EN ESTE 2017

Biblos cumple 60 años

Alberto y Chelita Sarramone en 1957 comenzaron con la librería que hoy es un emblema en nuestra ciudad de acceso al conocimiento. Ha pasado mucha agua bajo el puente y los libros siguen siendo elegidos por los azuleños. A continuación algunas historias y anécdotas de tantos años de trabajo.

 

La librería más emblemática de nuestra ciudad llegó este año a los 60 años de funcionamiento. Biblos comenzó en el año 1957 como una forma de salir delante de Alberto y Chelita Sarramone. Este matrimonio más que conocido en nuestra ciudad ha trabajado en pos de la lectura toda su vida y todavía no pierden las ganas de seguir haciendo cosas.

Las ganas de saber más del ser humano lo lleva a escribir cosas que nunca podrán ser reemplazadas. Crear mundos, estudios, contar la realidad del país y hasta saber los procedimientos para hacer una receta, entre otras muchas cosas, tiene como soporte el papel y el libro es muy difícil ser reemplazado por cualquier otra tecnología. Es que cuando uno se vincula al papel no hace ya falta nada tener GPS, datos web, WiFi y si se sale al aire libre la naturaleza provee la luz necesaria para poder encarar la lectura.

Por eso, Biblos ha sabido interpretar el amor de la gente por la lectura y más allá de los vaivenes del tiempo, la gente sigue comprando libros.

Alberto Sarramone, con su impronta personal, tuvo una extensa charla con El Tiempo para contar algunas cuestiones que tienen que ver con su librería, pero también con el vínculo de su familia con los libros.

A temprana edad “ya estaba metido en la lectura y qué mejor vender libros para combinar las dos cosas”, explicó. En este marco, explicó que “cuando nos casamos con mi esposa vimos la forma de generar un trabajo porque, como siempre en Argentina, la mano estaba complicada”.

De este modo, antes de comenzar con la librería con espacio físico “ya estaba vendiendo libros. Con una bicicleta salía a los lugares que sabía que la gente me podría comprar algún libro y me iba muy bien”.

La bicicleta en un momento ya no fue suficiente porque la gente me demandaba muchos libros. En ese momento “trabajaba para Editorial Larousse en donde tenía un vínculo muy importante y que proveían de los libros que me pedía la gente”.

Con el paso del tiempo llegó el momento de abrir la librería. Biblos surge como una consecuencia de las ganas de trabajar de este matrimonio emprendedor “pero por sobre todo por el esfuerzo y la capacidad de Chelita”. Pasaron por muchos lugares con la librería hasta estar ubicada en la dirección actual “primero estuvimos a una cuadra de Tribunales, luego en el edificio de Infantino en el Centro y después frente al Correo”. Fue en esta última “en donde la gente pasaba y compraba un libro”.

A lo largo de la vida de la librería “hemos tenido siempre aciertos y desaciertos, pero los años me hicieron aprender muchas cosas de cómo manejarnos con la gente y con nuestra competencia”.

Si hubo un momento de gran venta explicó que desde el comienzo siempre hay best sellers y “vendí mil libros de una colección que se llama “Lo sé todo” que me permitió poder abrir un local. Así me pude instalar”. Una vez que se recibió de abogado comenzó a ejercer la profesión “y Chelita fue la encargada de hacer funcionar la librería, cosa que sucede actualmente”.

 “Azul y la venta de libros”

Además de los factores económicos y políticos “Azul siempre fue difícil para vender libros. Hay momentos en que nos va bien y otros en los que la crisis nos pega, y cuando la gente no tiene plata lo último que piensa es comprarse un libro”.

A veces los libros tienen un precio “que son invendibles, muy caros. Pero lo que nos gusta a todas las personas que trabajamos de esto siempre es que los libros circulen, que la gente los lea y que puedan transmitir el mensaje”.

Puntualmente lo editados en Biblos “siempre achicamos un poco el valor para que las producciones locales puedan tener injerencia en nuestra ciudad”. A modo de ejemplo citó los editados para el historiador y escritor azuleño “que ha hecho un magnífico trabajo de una gran calidad y eso tiene que circular, la gente lo debe leer”.

La gente sigue leyendo

La gente “en un momento leía más. Pero esta es una eterna discusión en la librería porque me dicen que ahora la gente lee más que antes, lo que pasa es que cuando nosotros empezamos con la librería trabajábamos mucho con el ámbito de la educación, pero fuera de ese grupo la gente no leía mucho más”.

En la actualidad siguen trabajando con los docentes “pero hay mucha otra gente que le encanta leer. Por eso no hay que repetir lo que dice todo el mundo que la gente no lee, lo que si es una realidad es que los chicos y las personas más jóvenes leen menos pero lo mismo pasaba antes”.

Lo mismo pasa al momento de la escritura: “la lectura es fundamental para poder escribir cualquier cosa. Los que hemos leído algo nos damos cuenta cuando un autor escribe sin leer demasiado, por eso es tan importante leer libros que pueden ser de cualquier cosa pero a medida que vamos creciendo vamos afinando el ojo y nos volcamos por lo que es indefectiblemente bueno”.

La situación actual “es preocupante, pero no es desesperante” explica Sarramone. Esto no tiene que ver sólo con que “haya competencia, sino es una situación global y además cuestiones internas”. Pero esto no desalienta a este matrimonio “sino que nos dan muchas ganas de seguir trabajando hasta que el cuerpo nos dé”.

El espíritu de trabajo “y de colaboración en el trabajo con los empleados y mi esposa ha sido una de las cosas más importantes que se ha mantenido siempre. En este momento estamos juntos para pasar el momento”.

Pero siempre “hay que renovarse o hacer algo para afrontar la crisis, cosas que nos motiven. Por eso vamos a hacer conferencias algunas veces al mes con distintas personas relacionadas a la librería y generar un circuito más óptimo”.

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