DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER EN GENERAL ALVEAR

Betty Márquez bailaba la vida

 

Escribe: Lis Solé

 

Mujeres hay muchas, de todas clases; igual que los hombres, pero hay mujeres que con su ejemplo de vida y de trabajo, de ideales y de convicciones, marcan a fuego a los que las rodean o han conocido.

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Es muy difícil homenajear a una mujer, a una sola, a una sola de las buenas porque como siempre digo: ¡Brujas hay muchas! Pero… ¡Qué sería el mundo sin las mujeres! Digo las mujeres de verdad que, con su trabajo, su paciencia y dedicación, pueden mantener sus hogares aún cuando estuvieran solas.

O aquellas mujeres que estudian y salen de sus casas a trabajar…esas mujeres de las de antes, con las manos grandes y curtidas de tanto andar con agua y a la intemperie, cuidar chicos y lavar ropa; o de las mujeres de ahora que corren de acá para allá para cumplir con su trabajo y también con sus familias y sus hijos. Esas mujeres que orgullosas se “bancan” lo que sea para no depender de un hombre ni ser una carga o estorbo.

Siempre hay de todo: lo más bonito de la mujer es justamente que es imperfecta. Todas tenemos partes buenas y partes malas, y muchas veces no hay un buen equilibrio. Pero pensando en todas esas mujeres que son admirables por encima de sus imperfecciones, en todas las que yo he conocido, me vino a la memoria una mujer que estaba del lado del amor. Porque yo digo que mujer, es amor. Amor sin intereses, sin egoísmo…

Y digo amor, y digo mujer y digo Betty, Betty Márquez. Conocí a Betty cuando ya vivía en el pueblo…era bailarina y muy trabajadora; estaba en mi casa, ayudaba a mamá con la limpieza y tenía la casa hermosa. Era perfeccionista,  quería que la casa brillara, que los pisos brillaran, que nosotros brilláramos. Nos encariñamos mucho, pasó el tiempo y llegó el amor para Betty: Daniel Ortiz. Y su mirada se volvió radiante. Ese Daniel, ese policía grande y bueno que la acompañó durante tanto tiempo; juntos hicieron su propia casa; juntos hacían los pastones de material y pegaban ladrillos; juntos estaban todo el tiempo compartiendo proyectos, uno al lado del otro… bailando. Y nació Hernán, y se desvivieron por su hijo. Los años pasaron…

Si bien no tenían estudios de postgrado, ambos ejercieron la docencia con verdadera vocación. Durante muchos años trabajaron con ahínco para que General Alvear tuviera bailarines de Danzas Folklóricas excelentes que representaron al pueblo en toda la Provincia y provincias vecinas. No son necesarios los títulos para ser buenos.

Seguro que los alumnos y compañeros de peña de Betty estarán recordando su dedicación, su prolijidad, esmero y atención de los detalles al bailar o de los atuendos. Todos la recuerdan; que el sombrero debía estar bien, que el poncho estuviera perfecto, que las fajas quedaran bien calzadas sin olvidar los alfileres de gancho para que todo estuviera fijo y seguro durante el baile. Con meticulosidad y obsesión, casi, se aseguraba que las botas estuvieran bien lustradas, que las camisas estuvieran bien planchadas…No debían surgir contratiempos…Luchaba para que todo saliera sin imperfecciones, como en el baile, como en la vida.

Creo que en cada danza, en cada giro, se refleja la vida con sus tristezas y alegrías. Y así lo sentía ella. Su carácter fuerte la llevó a tener problemas pero también para continuar con sus proyectos.

Betty Márquez de Ortiz, bailaba la zamba…Yo sentí el amor mirándola bailar la zamba con Daniel. Ella amaba la danza, amaba bailar…Y en cada vuelta, en cada vuelo de pañuelo, el amor hacia la vida se hacía presente; yo era chiquita, y podía verlo. Trabajó incansablemente para transmitir en sus muchos alumnos su forma de interpretar y de sentir las danzas folklóricas y ellos la recuerdan como yo, por su pasión, por su tesón y también por su “locura” para que las manos se movieran bien, que los brazos estuvieran mejor, que los trajes se vieran impecables.

Una vez, cuando se inauguró el S.U.M. de la Escuela Media, Betty y Daniel trabajaron junto a mí para que casi cuarenta parejas de mis alumnos secundarios pudieran bailar el Pericón. Cuánto me ayudaron y alentaron…y sin cobrar un peso. Ella me ayudó a elegir las telas en la Tienda Palacios para que las chicas con las mamás pudieran coser las polleras.

Estando ya enferma, después del primer ACV, igual seguía trabajando. Organicé con su ayuda un desfile de atuendos folklóricos en la Escuela N° 15 de la Colonia San Salvador del Valle. Casi no podía caminar, igual fue conmigo, en mi auto hasta allá porque tenía que controlar que todo saliera bien… ¡Qué Betty!

Su salud no mejoró y con Daniel también enfermo, siguieron adelante. Luchó hasta el último momento, sola cuando falleció Daniel, aún cuando faltó Hernán. Siguió amando la música y bailando la vida hasta el final. Fue una mujer que trasmitió las ganas de trabajar y hacer las cosas lo mejor que se pueda, aunque parezca que se pierde todo. Sólo una mujer llena de amor.

 

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