LA SEMANA POLÍTICA

Banalidades argentinas

El gran desafío para la dirigencia política es cómo bajar el discurso de la tarima y traducirlo al sentido común de la ciudadanía
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El gran desafío para la dirigencia política es cómo bajar el discurso de la tarima y traducirlo al sentido común de la ciudadanía

Un país con estilo gourmet en el que conviven la tragedia y la comedia sin sonrojarnos. Desde Nisman a Maldonado o la “guerra” entre tucumanos y cordobeses. La crisis del discurso político frente a las nuevas condiciones del presente. El riesgo de utilizar la misma lógica de pensamiento. El límite de las legislativas en Azul.

Escribe: Carlos Comparato – (comparatoc@yahoo.com.ar)

 Hay que admitirlo. Tenemos un estilo gourmet: de la tragedia más tremebunda podemos hacer un pastiche surrealista donde la línea entre los presuntos buenos y los supuestos malos es un intersticio invisible a los ojos. Y si no, acometemos la comedia italiana, plagada de gritos, colados, iluminados, todos tienen razón y saltan sobre la grieta.

Es la singularidad de un país raro. Sobresaliente en lo individual y reprobado en lo colectivo. Y los ejemplos se van desmoronando. Los dos más graves atentados que sufrió la Argentina en su historia, a la Embajada de Israel y a la AMIA, aún son un carrusel patético. No hay un solo preso. Todos saben quiénes fueron, todos opinan, suponen, la traición de Carlos Menem a sus hermanos de sangre, el gobierno kirchnerista que firma un memorándum irreproducible por el caso AMIA, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner que se hace la distraída y  los jueces parecen fugados de una serie de Netflix. Mientras, los iraníes, el Hesbollah o Mongo Aurelio siguen desparramados en el piso descompuestos de la risa.

Caso Nisman: el papelón

Alberto Nisman, el fiscal que Néstor Kirchner nombró para investigar el atentado de la mutual judía, había apuntado a los iraníes, denunciado a la ex Presidenta y apareció muerto en su departamento  con un suicidio en la cabeza…o no. Dos años y nueve meses después se dice que lo habrían matado con una serie de explicaciones técnicas que provocan vergüenza ajena ante el deplorable accionar de la justicia. Empezando por esa noche dantesca cuando la fiscal Viviana Fein, con su símil bolsa de los mandados colgada de su brazo, se paseaba por el departamento de Nisman junto a una manada de tipos que, la mayoría, no tenían nada que hacer allí; y los que hicieron la autopsia que estarían distraídos, más las operaciones cruzadas de cuánto servicio de inteligencia merodea en estas pampas del sur, o el papel del técnico informático Diego Lagomarsino que debe estar más pálido que de costumbre.

¿Y Maldonado?

Hay una lógica inmanente para abordar estos dramas o ¿con Santiago Maldonado no sucede algo similar? Entre un gobierno y la justicia que juegan como el Wilstermann boliviano contra River en el Monumental y los que aprovechan la espuma para lavarse la cara (¿a algunos les convendrá que no aparezca nunca?), el tema puede terminar en cualquier lado. La problemática de un sector de los pueblos originarios en el sur de Argentina y Chile es mucho más compleja de cómo lo quieren presentar algunos sectores de forma hipócrita, con el invalorable aporte a la contaminación ejercida por los medios.

Realismo mágico

Y seguimos con el sainete cotidiano de un país irreproducible pasando, sin escalas, de la tragedia al teatro de revistas. La última controversia se da entre cordobeses y tucumanos ya que los primeros prohibieron la presencia del “letal” azúcar en las mesas de  los bares cuando alguien va a tomar un café y los tucumanos les salieron al cruce amenazando con un boicot a los productos originarios de la provincia de la Mona Jiménez aunque, difícilmente, prohíban el Fernet… Es muy fuerte ya que estamos a un paso de un proceso secesionista como los catalanes en España.

En este realismo mágico, se va desplegando la campaña electoral con miras a las legislativas de octubre que, hasta ahora, se limita a escenas mediáticas con una  estrategia de polarización que le calza justo al oficialismo y al cristinismo.

La campaña en Azul

En Azul las elecciones aún no han tomado volumen, con alguna excepción de encuentros en barrios o la presencia este sábado de los candidatos de 1País Sergio Massa y Margarita Stolbizer. El Jefe de Gabinete del Gobierno Nacional Marco Peña estuvo el viernes recorriendo obras junto al intendente Hernán Bertellys, funcionarios y, por supuesto, el primer candidato a concejal de la lista oficialista, Marcos Turón.

La mirada en las legislativas está puesta, sustancialmente, sobre el segundo y tercero. Esto es si Unidad Ciudadana y 1País podrán sumar votos en relación a agosto y ver si pueden captar algunos de los cuatro o cinco concejales que están dando vuelta.

Hay un gran reto de los protagonistas de esta disputa electoral y es cómo traducir el discurso político a los intereses del ciudadano achicando la distancia que hoy existe. La ecuación no puede pasar por ver quién elabora las frases más contundentes pensando que se le está hablando a su contrincante sino, bajar el discurso de la tarima al sentido común del vecino. Esa es la ventaja que hoy tiene un pragmático como el intendente Hernán Bertellys pues lo que está en crisis es el discurso.

Visiones

Marc Augé, un antropólogo francés y un lúcido analista de la etapa que atraviesa la humanidad, dice en su libro “Qué pasó con la confianza en el futuro”, en la página 13,  que “todavía estamos en la etapa de denuncia de los viejos conceptos y de las visiones del mundo subyacentes a ellos. Los sustituye, en los dos extremos, una visión pesimista, nihilista y apocalíptica (…) o bien una visión triunfalista y evangélica”. Entre estas dos  hay un lugar para una “ideología del presente” y se zambulle en lo que denomina “sociedad de consumo” ante “la afluencia de imágenes y mensajes bajo el efecto de las tecnologías de comunicación instantáneas” y la exclusión consecuente de vastos sectores.

Este raid contemporáneo argentino (y mundial), alimenta el riesgo de seguir utilizando la misma lógica de pensamiento como si las condiciones objetivas de la sociedad serían iguales a las de hace 30 ó 40 años. ¿Eso explica el gobierno de Mauricio Macri? ¿Eso explica el gobierno de Bertellys?

 

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