Azul Rock celebró sus 30 años  de vida

Durante los días 28, 29 y 30 de diciembre, el Azul Rock celebró su  trigésima edición con una propuesta que se desarrolló en el sector del Balneario Municipal. A lo largo de las tres jornadas, se estuvieron presentando bandas locales y de la región quienes brindaron su propuesta al público presente. Desde las páginas de Diario EL TIEMPO se brindó una breve reseña de aquel primer festival realizado en diciembre del 88` en “la Loma” del Parque Municipal y un recorrido por las bandas de “renombre nacional” que llegaron hasta Azul para ser parte de esta fiesta. También, músicos locales y personas vinculadas al evento sumaron sus opiniones en este especial aniversario.      

Durante la 30º edición de Azul Rock, se reconoció a parte los músicos y organizadores que tuvo el festival en sus tres décadas de vida. NICOLAS MURCIA


EL AZUL ROCK NO ESTUVO
Por Miguel Mugueta
(Fundador del Festival Azul Rock y guitarrista de La Patada)
Al estar escribiendo este artículo, el Azul Rock numero treinta ya quedo atrás. ¿Las “bodas de perla”? Haaa…si…”lo que pasa es que me estoy viniendo viejo”. Estaba lejos y no estuve en un lugar, que no sé si me corresponde estar. Aunque, seguramente, tampoco, creo, me entusiasmaba estar. Tal vez porque ya no hay vuelos y ginebra… tal vez porque ya el Azul Rock podría ser un espacio ganado por bandas nuevas, por pibes que se largan a mostrar sus nuevos y endemoniados acordes o proyectos para ser, al menos un intento de estrella (fugaz), que no son compatibles con el génesis de quienes organizamos allá, hace 31 años este no tan famoso “recital” de libertad y tierra ganada a un gobierno radical local de los 80’que no conocía, ni a Sui Generis, ni a Johnny Wintter. Los radicales nunca leyeron al “Expreso”  y menos a Jack Kerowak.
Cuando la Juventud Peronista organizó, un año antes, en 1987, un importante encuentro de rocck’n’roll, en la loma del parque, con Baglieto de cierre,” La Patada” de telonera, y una interesante vanguardia de músicos de toda la provincia; comenzó el principio de lo que podría haber sido hoy, el encuentro de rock o música alternativa más importante del país, y tal vez algo más allá.. En esa época, y luego de “La juventud va al parque”, como consigna de aquel  empoderamiento del arte en el maldito espacio libertario de los árboles sarmientinos; la vieja militancia del MAS, con el filósofo Héctor “Ruso” Mañandes (fundador de La Patada y de otros accidentes del arte), el hoy musicoterapista “Flecha” Roca, el “Pelado R”, Daniel “Colombia” Iarussi, Riky López, algunas almas elegantes del surrealismo catatónico del pueblo, y quien intenta suscribir este panfleto de pasión restringida, fuimos los encargados de dibujar la maldita idea de este festival con la fin de que se iría proyectando un gran concierto de perfil nacional en poco tiempo. Nunca ocurrió.
El intento de rock sureño de Crepúsculo, de la mano de Chechi Bazzano, el heavy de Chica Tranquila, el regaee de Los Purretes, el pop de La Especie, y el cierre con el desparpajo de rock de La Patada (una especie de “La Pesada de Billy Bond”…pueblerina), fuimos de la partida en aquel año radical, donde la Directora de Cultura (nunca entendí eso de que la cultura tiene una dirección), nuestra querida Kelete De Paula (¿será con “K”?), escuchaba atentamente eso de “un festival de rock”, expuesto por Mañandes y el rubricante. Recuerdo que nos preguntó:  ¿Tocará La Patada y cuantos más? A lo que respondimos: “Todos los mejores, y que sean sucios y desprolijos”… y luego creo que el poeta Mañandés le comentó el libro de Withman (Hojas de hierba) que la funcionaria no conocía. Raquel “Kelete” De Paula, después de buscar alguna salida a la semántica mañandina, accedió a poner lo necesario para que se haga “la desprolijidad”. Eso sí “no se venderá bebidas espirituosas”, comentó con un acento duro, a lo que le respondimos: “que se vaya viendo la forma de que se repartan gratis entre los asistentes estampitas de algún bicho”. Nos fuimos, sabíamos que ya estaba en marcha lo que creíamos que sería un aporte para colocar el empoderamiento del rock en los sectores populares de la juventud.
Después, en 1989, vino el segundo festival, organizado el destruido Teatro Español. Luego se sumaron a la “orga”, Fichu Fittipaldi, Nano Wilhem, Paulina Maumus, Wilson Serrano, Nano Ponzio, Tero Librandi, Chima Chiodi y Mr. Bravo y hasta Pablo Diéguez… y seguramente algún otro/a que se me olvida (perdón). El  Azul Rock, sumo a la cumbia como correspondía en el destartalado momento liberal del Menemato, y por ahí llego, después de tanta derecha, un tal Carlos Pagano, sociólogo y académico el señor, y le dio un toque profesional, inclusivo y lo saco “un algo” del pozo cloacal de la mediocridad.  Ya habían pasado, “Los Visitantes” con “Palo” Pandolfo, Miguel Botafogo  Villanova, Fabi Cantilo, Cides y su stick, “Caramelo Santo”, ”Los Dados Vuelta”, “Estelares”, “Los Pericos”, y otros especímenes de la “B”.
El Azul Rock nunca logró salir de un espacio tontuelo “localero”. La idea es que participen los músicos locales, sean quienes sean. Creo que se han acordado de algún reconocimiento a quienes fuimos los iniciadores. ¿De qué sirve subir a un escenario y tocar rock? Minitaaaaaassss! Dijo Capusotto! Cuando largamos con la maldición pensábamos en otras metas: En la maldición al poder, en la vuelta al compromiso del arte, a que el rock sea la fiesta contra la mediocridad. A que el escenario del Azul Rock sea ocupado por bandas que se ganaron un prestigio con laburo que implique un reconocimiento por una actitud, un disco, ensayos, o seguramente el compromiso de estar donde debe estar el arte. El arte sin compromiso no es arte… no sé que es…no es mi tema.
A los 30 años los músicos de rock tendrían que haber tocado para los trabajadores de Fanazul. No se puede tocar la guitarrita mientras nuestros amigos, parientes o vecinos están por ser echados de su trabajo. El rock es de los trabajadores y si no, no es nada, no es rock. Solo es entretenimiento para hábil derecha que te lima la cabeza. El Azul Rock tendría que haber estado en el veredón municipal con una bandera de Santiago y otra de Nahuel, para acompañar la lucha de los compañeros trabajadores de Fanazul. No estuvo, y en otra parte del inmundo planeta, Roger Watters anunció que no tocará en Israel porque los aliados incondicionales del imperialismo son asesinos.

La Patada, durante el primer Azul Rock, realizado en “la loma” del Parque Municipal en diciembre de 1988. GENTILEZA MIGUEL MUGUETA.

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