HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL Y LUJÁN

Capítulo I (segunda parte): Amalgama de leyenda e historia

En la imagen se aprecia una reproducción exacta del aspecto original de la Virgen de Luján. La manufactura de la imagen de la Virgen es brasileña, hecha en terracota (tierra cocida) en el valle de Paraiba, San Pablo, donde en el siglo XVII, había una importante producción de esculturas. A través del tiempo, tras numerosos cambios, tomó su aspecto actual. Poco después de que  la autoridad eclesiástica autorizara oficialmente el culto público a la “Pura y Limpia Concepción del Río Luján”, Ana de Matos y Enzinas donó un terreno para la realización de la primera capilla en el año 1677, lugar distante unos 50 metros al Este de donde actualmente se encuentra la Basílica de Luján.
<
>
En la imagen se aprecia una reproducción exacta del aspecto original de la Virgen de Luján. La manufactura de la imagen de la Virgen es brasileña, hecha en terracota (tierra cocida) en el valle de Paraiba, San Pablo, donde en el siglo XVII, había una importante producción de esculturas. A través del tiempo, tras numerosos cambios, tomó su aspecto actual.

Por Luis Sola y Eduardo Agüero Mielhuerry

EL DATO:

“Historias y personajes del Azul y Luján” es publicado en simultáneo cada domingo en nuestro diario y en “El Civismo” de Luján.

El primer relato escrito del prodigio de la “Limpia Concepción del Luján”, fue redactado por el sacerdote mercedario Pedro Nolasco de Santa María en 1737, sin especificar el lugar ni la fecha, pues ocurre “en aquel tiempo que el Reino de Portugal estaba sujeto a la corona de Castilla”. Posteriormente, en 1812, el padre Felipe Maqueda restringe la fecha a “los años de 1630”. Es el padre Salvaire, en su historia de 1885, quien transforma la década en año. Y la notable ausencia de testimonios hasta 1637 sobre la ermita inaugural, no acredita ni desmiente aquel año de 1630, cuando arriba Manuel.

A excepción de la vera del río Luján, los dos primeros relatos no indican el sitio del milagro. La tercer historia de 1885, ubica el prodigio en la Cañada de la Cruz, en la estancia de “Rosendo de Oramas” en la triple frontera de Luján, San Andrés de Giles y el partido de Exaltación de la Cruz. Los descubrimientos del historiador Raúl Molina, permitieron determinar en la investigación continuada a partir de 1977 por Monseñor Juan Antonio Presas, que “la estancia del milagro” de Diego Rosendo medio hermano de Juan de Oramas, se ubica cercana a la actual estación Villa Rosa, del partido de Pilar, a más de treinta kilómetros de Luján.

 

De terracota y amor

La manufactura de la imagen de la Virgen es brasileña, hecha en terracota (tierra cocida) en el valle de Paraiba, San Pablo, donde en el siglo XVII, había una importante producción de esculturas.

Mide aproximadamente 38 centímetros. Su rostro es levemente moreno. Está de pie sobre un nimbo de nubes donde aparecen cuatro cabezas de ángeles. A ambos lados de la figura se ven las puntas de la luna en cuarto creciente. Tiene las manos juntas sobre el pecho.

Estaba totalmente policromada, siendo el manto azul cubierto de estrellas, y la túnica roja. El sacerdote De Los Ríos, en una visita canónica a Luján en 1737, dispuso que cada tres meses se renovara el vestuario de la Virgen.

Posteriormente, Salvaire le agregará el conjunto de rayos a su espalda. En la rayera gótica puede leerse: “Es la Virgen de Luján la primera Fundadora de esta Villa”.

En aquel mismo año de 1737, el Alférez Real Don Juan de Lezica y Torrezuri, enfermo, visita a la Virgen. El agua de manantial y el aceite de las lámparas que iluminaban la imagen sagrada se convierten en medicina para el nacido en Vizcaya, España. Lentamente, en el transcurso de los años anteriores se iba formando la aldea por –al menos- tres factores. Primero, el “Pago del Árbol Solo” donde se asentaba la Estancia de Ana de Mattos, -paso obligado de comercio a Chile y Perú-, fue solamente un sitio de cruce del río sin población estable y tampoco la donación de tierras para la capilla dio origen inmediato al poblado. Segundo, los ataques indígenas impulsaron por entonces a las personas a la aglomeración como estrategia de defensa. Y por último, pueden considerarse las fuertes creencias religiosas que habrían reunido a los cristianos en derredor de la Virgen, varias décadas después de la donación. Así, la primitiva población de Luján carece de fecha fundacional y su origen poco común, se debe a múltiples causas coetáneas.

