A 65 DE SU MUERTE 

Bartolomé J. Ronco, faro de luz imperecedera 

Sin dudas el filántropo más importante que haya tenido Azul, Ronco dejó un legado cultural que hoy nos permite reconocimiento universal a través de Azul Ciudad Cervantina de la Argentina gracias a su colección del Quijote, destacándose también el compendio de ediciones del Martín Fierro, su otra pasión literaria. Fue además, el creador del Museo Etnográfico y Archivo Histórico de Azul, y presidente de la comisión especial que determinó al 16 de diciembre de 1832 como fecha fundacional de Azul. Junto a su esposa María Clara de las Nieves Giménez construyó el Cantón Santa Margarita en homenaje a su hija fallecida, luego donado a la comunidad, al igual que la casa en que vivieran, hoy Museo Casa Ronco, que cobija las colecciones cervantina y hernandiana, y la Hemeroteca “Juan Miguel Oyhanarte”. 

Otra de las pasiones del doctor Ronco fue la carpintería. En el taller instalado en el fondo de su vivienda construyó sus propios muebles y, especialmente, juguetes que repartía entre los niños más humildes. GENTILEZA HEMEROTECA “JUAN MIGUEL OYHANARTE” El 6 de mayo de 1952 fallecía el doctor Bartolomé J. Ronco. Además de ser el filántropo más grande que conoció Azul. Dejó un valioso legado cultural que llevó a la ciudad a convertirse en Ciudad Cervantina de la Argentina. En la fotografía, junto a su esposa María de las Nieves Clara Giménez. GENTILEZA HEMEROTECA “JUAN MIGUEL OYHANARTE”
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El 6 de mayo de 1952 fallecía el doctor Bartolomé J. Ronco. Además de ser el filántropo más grande que conoció Azul. Dejó un valioso legado cultural que llevó a la ciudad a convertirse en Ciudad Cervantina de la Argentina. En la fotografía, junto a su esposa María de las Nieves Clara Giménez. GENTILEZA HEMEROTECA “JUAN MIGUEL OYHANARTE”

Un día como hoy, pero de 1952, su cuerpo se alejaba a descansar terrenalmente. Tras suyo un legado cultural que marca un antes y un después, lleva a esta ciudad a un reconocimiento universal: Azul, Ciudad Cervantina de la Argentina. El doctor Bartolomé José Ronco es sin dudas el filántropo más grande que nuestro terruño supo cobijar.

Una vida de 24 horas los 365 días del año  

Nacido en Capital Federal el 7 de julio de 1881, Ronco se gradúa de abogado en 1903. Hasta 1915 ejerce la profesión en Bahía Blanca, lugar en donde es co fundador del Colegio de Abogados, llegando a ser secretario de la Cámara de Apelaciones. Allí ya su veta cultural comienza a aflorar, siendo elegido presidente de la Biblioteca Popular “Bernardino Rivadavia”. Ese mismo año se radica definitivamente en Azul, ejerciendo la profesión de abogado que no abandonará hasta su muerte.

En 1908 se casa con la azuleña María de las Nieves Clara Giménez, y un año después nace su única hija, Carlota Margarita.

Conocido por su devoción por las obras de Miguel de Cervantes Saavedra -El Quijote- y José Hernández -Martín Fierro-, su trayectoria cultural es infinitamente mayor, siempre con el apoyo incondicional de su esposa.

Creador de cultura

Ya en 1923 figura como miembro de la Biblioteca Popular de Azul, que hoy lleva merecida y orgullosamente su nombre (asume la presidencia en junio de 1930, cargo que ejerce hasta su  muerte). Las revistas “Biblos” (1924 – 1926)  y “Azul, revista de Ciencias y Letras” (1930 – 1931), son fieles exponentes de los más antiguos documentos municipales desde la época fundacional. En la segunda de las publicaciones se incluye por primera vez en el país una reproducción facsimilar del ejemplar del Martín Fierro. La edición en poder de Ronco había pertenecido al abogado y diplomático Estanislao S. Zeballos, y cuenta con correcciones de puño y letra de José Hernández. En ambas publicaciones se pudieron leer entonces textos de las mayores plumas del país, citando a modo de ejemplo a José Luis Borges, Ulyses Petit de Murat, Baldomero Fernández Moreno y Alfonsina Storni, entre otros.

Es miembro de la Junta de Historia y Numismática Americana y de la Academia Nacional de Historia (desde 1930) por la provincia de Buenos Aires.

Al inicio de este medio en 1933, Ronco junto con la poetisa María Alex Urrutia Artieda dirigen el Suplemento Cultural. Por esa época, junto a otros intelectuales de la ciudad, promueve la creación de la Asociación Cultural de Azul.

Del 28 al 30 de junio de 1931, a través de la Biblioteca Popular, organiza en su sede la “Exposición Martín Fierro”, primera en su tipo en el país. Al año siguiente concluye la tarea encomendada por la Municipalidad de Azul a la comisión histórica creada al afecto (y que preside), que establece como fecha fundacional de la ciudad el 16 de diciembre de 1832.

En 1930, cuando el Ferrocarril del Sud construye el ramal que nos comunicaría con Chillar, Ronco, apoyado por otros azuleños, inicia una campaña para que la estación intermedia lleve el nombre de Martín Fierro, hecho que finalmente acontece. Diría el doctor Ronco en aquel momento sobre esto que es “la primera población argentina que lleve el nombre de Martín Fierro y quizá la única que tenga de epónimo una figura literaria”.

