Cabral, soldado heroico


Ayer se cumplieron 205 años del Combate de San Lorenzo, un enfrentamiento armado que ocurrió junto al Convento de San Carlos Borromeo situado en la actual localidad de San Lorenzo, Santa Fe, en el que las fuerzas independentistas rioplatenses sorprendieron y vencieron a las españolas de la Milicia urbana de Montevideo (realistas). Fue el único combate en territorio argentino que libraron tanto el Regimiento de Granaderos a Caballo como su creador, el entonces coronel José de San Martín, quien fuera salvado gracias al arrojo del soldado Juan Bautista Cabral.
Por Eduardo Agüero Mielhuerry
Juan Bautista Cabral nació en el municipio de Saladas, provincia de Corrientes, el 24 de junio de 1789. Era zambo, es decir, la mezcla de un nativo de estas tierras y una africana. Fue hijo de José Jacinto, un indígena guaraní y la esclava de origen angoleño Carmen Robledo.
Los padres de Juan Bautista supieron estar al servicio del estanciero José Ignacio Cabral Fernández de Arana, y luego al de su hijo Eugenio Tomás Cabral, quien contrajo matrimonio con María Teresa de Soto.
Vale aclarar que tomaron el apellido de sus dueños, pues antes de la Asamblea del Año XIII (y aún tiempo después también), los esclavos solían adoptarlo de sus amos.
Los primeros años de Juan Bautista transcurrieron en el campo. Cuando el hijo de los Cabral-Soto, Luis, contrajo matrimonio con Tomasa Isabel Casajús en 1805, se fueron a vivir a una casa céntrica, frente a la plaza del pueblo, haciendo cruz con la Parroquia. La joven pareja se llevó parte de la servidumbre entre quienes aparentemente también estaba Juan Bautista.
En 1807, cuando ocurrieron las invasiones inglesas, Juan Bautista se hallaba en Buenos Aires. Se sabe esto por una carta suya del 19 de agosto de ese año dirigida a don Luis Cabral. En ella daba cuenta de haberse salvado milagrosamente de ser degollado por los ingleses. Expresaba que el clima no le sentaba bien y que estaba enfermo de cólico, quejándose de los pocos cuidados de un señor de apellido Riera (a quien habría sido cedido como “préstamo”). Finalmente le pedía en la misiva autorización a su amo para regresar a Corrientes. Poco después retornó a su provincia y permaneció en Saladas.
De corceles y de acero  
El 3 de noviembre de 1812, integrando un contingente de setenta y dos correntinos, se embarcó en la “Pura y Limpia Concepción” del patrón Pastor Pérez. Al mando del Teniente de Milicias de Voluntarios de Caballería Juan Bautista Parret y Figueroa emplearon cuatro días de viaje. Desde Santa Fe continuaron su itinerario a caballo, arribando a Buenos Aires cincuenta hombres que llegaron al Cuartel del Retiro, el 19 de noviembre. Esa fue la fecha de incorporación de Juan Bautista Cabral al recientemente creado Regimiento de Granaderos a Caballo. Inmediatamente fueron sometidos a instrucción militar.
El 29 de diciembre, el soldado Cabral ingresó al Hospital de Hombres de la Residencia de los Bethlemitas –bajo la administración de los Hermanos de la Orden- y permaneció internado hasta el 3 de enero, sin que se consigne en los registros del hospital el carácter de su dolencia.
Ante la inminencia del intento de desembarco de fuerzas realistas sitiadas en Montevideo por Rondeau, el Triunvirato ordena al coronel José de San Martín marchar por tierra al frente de 125 granaderos, el 28 de enero de 1813, para proteger las poblaciones costeras del Paraná.
Su vida rinde, haciéndose inmortal  
El bautismo de fuego de los granaderos de San Martín, se dio en la emboscada que dicho ejército –mucho menor en número- le preparó a los soldados españoles, en el Convento de San Carlos Borromeo, en la localidad santafesina de San Lorenzo, a orillas del río Paraná, el 3 de febrero de 1813.
En el encuentro frontal cayeron bajo el fuego de los realistas los granaderos de la primera línea. El propio coronel San Martín sufrió los efectos de la decidida resistencia de los invasores; su elegante caballo bayo, cayó mortalmente herido y lo arrastró en su caída al Coronel, quién quedó aprisionado con su pierna derecha bajo el peso inerte del animal muerto.
Inmediatamente a su alrededor se produjo un combate parcial con arma blanca, recibiendo San Martín una ligera herida de sable en el rostro, cicatriz que siempre conservó. Un soldado español se disponía ya a atravesarlo con la bayoneta, cuando uno de sus granaderos, Juan Bautista Baigorria lo traspasó con su lanza.
Al ver que la tropa enemiga, se acercaba con bayonetas, sin dudarlo, el soldado Juan Bautista Cabral, desmontó y ayudó al Coronel a incorporarse sacándolo con dificultad, arrastrándolo luego entre los muertos y heridos hasta alejarlo un poco del peligro.
Por testimonio de Manuel Escalada (quien luego se convertiría en cuñado de San Martín), -según atestigua Pastor S. Obligado– sabemos que el coronel San Martín “sacado de abajo el caballo por Cabral, atolondrado por el golpe, a pie en medio de los caballos que corren, le grita a Escalada, ayudante en comisión aquel día: ¡Reúnan al Regimiento y vayan a morir!”.
Prácticamente desvalidos, Cabral y San Martín quedaron en medio de la contienda. Sin dudarlo, Cabral usó su cuerpo como escudo entre las bayonetas realistas y San Martín. Tras este acto heroico en el que resultó gravemente herido, una vez terminada la batalla, fue llevado al refectorio del Convento que hacía las veces de hospital de campaña, en donde murió.
La libertad naciente…    
El combate se resolvió en fracción de minutos a favor de las tropas independentistas. Al crepúsculo fueron recogidos los cadáveres del campo. Posteriormente, los padres lorenzinos les dieron cristiana sepultara junto al muro de la huerta del convento al pie de unos cipreses (según consta en el Boletín de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos).
Juan Bautista Cabral era un granadero sin rango. La posteridad lo ascendió a Sargento en un acto justiciero y espontáneo. Fue inhumado con sus otros trece compañeros de gloria.
Luego, el propio San Martín, escribió una carta dirigida a la Asamblea General del Año XIII, y en ella comentó que en su lecho de muerte, el soldado Juan Bautista Cabral –ya anoticiado de la victoria– dijo como últimas palabras: “¡Viva la Patria! Muero contento, por haber batido a los enemigos”.
Honor, honor al gran Cabral!   
En 1881, el jefe del Parque Nacional, coronel Domingo Viejo Bueno, encargó al escultor Camilo Ramairone que modelase una estatua de Cabral. Se fundió en bronce en los talleres del Parque, utilizando algunos cañones antiguos. En 1883 el gobierno Nacional le cede al gobierno de la provincia de Corrientes el cual se colocó en la plaza que tiene su nombre en la capital de esa provincia, en medio de una fiesta popular el 9 de julio de 1887.
Por su parte, Adolfo P. Carranza, menciona, en el libro “San Martín”, la existencia de un acta suscripta en San Lorenzo el 22 de marzo de 1894, que lleva las firmas de Fray Domingo Delfino, a la sazón guardián del convento y del propio Carranza, director del Museo Histórico Nacional, donde consta que los despojos de Cabral fueron inhumados en el “Camposanto” del monasterio, lugar en el cual San Martín le erigió un cenotafio que ha desaparecido. Una placa de mármol rezaba:
“A la memoria de Juan Bautista Cabral muerto en San Lorenzo el 3 de febrero de 1813, su abnegación salvó la vida del Libertador”.

ALGUNOS HOMENAJES EN AZUL

La Comisión Vecinal del Barrio San Francisco de Asís elevó al Concejo Deliberante un expediente mediante el cual se solicitaba la imposición de varios nombres para las arterias del barrio, entre ellos Sargento Juan Bautista Cabral para denominar a la Calle N° 100 entre las calles General Paz y Comandante Matías B. y Miñana. Esto fue impuesto mediante la Ordenanza N° 399, sancionada el 29 de septiembre de 1986.
Como con otras calles paralelas hubo sucesivos problemas, superposiciones y demás conflictos propios de errores en las normas o irregularidades en los trazados de las calles, fue necesario dictar una disposición definitiva. Finalmente, a través de la Ordenanza N° 1.526, aprobada el 14 de abril de 1997, se modificó la designación de las calles teniendo en cuenta “los nuevos complejos habitacionales, la demarcación y apertura de nuevas calles.”. Esta norma le asignó irrefutablemente el nombre de “Sargento Juan Bautista Cabral” a la Calle N° 100, y sentenció en su artículo 2°: “Derogase toda otra norma que legisle sobre el tema”.
La Escuela EGB Nº 21, también fue bautizada con el nombre del heroico Cabral.
Tiempo antes, en 1980 la Comisión Vecinal del Barrio “Villa Azul” (primigeniamente “Barrio Obrero”), solicitó al Municipio la designación del barrio como “General San Martín”. Asimismo sugirieron los nombres de “Sargento Juan Bautista Cabral” para designar a la Plaza del barrio (Intendente De Paula –ex Uriburu-, Santa Cruz, Cruce de los Andes y Fuerte Federación), y “Cruce de los Andes” a una de sus calles interiores.
Como pronta respuesta, el intendente designado Carlos Manuel Ricardes, el día 15 de agosto de 1980 firmó el Decreto N° 297, considerando entre otras cosas: “Que el Sargento Juan Bautista Cabral fue sin saberlo jamás, columna principal de la vida del Libertador, presente para siempre ya que “murió en el campo del honor pero vive en nuestros corazones”, contribuyendo a concretar en potente síntesis a aquella personalidad magnífica (…)”.
De esta manera, mediante los tres primeros artículos de la disposición se impusieron los nombres sugeridos rindiendo -según reza el decreto- un “homenaje sencillo pero pleno de gratitud al General San Martín; al Sargento Cabral y al valor de todos los hombres que en la tremenda soledad y silencio atravesados por las borrascas los hicieron por siempre primeros en la guerra y primeros por siempre en el corazón de los argentinos”.
La tarde del domingo 22 de agosto de 2010, ante una nutrida concurrencia de vecinos, se presentaron las mejoras realizadas en la Plaza Sargento Cabral. El entonces intendente Omar A. Duclós descubrió el busto del Sargento Juan Bautista Cabral, obra realizada por el artista plástico Sebastián Del Prado.
 
 

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