RELATOS DESDE EL ENCIERRO

Carlos Eduardo

“Mi padre es una prisión, mi madre un sistema. Soy lo que ustedes me hicieron. Los miro y me digo, ustedes quieren matarme  y yo estoy muerto. Toda mi vida estuve muerto”. Charles Manson

Escribe: Matías Verna (*)

Carlos Eduardo se aferra a la carretilla verde y recorre toda la cárcel juntando mierda de las cloacas. Hunde las manos y saca de los caños las pestes subterráneas más grandes. Aparta las ratas como si fueran ramas secas. Es inmune a todo. Nada lo conmueve. El tiempo no significa nada. Ya está todo perdido. Papá y Mamá murieron. No tiene hermanos y cualquier relación de parentesco se ha esfumado.

Vive solo en la celda 720 del pabellón 10. Se nebuliza para poder esperar la libertad si los pulmones se lo permiten. No sale al patio y espera los domingos para escuchar los partidos de River.

-un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once. Once dicen que maté encargado ¿usted puede creer?- me pregunta con sus ojos celestes clavados en mi miedo difícil de disimular. Camina arrastrando los pies y luce un pantalón de shoggins azul y un buzo de Cleveland University.

Carlos Eduardo no lee más. De vez en cuando alguna negativa de libertad, salidas o cambios de régimen; pero nada más. Hubo una época en que con un carro cargado de libros visitaba las celdas promocionando lecturas o revistas Reader Digest o novelas de Corín Tellado. Algunas novelas de Julio Verne o de la colección Salvat.

Asoma la cara a los barrotes y ve soledad. El frío de las sierras le penetra el cuerpo y sueña con la Antártida – ahí me voy a ir cuando salga, al continente blanco y si me joden los mato a todos- grita.

Desde el gobierno de Lanusse hasta esta parte sigue encerrado. Sus pasos se atrofiaron aunque crea o imagine lo que hay más allá. Sueña con Olivos y la Escuela Técnica. De vez en cuando espera que el Diario Crítica pase por debajo de su celda o que Mochín Marafioti le dedique una canción en Algo Para Recordar.

Carlos Eduardo Robledo Puch Habendack es de hierro aunque lentamente se va doblando. Los magistrados quieren su causa para tener una anécdota, pero nadie firmará su libertad. Nunca.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *