LA CRISIS LABORAL EN LA CIUDAD

Azul hoy, o las plagas de Egipto

El frigorífico Meta Azul se convirtió recientemente en otro escenario de conflicto. En Cerámica San Lorenzo, los trabajadores están luchando por mantener su fuente de trabajo, ante la decisión de la empresa de prescindir de 130 de ellos. Fanazul es otra de las empresas que está transcurriendo una crisis. La Municipalidad de Azul enfrenta una difícil situación económica y financiera y también debió soportar protestas cuando el intendente Bertellys decidió la caída de 95 contratos, aunque luego volvió sobre sus pasos y ahora se revisarán esos casos.
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La Municipalidad de Azul enfrenta una difícil situación económica y financiera y también debió soportar protestas cuando el intendente Bertellys decidió la caída de 95 contratos, aunque luego volvió sobre sus pasos y ahora se revisarán esos casos.

Escribe:

Dr. Horacio Guillermo Rodríguez. Profesor adjunto de Derecho Laboral. Universidad Nacional del Centro.

Se cuenta en El Antiguo Testamento que ante la negativa del Faraón a autorizar la salida de Egipto del pueblo hebreo, cayeron sobre el imperio diez plagas siete de las cuales azolaron a toda la población pero tres de aquellas sólo al pueblo egipcio.

Pareciera que esas plagas sacuden a Azul desde hace un tiempo que, según cuál sea el observador, se puede contar o bien en decenas de años (los viejos nostalgiosos del intendente Francisco Toscano), o bien en unos años (los otros tanto pero del intendente Ruben César De Paula y sus continuadores políticos), o bien en los últimos meses (los seguidores, si es que quedan, del intendente José Inza).

Cualquiera sea la posición que se comparta, lo cierto es que se inicia en Azul el año 2016 con una acumulación de situaciones laborales que autorizan referirse a ellas como una verdadera Crisis Laboral en la ciudad tal como se lo menciona en el epígrafe de esta nota, como a una plaga aunque de tipo social.

En efecto, y aunque no todos los fenómenos responden a la mismas causas, ni todos tengan la misma entidad en términos cuantitativos, sus consecuencias particulares, sociales e institucionales como así también sus alcances materiales e inmateriales tanto en lo inmediato como en lo mediato son en verdad difíciles de prever, lo cual, por supuesto, no impide que a su vez terminen siendo necesariamente nefastas, sino trágicas.

 

Quién te ha visto y quién te ve    

Aquellos viejos nostálgicos ya mencionados, y algunos más jóvenes también, recordarán que en la década del setenta en Azul el nivel de ocupación era tan alto que empresas como Cerámica San Lorenzo que contaba entonces con más de mil operarios, recurría a la ciudad de Tapalqué para traer y llevar diariamente en colectivos contratados por la misma empresa, trabajadores que no se conseguían en Azul y que se necesitaban para operar su aparato productivo local.

En aquella época no había estadísticas que lo certificaran pero era muy probable que existiera una situación de virtual pleno empleo, con una desocupación meramente coyuntural, representada por aquellos trabajadores que se encontraban en tránsito de un trabajo a otro.

Hoy en cambio y luego de un largo camino sembrado de cierres de empresas de importantes dimensiones (a partir de Sudamtex y pasando por dos frigoríficos de liebres -La Azuleña y Rodríguez-, un frigorífico vacuno -Regional Azul, cuya instalaciones son ocupadas hoy por una comparativamente pequeña empresa familiar y con muchos problemas quizás insolubles- y dos curtiembres -Curtiduría Azul y Piazza- por no citar sino unos pocos y emblemáticos ejemplos que se amplían con cerealeras, talleres, comercios, etc.) acompañados de falta de ampliación en la ciudad de estructuras administrativas que se fueron asentando en otras localidades vecinas (vgr. Tribunales) cuando no directamente el levantamiento de alguna dependencia (vrg. Vialidad), llegamos a fines del 2015 y principios del 2016 con un verdadero terremoto laboral, con epicentros en Cerámica San Lorenzo, Molino San Martín y FANAZUL, a lo que se sumó recientemente el Frigorífico Meta Azul.

 

¿Por qué pasa lo que pasa?   

La pregunta salta a la vista: ¿todo es una continuidad respondiendo a cierta causalidad? Si es así y atento a la diversidad de actividades empresariales que se mencionarán, la respuesta afirmativa podría ser muy preocupante porque el elemento común que salta a la vista es AZUL, son los AZULEÑOS. Entonces: ¿somos nosotros la causa del fracaso, sea ella responsabilidad de todos, sea de los actores económicos, sea de los políticos, sea de quien sea pero siempre del pueblo todo o de algunos de sus integrantes? Ello explicaría por ejemplo el patético y desolado aspectos de nuestros parques industriales (y para colmo son dos en vez de uno) frente a los pujantes parques de nuestras comunidades vecinas o análogas dentro de la Provincia, sin dejar de señalar que pueden existir ejemplos de otros fracasos similares a los de Azul.

Pero podría ser más que probable que la causa de semejante impotencia en términos de crecimiento económico no sea estricta o exclusivamente “azuleña”, que equivaldría a las tres plagas estrictamente de los egipcios que menciona La Biblia (lo cual no descarta que lo local no ayude o lo haga muy poco), imponiéndose entonces preguntarse sobre la posibilidad de existencia de otras causas que aunque sea concausalmente expliquen el funesto fenómeno local, que equivaldrían a las otras siete plagas que afectaron a toda la población, incluyendo a la hebrea.

Un dato que puede no ser para nada menor, es que gran parte de la actividad productiva del distrito, tanto agropecuaria como industrial, estuvo y está vinculada al sector externo, a la exportación. Así ocurría con muchas de las empresas que cerraron, y así ocurre con las que hoy están en crisis (San Lorenzo, Molino San Martín y Fanazul) y con otras que no lo están pero que lo estuvieron (y esperemos que no lo vuelvan a estar como EFASA –único frigorífico de liebres sobreviviente quizás por su ampliación al procesamiento de gallinas-).

De ello se deriva que crisis nacionales del sector externo (generalmente producidas por políticas cambiarias de dólar subvaluado) repercutieron ineludible y negativamente en la economía de Azul, fenómeno respecto del cual el azuleño se muestra ajeno y carente de toda responsabilidad aunque como se verá, no del todo.

Por otra parte, sea porque los vaivenes económicos lo alientan o porque el empresariado (autóctono o foráneo) es naturalmente proclive a ser reticente en las inversiones productivas, volcándose mayoritariamente a las inversiones financieras o bursátiles, aquellas se han vuelto escasas y por ello resultan ser un bocado muy apetitoso pero muy disputado generándose una enorme dificultad para atrapar esas “gustosas presas”, de todo lo cual los vecinos no tienen responsabilidad aunque se debe mencionar que algunos han preferido que el pueblo no tenga un desarrollo económico importante (particularmente industrial) porque ello implicaría que necesariamente cambie su fisonomía.

Esos algunos, mas una gran cuota de desidia del resto de nosotros, generó una ausencia importante de un imprescindible activismo colectivo, público y privado, para lograr sentarse a la mesa de los agraciados con aquellas inversiones tan necesarias para lograr un buen nivel de ocupación laboral. Al respecto, la inmensa mayoría  no hizo nada, pero lo más triste es que los que estaban institucionalmente llamados a trabajar sobre el tema (ejemplo: Municipalidad y asociaciones locales varias) no hicieron nada o, en el mejor de los casos muy poco, sobre todo a juzgar por los resultados (nuevamente véanse sino los parque industriales que se mencionan más arriba).

 

Sobre llovido mojado   

Por si esto fuera poco, la situación local de hoy en día se da en un marco general de retracción en todo el país, que hace algún tiempo que no registra un  crecimiento económico importante y menos en el área industrial, lo cual ha determinado que, según algunos indicadores privados hace años que en el sector privado no se generan puestos de trabajo, panorama al que no debe escapar nuestro partido.

Y si bien el sector público ha absorbido mano de obra que no podía incorporarse al mercado laboral privado, en algunos sectores ello ha sido hasta contraproducente, porque ha disimulado el problema del empleo sin que se lo abordara de una manera más definitiva, y ha llevado a algunas arcas públicas a niveles de verdadera impotencia económica y financiera para hacer frente a las nuevas erogaciones en sueldos de empleados, muchas veces encubiertos bajo el eufemismo de “honorarios” de “contratados” (problema a abordar pero que es harina de otro costal).

