TURF 

Azul y Tandil, parte del gran circuito argentino

En poco tiempo, los hipódromos bonaerenses se posicionan como una opción seria y de valor a las pistas tradicionales. Esto llevó a que ambas localidades haya cada vez más caballos en sus villas hípicas. 

La gestión del Jockey Club Azul ha resaltado la actividad turfística dentro de la provincia de Buenos Aires y es reconocida por los medios especializados. HÉCTOR GARCÍA
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La gestión del Jockey Club Azul ha resaltado la actividad turfística dentro de la provincia de Buenos Aires y es reconocida por los medios especializados. HÉCTOR GARCÍA

Infinidad de veces el turf  argentino gritó fuerte por encontrar alternativas serias al circuito tradicional que forman San Isidro, Palermo y La Plata, con hipódromos de tierra adentro que se adecuaran a las lógicas reglas de juego de la legalidad, con seriedad, un sistema antidoping confiable y oficialidad plena en sus carreras.

La Punta fue pionero en el tema, sometiéndose al standard deseado y haciendo que sus pruebas llegaran asiduamente a los máximos por la vía del simulcasting. Desde el año último, Azul y Tandil se han subido a ese tren cuando el Jockey Club de Azul se hizo cargo de la explotación de ambas pistas, y hoy, a sólo unos meses de aquél lanzamiento, la historia va tomando color esperanza.

Por supuesto que no puede soslayarse la mano que las máquinas tragamonedas dan a la existencia de La Punta, ni tampoco la pequeña porción del subsidio que la Lotería de la Provincia de Buenos Aires deriva mes a mes hacia los dos hipódromos bonaerenses, pero el costo beneficio es ampliamente favorable para las economías regionales.

Sabido es que el turf es una verdadera fábrica de mano de obra, algo de lo que muchos políticos no están enterados aún, y que estos hipódromos, a los que podríamos llamar “de alternativa”, funcionen genera un girar de la rueda que puede derivar en cientos de nuevos empleos.

Azul y Tandil tienen cada vez más caballos en sus villas hípicas, y sus reuniones, a este ritmo, deberán ampliarse o habrá que empezar a seleccionar participantes ante la opción importantísima en la que se han transformado. No es un dato menor.

Con premios competitivos, los dirigentes de Azul y Tandil realmente hacen maravillas con el dinero que le corresponde a cada circo por mes y que llega desde la Lotería desde su relanzamiento. Se pagan las recompensas en tiempo y forma, se han renovado ambas pistas y todas las estructuras, y mes a mes los aficionados que concurren pueden observar novedades, a veces muy visibles, otras más de fondo.

No se queja nadie ni en Azul ni en Tandil, por el contrario, tratan de manejar los recursos con la mayor eficiencia y transparencia posible, más allá de que desde otros estamentos se ha tratado últimamente de lesionar este presente con futuro, en esas típicas jugarretas de la hípica argentina y que quieren que al otro le vaya mal para el beneficio propio, en lugar de pensar en un bienestar general, en la colaboración y en el trabajo conjunto que nos ponga en un plano muy diferente al actual.

Azul y Tandil funcionan realmente bien en lo operativo, ajustando detalles cada día de carreras, buscando alcanzar el mejor nivel posible; no es fácil adaptarse a la oficialidad luego de una historia fuera de ella. En ese rubro todo anda fenómeno y, en tren de buscar debes, quizás el tema del juego sea el que más expuesto queda.

Las apuestas mejoran lentamente y tanto para Azul como para Tandil el simulcasting que en casi todas las reuniones se realiza con La Plata es un arma vital para la subsistencia. Ha habido problemas, voces encontradas, pero casi siempre se ha encontrado la salida para realizarlo, como la última semana.

En La Plata no son pocos los que dicen que mucho del juego del hipódromo se deriva hacia Azul o Tandil cuando se corre en simulcasting, y que la reciprocidad no es la esperada. Pero es un análisis que parte de una base equivocada y que es la celeridad. El trabajo que se encaró no puede ser medido ni en meses ni en semanas, debe verse al cabo de algunos años, no es precisamente una tarea sencilla crear nuevos burreros, por ejemplo en Tandil, donde el hipódromo fue más un terreno grande verde que una pista de carreras por tantos años.

Estando tanto La Plata cuanto Azul y Tandil bajo la órbita de la Lotería de la Provincia, no es dinero que gana uno o pierde otro o viceversa, es plata que va al turf, sea donde sea, a mantener o generar empleo, una preocupación que el actual Gobierno dice tener a la cabeza de sus obligaciones, pero que en la práctica a veces da la sensación de que no lo está tanto.

Azul y Tandil son hoy una realidad tangible, dos hipódromos que trabajan a futuro y buscan la forma de mejorar reunión tras reunión. Lotería y La Plata han sido pilares fundamentales en ese desarrollo, y deberán a futuro mantener ese apoyo por el bien general. Eso tan difícil de conseguir en el turf argentino.

Fuente: www.turfdiario.com

 

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