Bartolomé J. Ronco, Fervor de Azul

Las obras e ideas de Bartolomé J. Ronco exceden lo cervantino y se extienden a la cultura en general, la educación y la economía. Esas obras e ideas son casi desconocidas para las actuales generaciones y un reencuentro con ella explica algo del fervor y entusiasmo que ha contagiado a buena parte de la sociedad azuleña. Expresó Luis María Lafosse autor del libro “Bartolomé Ronco. Fervor de Azul”.

Ronco era algo mucho más potente que un mero coleccionista de libros, diarios o presidente de una biblioteca popular. Ronco, que presidió la comisión que estableció que el 16 de diciembre de 1832 fue la fecha de la fundación de Azul, fue un hombre con una cosmovisión de la ciudad, muy abarcadora, que no sólo reflejó en escritos sino también en toda su otra que aún hoy brinda sus frutos.

Aspiraba a convertir a Azul en un centro cultural, social y económico de la pampa húmeda. Tiene una real dimensión del protagonismo que Azul y Argentina tenían en el mundo. Esa visión, no es meramente enunciativa. Usa a Azul como materia prima para llevar a cabo su sueño. Participa en la creación de la compañía de electricidad, en la comisión que creó el Parque Municipal, creó el Museo Squirru, participó en la creación de la Universidad Popular José Hernández, entre tantas otras cosas.-

Si bien Azul era una ciudad pujante por otros motivos, el rol de Ronco fue desencadenante. Tenía en ese momento un gran protagonismo del sector privado y se ve claramente que la ciudad disfrutaba de un grupo fuerte de dirigentes muy pujante, con formación amplia y clara visión del mundo.

Ronco se mete en campos en los que no es especialista. No es historiador pero se mete con la historia y termina siendo miembro de la Academia Nacional de Historia. No es arqueólogo pero se pone a investigar rastros del Azul originario. No es carpintero pero tiene una carpintería y fábrica juguetes para los niños. No es poeta pero escribe poesía. No es filólogo pero analiza el Martín Fierro y escribe la Enciclopedia Gauchesca. Fue el editor de la revista Azul, reconocida a nivel internacional. No es especialista en nada, con un bagaje cultural amplio y múltiples intereses y que sin miedo se anima a explorar otras cosas. En un mundo que obliga a la especialización, esa actitud generalista que demanda mucho esfuerzo y plasticidad se transforma en revolucionaria aún en nuestros días.

En sus cartas pone de manifiesto ese fervor en defensa de situaciones que pusieron en riesgo a esta ciudad, por ejemplo cuando le quieren poner el nombre de Meecks a una estación ferroviaria.

Ronco contagia un gran entusiasmo y genera la sensación de que en Azul todo es posible. Y que si no se lo acompaña en ese sueño no sos azuleño.

Fervor de Azul pinta  ese entusiasmo de Ronco que fue lo que lo motivó a hacer lo que hizo. En el fondo es ese entusiasmo lo que mueve a las personas.

En la tapa del libro aparece Ronco de mameluco, con sus herramientas detrás, riendo, en la carpintería. Eso termina de retratarlo. Al autor del libro le gustan mucho esos intelectuales que además de su cabeza usan sus manos. Ronco es una persona práctica. No refleja, sino que decide hacer algo para transformar y modernizar sin excluir a nadie.

Para el autor del libro, un azuleño que se encuentra en Australia, espera que sea contagioso e inspirador para otras personas, porque hacia falta un libro sobre el hombre del que tanto se habla en estos últimos 10 años.

 

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