Esta es la situación de nuestra Municipalidad, que con una planta de personal absurdamente ampliada a niveles insoportables desde lo económico, se ve necesitada de reducirla en personal o en salarios (hasta ahora tímidamente y con muchos problemas sindicales) a niveles compatibles con su recaudación y aún con su capacidad de endeudamiento, echando así mas fuego a la caldera de la desocupación, alimentada también y simultáneamente por la falta de crecimiento burocrático o aún su achicamiento que ya se mencionara.

 

Qué se puede hacer en lo inmediato  

Desde ya que habrá que descartar soluciones mágicas, únicas y, para encontrarlas, habrá que plantearse algunas premisas como por ejemplo:

Se debería analizar cada caso en particular porque si las hay, cada solución se corresponderá con cada problema que como se sabe, es distinto en cada empresa pública o privada,

La inviabilidad económica es un límite infranqueable que puede no estar donde uno lo piensa, pero que siempre está.

La crisis debe ser real y no generada de manera especulativa.

En la solución deben participar todos los interesados poniendo algo cada una su parte léase, resignando algo de sus intereses.

Para ello es imprescindible tener bien en claro el interés de cada parte, y defenderlo sabiendo que no puede ser el único interés totalmente satisfecho.

No perder de vista la relación costo beneficio, computando para ambos tanto los inmediatos como los mediatos, sobre todo cuando de lo público se trata, para que la urgencia (o conveniencia del momento) no se fagocite lo importante (o lo trascendente).

Cuando la situación es irreversible o las consecuencias son inevitables, mitigar los daños en todo lo posible en vez de empecinarse en retrotraer la situación cuando ello es imposible.

Pero estas premisas, ni otras que puedan plantearse, no resuelven “per se” el problema, pero el conocimiento profundo del mismo que se esbozara en los primeros párrafos, pueden ser el punto de partida, la base, el telón de fondo, el escenario donde se concretarán las acciones tendientes a dar satisfacción a los requerimientos de la hora, del ahora. La pregunta del millón: ¿Y cuáles son esas acciones que pueden llevar solución o alivio al problema de los despidos locales?

Como se lo ha dicho, no puede haber una solución general para todas las situaciones concretas y las particulares que hubiere, en primer lugar deberían partir de los actores principales de este drama es decir, de los empleadores y de los trabajadores directamente y con la intervención de sus respectivas organizaciones gremiales o inclusive empresariales.

En segundo lugar, y si no se avanzara en el terreno de la negociación directa, debería recurrirse a la intervención de los organismos competentes (Ministerios de Trabajo provincial y nacional conforme el tipo de conflicto que se previene -individual o colectivo-) y la solución que se intuya (contractual o convencional) pero a un nivel importante es decir, negociar directamente en presencia de los ministros del ramo o cuanto mucho con sus secretarios si lo primero no fuere posible. Para lograr esta categoría de intervención es fundamental la acción de las fuerzas políticas y sociales de Azul sin distinciones partidarias.

Tal actitud y tal objetivo harían que marchas como las que se llevaron a cabo cuando comenzó el conflicto en Cerámica San Lorenzo, dejen de parecerse más a una procesión que a una manifestación porque si bien se sabía por qué se marchaba, muchos no sabían a ciencia cierta a quién estaba dirigida la marcha, para qué se marchaba, con qué objetivo concreto se lo hacía.

Y la intervención de las autoridades de alto rango son imprescindibles, porque muchas veces las soluciones pasan por la toma de decisiones extralaborales como pueden ser subsidios salariales, rebajas arancelarias, estímulos de exportaciones, créditos oficiales, consideraciones fiscales, etc., etc., que no pueden ser logrados por los poderes locales pero que sí pueden serlo por los provinciales o nacionales, sobre todo cuando está en juego el prestigio personal y el lucimiento de los funcionarios políticos más encumbrados y más expuestos  la opinión pública.

 

La Municipalidad: ¿parte de la solución o parte del problema?    —-

Para lograr aquella intervención y otras, La Municipalidad se aparece como muy relevante, central, imprescindible y en este sentido, con un accionar positivo (no de mero acompañamiento a modo de pésame) se transformará indudablemente en parte de la solución pero, si a su vez y por razones principalmente económicas aviva las llamas de la desocupación (aunque sea modestamente, habida cuenta que de una planta de personal excedida  porcentajes -¿en un 20 o 30 % para ser prudentes?- intenta -y no sin enormes presiones gremiales- reducirla en quizás un 5 o un 6 %), pasa inmediatamente a formar parte de las filas del problema.

Esta situación si se quiere paradojal, que no se halla presente en los otros casos en análisis, no está sino indicando la necesidad de examinar cada supuesto particularmente y así poder afirmar que pese a ese fenómeno de ser a la vez parte de la solución y parte del problema, la Municipalidad tiene la capacidad de actuar como facilitador del problema de los demás y facilitador del problema propio por ejemplo, ayudando a llevar los temas no solucionados por las partes a las más altas esferas políticas-administrativas, a la par de hacer lo mismo con los propios.

Quizás en este tema la Municipalidad, sus empleados y la sociedad en general, deben tener en cuenta como un paradigma propio y exclusivo de la comuna local (y de cualquier otra), los conceptos del intendente Héctor José Rodríguez citados por el Dr. Eduardo Víctor Lapenta en punto a que “ … la Municipalidad no puede ser una cooperativa de trabajo en la cual todo lo que ingrese se distribuya exclusivamente entre los empleados y los funcionarios sin ningún otro margen para la realización de obras …” o la prestación de servicios esenciales para la sociedad, a lo que podría agregarse que tampoco la Municipalidad puede salir a pedir colaboración informal y muchas veces comprometedora a la comunidad como si fuera una cooperadora de una escuela o de un hospital. Su accionar debe ser para bien de los azuleños y no sólo de los empleados municipales, financiado con recursos legales y formales que garanticen el flujo de los ingresos y la independencia del Gobierno.

 

Detroit: un ejemplo no para seguir pero sí para pensarlo    

En el país y en casi todos los lugares del mundo existen y han existidos pueblos fantasmas, pueblos que nacieron al calor muchas veces de una quimera que al cumplirse les dio un crecimiento increíble y un desarrollo  enorme (como caso paradigmático se destacan muchas poblaciones mineras), pero que con el tiempo, la ventaja o la novedad que las proyectó se acabó (ejemplo: agotamiento de la veta), entrando en un fuerte proceso de declinación hasta su extinción en el caso de aquellos pueblos, o su notable achicamiento.

Pero también hubieron ciudades que no crecieron explosivamente por una particular situación o casi de casualidad, sino que lo hicieron en base a un desarrollo sostenido y sólido para después, producto de cambios económicos o tecnológicos, pésimas administraciones y falta de iniciativa renovadora de sus habitantes, decayeran hasta niveles insólitos tal el caso de Detroit, muy famosa ciudad de U. S. A. en el estado de Michigan y otrora su capital, conocida a fines del siglo XIX como la París del oeste y como la capital del mundo automotor a mediados de la primera mitad del siglo XX sin duda por la radicación de Ford, Chrysler y General Motors entre otras automotrices en esa localidad que durante la Segunda Guerra Mundial fue también conocida como el “Arsenal de la Democracia”.

Señala Wikipedia que “… Con su dependencia en la industria automotriz, el área de Detroit es más vulnerable a los ciclos económicos que la mayoría de las ciudades grandes. Un alza en la fabricación de automóviles que usan la tecnología de los robots, el trabajo barato en otras partes del mundo, y el aumento de la competencia ha conducido a una transformación de ciertos tipos de empleo en la región. En 2012 el desempleo oficial es del 18,1 % aunque las autoridades locales admiten que esa cifra está desinflada y que el índice real de paro… (“desempleo”)… alcanza el 50 %.- El 18 de Julio de 2013 Detroit se declara en bancarrota…”.

Quizás como corolario de semejante debacle, en el año 2012 Detroit fue declarada por cuarta vez consecutiva la “ciudad más peligrosos del año” y mucha veces fue llamada la “capital de los incendios de los EE.UU” por la inmensa cantidad de quemazones deliberadas, particularmente en la noche anterior a la de Halloween que ahora se la denomina como “La Noche del Diablo”.

Otro dato: su población pasó de ser de casi 2.000.000 de habitantes en 1950 a poco más de 700.000 en 2012 con una caída demográfica del 25 % en los últimos 10 años, lo cual implica la existencia de decenas de miles de edificaciones abandonadas, lotes baldíos y calles sin luz.

El caso “Detroit” no tiene que replicarse en un caso “Azul”, pero no debe perderse de vista que situaciones de pujanza de antaño, de crecimiento sostenido y genuino, de desarrollo económico, urbano, educativo o cultural, no garantizan que la bonanza perdurará para siempre y que las crisis serán ineludiblemente pasajeras. Malos vientos económicos sobre todo cuando hay mucha dependencia con alguna área de la economía como la industria automotriz en la ciudad del norte o la actividad exportadora en la nuestra, acompañadas de malas gestiones administrativas e indiferencia ciudadana, pueden llevar a las poblaciones a desastres como el ejemplificado o, peor aún aunque mucho mas lejana como probabilidad pero no de imposible concreción, pasar a la categoría de pueblo fantasma como los que se mencionaron antes.

 

Una enseñanza: la prevención    

Lo ideal como en otros ámbitos de la realidad, tal como la medicina, es la Prevención, que evite la crisis que hoy nos preocupa con sus daños personales, sociales o económicos que son su necesaria consecuencia.

Y la prevención es posible siempre y cuando las empresas (privadas o públicas) reciban de la sociedad el mandato de su evitación requiriéndosele seriedad de gestión, desarrollo, inversión, capacidad de innovación, de reconversión, de anticipación, etc., etc., preparándose en forma permanente para generar los cambios que la cambiante realidad científica, tecnológica y de mercado les reclama.

Habrá y hay empresas que se muestran a la vanguardia en estos tópicos. Pero las hay también aquellas que se quedan durmiendo en los laureles, como si decidieran ser trituradas por la “obsolescencia”, no ya matando la gallina de los huevos de oro, pero sí aprovechándose de ella hasta que el animal se seque o se muera sin prever el futuro sin él.

Para evitar eso, y lograr el cumplimiento de aquellos mandatos que deben exigirse en la gestión empresarial, son de capital importancia en primer lugar, el Empresario que debe estar preparado y decidido a cumplirlos; en segundo lugar los Trabajadores fundamentalmente a través de las organizaciones gremiales que, en vez de centrar su accionar en objetivos meramente reivindicativos (generalmente salariales, lo que no sorprende en contexto con alta inflación como el de nuestro país), dediquen parte de sus esfuerzos a vigilar el devenir de la empresa, exigiendo de su conducción la toma de medidas que alejen el riesgo de despidos masivos.

También tienen su lugar en el ámbito de la prevención, entre otras, las Entidades financieras que deberían contribuir a un fin social dirigiendo su capacidad de préstamo (con la debida participación del Banco Central), hacia aquellos emprendimientos que tiendan a generar desarrollo estable y que no impliquen destrucción de puestos de trabajo, que los habrá, pero en menor medida por la falta de asistencia financiera para ello.

Y un lugar importantísimo ocupan las autoridades, que pueden y deben dirigir sus políticas hacia el fomento de actividades creadoras de empleos estables y puestos de trabajo duraderos, mediante estímulos de todo tipo (arancelarios, fiscales, crediticios, tecnológicos, etc.). El problema de la desocupación o, lo que es lo mismo, el problema de la cada vez menor demanda de trabajo humano frente a una creciente oferta (debido en gran medida al desarrollo científico y tecnológico que hoy por hoy resulta imparable por un lado, y un crecimiento vegetativo global también imparable por el otro), constitutivo de un fenómeno que ha llegada al mundo para quedarse y en su solución, son los gobiernos de todo el mundo los que deben ponerse a la cabeza de la lucha por la solución de tal problema, para que con su guía, el conjunto de la sociedad pueda sortear el flagelo del desempleo.

Si bien el tema se muestra como de absoluta relevancia para el análisis profundo de este urticante problema, que es sin duda global, y quizás por ello, excede el objeto de esta nota y merece otra donde se lo aborde de manera más general y con la extensión que corresponde a su importancia.

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1 Comment

  1. jose

    enero 31, 2016 at 9:01 pm

    Que artículo pésimo. Largo, aburrido y con pretensiones de estar bien escrito, sin lograrlo y sobre todo sin decir nada interesante.

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