En 1935 Ronco crea una publicación jurídica, la que es dirigida por el letrado azuleño Germinal Solans. Y en 1937, secundado por varios intelectuales locales, funda la Universidad Popular “José Hernández”, que durante muchos años trabaja en forma gratuita dando clases de apoyo a los alumnos de la ciudad.

Un sueño cumplido  

Quizás se pueda afirmar como la concreción de uno de sus mayores sueños, la creación del Museo Etnográfico y Archivo Histórico de Azul “Enrique Squirru”, ubicado en la esquina Oeste de San Martín y Alvear y al cual dona sus colecciones de platería gauchesca y mapuche, junto a piezas de cerámica indígena.

Ya en 1946, incansable en desgranar desde sus vísceras la historia de Azul, edita una serie de cuadernos en ese sentido, siendo el primero de ellos el titulado El General Escalada y la fundación de Villa Fidelidad. En noviembre de 1947 se nombra a Ronco como Delegado Honorario para la región Centro y Oeste de la provincia de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos. En uno de los boletines de esta entidad aparece su ensayo “Lugares de interés histórico en el Partido de Azul”.

En septiembre de 1948 la Biblioteca Popular y el Centro Cultural Horizontes organizan la muestra: “La Imprenta en Azul”, donde se exhiben bajo la dirección de Ronco, libros, periódicos, revistas, folletos, hojas sueltas y carteles con pie de imprenta azuleño a partir del año 1872, destacándose varios ejemplares de los primeros periódicos de la ciudad: El Heraldo del Sud, El Eco del Azul, y LaRazón. Buena parte de estos materiales forman hoy el patrimonio de la Sección Hemeroteca de la Biblioteca Popular, ubicada en la finca que fuera el hogar de los esposos Ronco (esquina Este de San Martín y Rivadavia).

En materia cervantina, en 1943 escribe un artículo titulado “Cervantes y el Quijote en la Literatura Argentina” el cual se subtitula “Capítulo inicial de un libro”. Es de lamentar que la obra completa no apareciera nunca.

Las colecciones Cervantina y Hernandiana 

La colección Cervantina se halla compuesta por aproximadamente 300 ediciones de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra. Es el basamento para que el 23 de enero de 2007 el Centro UNESCO Castilla-La Mancha decrete a Azul como “Ciudad Cervantina de la Argentina”.

Asimismo, la colección Hernandiana, expuesta por primera vez en 1931, es exhibida en el año 2012 en las Ferias Internacionales del Libro de Frankfurt (Alemania) y Guadalajara (Méjico), a instancias del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Argentina, y por iniciativa de la diputada nacional Gloria Bidegain.

Otras participaciones comunitarias  

Es Ronco fundador de la Biblioteca Popular de Laprida. Integra la comisión creadora del Parque Municipal de Azul e insta la fundación de la Escuela Profesional de Mujeres. En 1928 es designado por Hipólito Yrigoyen como delegado del Comité Nacional de la UCR para reorganizar el partido en la provincia de Catamarca. Durante su breve estancia de dos meses, Ronco halló tiempo para fundar el periódico “La Montaña” y una biblioteca pública a la cual dotó de quinientos libros que hizo llevar desde Buenos Aires.

En materia de toponímia colabora con ilustraciones como, entre otras, “Azul, origen de su nombre”, “Huellucalel”, “Santa Catalina”, “Arroyo de los Huesos”, “Paso del Cura” y “Chillar”.

Sobre jurisprucencia 

En materia jurídica escribe: Ejercicio de la Procuración; La Función Notarial; Defensa del hogar; Sobre servidumbre de tránsito; Justicia colonial; El daño punible; Estadística criminal; Impuesto hereditario; Las cartas anónimas – Su valor probatorio. Se trata de folletos editados en Azul entre los años 1920 y 1926.

Sin duda su obra de más largo aliento en la materia es El Recurso de Habeas Corpus en la legislación de la Provincia de Buenos Aires.

Un inolvidable   

A la cultura y la jurisprudencia, agrega Ronco su pasión por la carpintería, la que montada en el fondo de su casa, le sirve para producir sus propios muebles y especialmente, juguetes que regala a los niños más humildes.

La única hija había muerto en plena adolescencia, y en su memoria el Dr. Ronco y su esposa hicieron construir el Cantoncillo Santa Margarita, luego donado a la ciudad.

Al deceso de María de las Nieves Giménez fue su última voluntad que la casa familiar y todo su patrimonio pasasen en propiedad a la Biblioteca Popular de Azul.

Sobre su persona  

Rescatamos aquí opiniones de azuleños que tuvieron la dicha de trabajar con el doctor Ronco, vertidas en el Suplemento Fotos y Letras de EL TIEMPO que escribía la profesora y periodista Adriana Abadie:

De Adelaida Yaben de López: “Tenía 21 años cuando comencé a trabajar con él en su estudio, que era además su casa. Estuve 12 años trabajando a su lado. ¡Qué hombre activo!. Vivía movido por sus grandes pasiones, que eran los libros y los juguetes que él mismo fabricaba. Era un hombre que vivía sin horarios”.

De Carlos Bagnoli: “Era un señor en todo sentido. Yo era empleado de la carpintería que no producía ninguna ganancia en dinero. Sin embargo, pagaba como el mejor de los caballeros”.

De Adolfo Godoy (también empleado de la carpintería: “Era un filántropo. Jamás le interesó el dinero. Todo lo hacía por el placer de dar y crear”.

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