Cada fracaso es una enseñanza

Muchas veces una persona fracasa. Muchas veces también se caen. Pero también muchas veces se levantan. Si te caes diez veces tenés que levantarte doce veces escribió Almafuerte.

Levantarse es volver a empezar, a confiar, a salir a la cancha con más humildad, con ganas de superación apostando a las pequeñas cosas que suceden todos los días. El fracaso dignifica, hace elevar, superarse y reinventar más allá de haber caído. La clave es el aprendizaje, pero más aún es saber si se quiere aprender y correr riesgos. Sino la mejor estrategia para el “éxito” es no hacer nada y criticar al que hace, al que se equivoca, al que se supera.

Comúnmente, cuando se habla de fracaso automáticamente se lo asocia con la frustración, cuando las cosas no salen bien. Cuando alguien vive una situación así: “se cae el mundo”, se sufre una desintegración emocional cuando las expectativas no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido.

¿Se está preparado para perder? ¿Se enseña en la casa, en la escuela y en la comunidad toda que el fracaso es clave para superarse, para lograr el tan ansiado triunfo?

La sociedad en general estimula la competitividad y estigmatiza a los perdedores, a los fracasados. Los ganadores son encumbrados e idolatrados, mientras que los perdedores son mal vistos y obligados a pagar por sus fracasos.

La familia, la escuela, los medios de comunicación deberían enseñar a las personas a asumir sus derrotas y digerir los fracasos sin traumas. Es que, en caso contrario, los fracasos perjudican la capacidad de reacción y afectan al bienestar personal, por ende atentan potencialmente contra el desarrollo.

Es importante trabajar en el reconocimiento de los fallos y de las limitaciones personales para desarrollarse más en los procesos de aprendizaje y en la incorporación de nuevos conocimientos.

El desafío es potenciar las propias fortalezas y virtudes, y realizar una autocrítica. Si se lo hace por uno o por otros, o si realmente apasiona y moviliza lo que se está realizando. Porque a veces el fracaso simplemente es cargar con las necesidades de otros que llevan a uno a ser responsable de esa derrota o tercerización de la culpa.

Un entrenador de futbol, después de perder su equipo dice siete palabras claves: equipo, proceso, hacer, aprender, crecer, orgullo y honor. Esto es aprender del fracaso. Esto mismo se debe proyectar a lo que es una comunidad, integrada por seres humanos.

Séneca decía que una persona inteligente supera una derrota, pero un idiota jamás supera una victoria.

Las derrotas como los fracasos y las frustraciones deben ser enseñanzas para despertar el ansia de superación que tiene todo ser humano. No comprender esto seguramente se vivirá en un estado de mediocridad y de frustración, siendo tan idiota, según Séneca, que no se asume la culpa propia trasladándosela a un tercero.

¿No será esto lo que le está pasando a los argentinos? ¿Cuando aparece un inconveniente es más fácil responsabilizar a otro y no asumir sus propias culpas?  ¿O bien falta la autocrítica y reconocer lo que se hizo mal y se lo asimila como una enseñanza que lo lleva a uno a superarse?

 

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