CARICIA

Editorial

Siempre vienen bien las palmadas en el hombro. Y más cuando la vida nos pone frente a situaciones de crisis que nos quitan el aliento. Esto, que es una verdad de Perogrullo en nuestra cotidianeidad como seres humanos, lo es también para las empresas, más aún cuando estas son -como es el caso del diario El TIEMPO- organizaciones comprometidas con sus integrantes y con la comunidad a la que sirven.

Por todo esto, la convocatoria a los “azuleños” para que “no dejemos que EL TIEMPO calle su voz” ha sido una caricia en el alma para quienes desde hace más de 85 años venimos alimentando este querido proyecto editorial.

Desconocemos la autoría de quien tuvo la idea de “panfletear” la ciudad con ese mensaje, pero su iniciativa nos demuestra que, fuera de nuestro entorno cotidiano, hay quienes están dispuestos a defender la permanencia de este matutino, de la misma manera que lo haría con otras instituciones representativas de la comunidad.

Es cierto que pasamos, como se lo hemos venido contando a nuestros lectores, por los mismos y aún más graves problemas de sustento que todo el sector de medios gráficos del país, pero iniciativas como la descripta – una comunidad que se preocupa por nuestra situación y proclama por la calle la necesidad  de dar continuidad a nuestra voz- nos impulsan a no claudicar. Alguien nos mira y observa, y seguramente le interesa “poner manos a la obra” para que este medio de comunicación extienda su vigencia e inserción.

Por ello, estamos abiertos a sus propuestas y sugerencias.

Es cierto que nuestros problemas son en gran medida financieros y en parte económicos, y serán bien recibidas y consideradas opiniones y alternativas en este sentido. Pero hemos aprendido con el devenir de los años que el dinero es sólo un recurso más, y que hay otras cuestiones que son claramente importantes para momentos como el que vive la “familia tiempista” en su conjunto. Por eso, también nos gustaría recibir propuestas de contenidos y/o publicar las palabras de aliento de todas las personas de buena voluntad que nos hagan llegar sus estímulos.

No pretendemos otra cosa que el apoyo de la comunidad con la que mutuamente nos hemos visto crecer. De ahí que reconozcamos el valor de una pancarta como esta: “Azuleños. No dejemos que EL TIEMPO calle su voz”.

 

 

 

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