Bajo el paraguas de la Iglesia, asoma la unidad del movimiento obrero

Por Guillermo Villarreal/Agencia DyN

BUENOS AIRES – La unidad del movimiento obrero argentino que auspicia el papa Francisco parece ir tomando forma. Los jefes de las tres CGT y las dos CTA están dando pasos hacia la unificación, en un contexto de preocupaciones comunes por los despidos en el sector público y privado, el impacto de la inflación en el bolsillo de los trabajadores y las drogas en el mundo laboral.

Aquel pedido que el pontífice le hizo a un grupo de sindicalistas en el inicio de su pontificado en 2013, avanza por un camino sinuoso y de sospechas mutuas, por “el amor y también por el espanto” según reconocen los jefes sindicales, pero bajo el amparo de la Iglesia.

El “sueño” papal de una central obrera única se proyecta hacia adelante por las necesidades coyunturales de las organizaciones gremiales, pero también por la decisión de la Iglesia de contribuir al encuentro de los argentinos, tras años de divisiones en bandos “irreconciliables”.

El camino de la reunificación del sindicalismo deberá sortear, sin embargo, varios obstáculos, más allá de las pujas internas por los liderazgos y la renovación obligada de nombres.

Entre ellos, el avance de las vertientes gremiales vinculadas a partidos de izquierda, como ocurrió en el Subte o en áreas de la Alimentación, y la aparición de delegados de base que ganan terreno con nuevas organizaciones sindicales, como en Prensa, por la representación escasa de las conducciones que ostentan la personería gremial del sector.

En este proceso, la Iglesia les exigió a los sindicatos tradicionales un cambio de paradigma, a fin de que no estén sólo al servicio del personal registrado, sino que se ocupen también de la representación, hoy casi inexistente, de los trabajadores desocupados y en situación irregular, de los pobres y de los jóvenes de entre 19 y 24 años con problemas severos de inserción laboral.

Los obispos argentinos, consustanciados con el fomento de la “cultura del encuentro” que pide el Papa, apuraron estos días los tiempos al ofrecerles a los sindicatos un espacio para manifestar un “gesto de unidad visible” durante las jornadas de la Semana Social, previstas a partir del 20 de mayo en Mar del Plata.

“Trabajando en la unidad”

Tal como lo hicieron los miembros de la Comisión Episcopal de Pastoral Social que visitaron el lunes la sede histórica de Azopardo de la Confederación General del Trabajo (CGT), para analizar la situación social del país junto con referentes de las cinco centrales obreras.

“La Semana Social está a disposición de ustedes para presentar la unidad en la que ya están trabajando. La renuncia de las partes es el costado más difícil de la unidad”, advirtió monseñor Jorge Casaretto delante de las máximas autoridades de la CGT Azopardo, la CGT Alsina, la CGT Azul y Blanca, la CTA de los Argentinos y la CTA Autónoma.

Los jefes de las cinco centrales obreras parecieron recoger el guante, aunque admitieron que avanzan en el “reencuentro” de los dirigentes gremiales sin plazos ni condicionamientos.

“La unidad del movimiento obrero es urgente y necesaria, pero no como un rejunte sino como una reunión de distintos”, planteó Hugo Moyano, secretario general de la CGT Azopardo, y destacó lo hecho por la Iglesia en pos de ese objetivo de máxima.

El jefe de la CGT Alsina, Antonio Caló, consideró, por su parte, que la unidad del movimiento obrero es “necesaria para el país” y también un reclamo de los trabajadores, pero anticipó que hoy la única certeza en esa dirección es que habrá un Congreso Normalizar el 22 de agosto que elegirá a la nueva conducción de una “CGT unificada”.

Todo lo demás es relativo”, graficó el dirigente considerado por años afín al gobierno kirchnerista, y se manifestó a favor de un sólo secretario general, al recordar que cuando hubo una conducción colegiada “no funcionó”.

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