido citado en esta columna, anticipaba que en un espacio geográfico tan acotado como el que ocupan los paridos de Azul, Olavarría y Tandil resultaba prácticamente imposible un desarrollo armonioso, incluido el poblacional. Alguno quedaría rezagado. El tiempo marcaría que Tandil se despegó, Olavarría le seguiría con sus particularidades (cada uno con sus nuevas problemáticas)  mientras que Azul quedó inmersa en sus  contradicciones conjugando su retroceso económico con un empleo público que, obviamente, acompañó la crisis del Estado. ¿Fracasó el mito fundacional?

Desarrollo inconcluso   

Esta ciudad se ha caracterizado más por sus individualidades y su acervo histórico pero le faltó completar un desarrollo económico sostenido luego del fallido proceso de  industrialización en los años 60. Asoma aquí la ausencia de valor agregado a la inmensa producción agrícola ganadera, con alguna excepción.

Aunque parezca un reduccionismo, hoy se sigue discutiendo el rumbo de esta comunidad tironeada entre el Festival Cervantino y el Frigorífico Azul Natural Beef, como los espectros de debates tardíos demostrando la ausencia de una síntesis que englobe el presente y el futuro. Las nuevas generaciones deberían proyectarse en decisiones cruciales pero para ello tienen que cimentar su camino y esquivar ese halo de fatalismo que tanto nos atrae.

Caemos, así, en este presente político. Azul supo tener una dirigencia con volumen  propio, y proyectada a otros estamentos. Nos podríamos remontar a las primeras décadas del siglo pasado o al inicio de la actual era democrática. La somnolencia y la crisis del sistema la fueron diluyendo poco a poco. Como sucede con la Argentina, también asistimos a una sociedad cada vez más partida, con una pobreza estructural que sonroja y una clase media en medio de la neblina.

Este país tiene sobradas muestras de sus fracasos aromatizados por su decadencia. Sin embargo, subyace un inconsciente colectivo que evitaría el tiro del final, dicho en clave tanguera, pues si hay un presente aciago también hay un futuro que interpela. Se trata de darse una nueva oportunidad.

Números que llaman la atención     

La reciente aprobación del presupuesto municipal y la ordenanza fiscal e impositiva para el 2019 dejó varias cuestiones que, o se pasaron por alto o no se interpretaron. En primer lugar, el aumento de la tasa urbana no fue del 40 por ciento, como se informó, sino del 20 más un tres como cláusula gatillo. Llama la atención que fue el propio bloque del oficialista Cambiemos quien la rebajó veinte puntos a lo que había presentado el Departamento Ejecutivo. ¿Se había acordado previamente? Cuesta imaginar que fue de sorpresa. El incremento de dicho tributo durante la gestión del intendente Hernán Bertellys, incluyendo el próximo año, supera el 400 % pero sigue siendo deficitario. Depende con quién se hable, la diferencia en menos llega a los 71 millones ya que la recaudación ronda los 99 millones y el total de gastos es de unos 170.

Sólo la empresa Malvinas cuesta 92 millones de pesos. El nivel de cobrabilidad llega al 60 %. Asoman diferentes  visiones sobre otros ítems que abarca la tasa urbana. Desde la oposición se indicó que la recaudación alcanza los 144 millones.

Nuevas tasas  

Otra cuestión es un tributo que deben pagar dos empresas de servicios públicos bajo el título de “grandes contribuyentes”. Se trata de la Cooperativa Eléctrica un 6 % y Gas Camuzzi, 1,67. Es por recolección, ocupación del espacio en la vía pública y publicidad. ¿Por qué se les comienza a cobrar? Y el interrogante que queda latente es si las empresas absorberán ese nuevo costo o lo transferirán al usuario. De hacerlo, ¿cómo figuraría en las boletas?

También sorprendió la tasa del uno por ciento a los combustibles. Varios municipios lo aplican aunque hay fallos de la justicia en contra ya que aparece aquí como una doble imposición.

Desde la oposición también se objeta el aumento de las multas que treparía al 490 %. En lo relativo a Seguridad e Higiene si no se abona o retrasa el pago anual que, por ejemplo, ascienda a los 1.200 pesos la multa es de 500 con una escala regresiva ya que,  cuanto más pequeño es el contribuyente es más alto el porcentaje.

Tasas que aumentan, otras que son nuevas, el dinero que nunca alcanza. Es la frazada corta de un Municipio que intenta sobrevivir en un contexto económico adverso y un modelo que dio muestras de su agotamiento.

 

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