En 1748, estando quebrantada su salud, Lezica y Torrezuri retornó a Luján y recobró su lozanía nuevamente. En agradecimiento, decide levantar un nuevo santuario que reemplace a la ya vieja y ruinosa “Capilla de Montalvo”. Casi una década después de iniciada la construcción, se inauguró el nuevo tempo el 8 de diciembre de 1763, retribuyendo el amor a la Virgen por su sanación.

 

La Virgen y Luján en la Historia

También por obra del vizcaíno, el caserío se había transformado por Real Cédula de 1759 promulgada por el Rey de España Fernando VI, en la “Villa de Nuestra Señora de Luján”, constituyendo el único Cabildo de la campaña con antelación a la conformación en 1776 del Virreinato del Río de la Plata.

El último malón que asoló a Luján, en 1780, no revistió mayor gravedad “gracias a la Virgen” a quien se le atribuyó la formación de una densa niebla que impidió la incursión indígena en el centro de la Villa.

Más tarde, durante las primeras invasiones inglesas, Luján se convirtió en el centro de las acciones preliminares de la reconquista de Buenos Aires. Las tropas de criollos y paisanos, que lograron reunir Juan Martín de Pueyrredón, Martín Rodríguez y Antonio de Olavarría, portaban unas cintas celestes y blancas de “la medida de la Virgen”, de 38 cm de largo, que los identificaba. Si bien fueron derrotados en las Chacras del Perdriel, la agrupación inaugural constituye el “Hito 0 de la Argentinidad”, hoy señalado por un monumento frente al Cabildo y la Basílica.

Asimismo, la Virgen de Luján ha sido visitada en el camarín del “Templo de Lezica y Torrezuri”, por José de San Martín, Manuel Belgrano, Domingo French y otros próceres argentinos protagonistas de la gesta patriótica, que en agradecimiento a las peticiones cumplidas le han obsequiado numerosas reliquias y ofrendas.

 

La obra de los Vicentinos

En 1872, por decisión del segundo obispo de Buenos Aires, Federico Aneiros, los Padres de la Misión de la congregación vicentina, se hicieron cargo del templo y del cuidado de la Virgen.

Siendo párroco el vicentino Emilio George, llegó a Luján el padre Jorge María Salvaire. En una ocasión posterior, al ver amenazada su vida y considerarse salvado por las súplicas a la Virgen, en 1886, presentó al Papa León XIII, la petición del Episcopado y de los fieles del Río de la Plata para la coronación de la Virgen. El Pontífice bendijo la corona y le otorgó Oficio y Misa propios para su festividad. La coronación canónica se realizó el 8 de mayo de 1887. Desde entonces se colocó la Imagen sobre una base de bronce y se le adosaron la rayera gótica con la inscripción: “Es la Virgen de Luján la primera Fundadora de esta Villa” y una aureola de doce estrellas.

En 1904, Juan Nepomuceno Terrero, obispo de La Plata –Diócesis a la que por aquel entonces pertenecía Luján-, ante el evidente deterioro de la imagen a causa de la desintegración de la arcilla, mandó hacerle una cubierta de plata, que dejó a la vista solo el rostro y las manos. Dicha cubierta, de autor anónimo, es de perfil cónico y está compuesta de dos piezas que se unen en el costado de la imagen. La frontal remeda túnica y manto. Ambas están repujadas y cinceladas imitando telas con roleos vegetales y un galón en el borde del manto.

La cubierta de plata sólo se hizo para preservar la figura de María, porque se la siguió vistiendo con trajes de tela. Desde esa época se le superpone el cuarto creciente por delante del manto con que se la viste. Es ya tradición que dicho manto se le cambie una vez al año, en fecha cercana al 8 de mayo, día de la Coronación.

 

A través de los siglos

El extenso camino transitado por la Virgen de Luján a través del tiempo amalgama diversos episodios que tienen su asidero en hechos reales, mientras otros tantos fueron “aportes” que se realizaron con diversas intencionalidades, buscando primordialmente capturar la devoción de un mayor número de fieles.

Sin embargo, más allá de lo que se pueda escribir o contar, sin lugar a dudas, la Patrona de la Argentina, Uruguay y Paraguay despierta en los corazones de sus fieles los más puros sentimientos que los conducen por la senda de la Fe, lo cual en buena medida quedará en evidencia en el próximo capítulo de este trabajo…

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *