ENFOQUE

Carreras de caballos

La imagen es una carrera de caballos en General Alvear, en la calle Hipólito Irigoyen partiendo del frente de la Municipalidad. Las Carreras de caballos se hacían después de las Carreras de Sortijas, de rayero, “Chito” Trezza. Es en la década del 40 con calles sin asfalto y pocas casas. Seguro está que el ganador es el tordillo de Canesa, que vivía enfrente de la plaza, en la casa actual de la Joyería Federici.
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La imagen es una carrera de caballos en General Alvear, en la calle Hipólito Irigoyen partiendo del frente de la Municipalidad. Las Carreras de caballos se hacían después de las Carreras de Sortijas, de rayero, “Chito” Trezza. Es en la década del 40 con calles sin asfalto y pocas casas. Seguro está que el ganador es el tordillo de Canesa, que vivía enfrente de la plaza, en la casa actual de la Joyería Federici.

Por Lis Solé

¡Largaron! ¿Quién puede sustraerse a ese grito? Las carreras de caballos están siempre presentes. Correr con caballos es la diversión más antigua que existe. Recuerdo las disparadas al salir de la Escuela N 8 de la Colonia “Fortín Esperanza” para ver quién ensillaba primero. Por supuesto, las recomendaciones de la maestra de no correr, pero a la cuadra se escuchaba un solo trotar, gritos y la carrera se largaba a pura lonja y talón hasta el siguiente palo, tranquera o cruce.

Hay muchos tipos de carreras pero la más divertida es la “Carrera del Dormido” que trae los recuerdos del opa opa de los arreos y los descansos: el recado está en el suelo y el jinete, acostado sobre él. Al grito de: ¡Se va la tropa! el paisano se levanta rápido, ensilla el caballo y sale a los corcovos para la llegada.

Las carreras al salto o de convite son las más espontáneas, las de verdad. La misma que hacían los chicos en la escuela… Tener un caballo, mirar al otro y la pregunta infaltable: ¿Corremos? Y no va a faltar alguno que “salta” y ahí nomás se armó la carrera.

Al campo toda la familia campera va. Grandes y chicos las esperan para pasar un buen día de asado, chorizo y algún vino. Pero cuando empiezan, todos se van al alambrado para no perderse nada. Allá a lo lejos se ven los caballos y jinetes nerviosos, y al costadito, un paisano con la gorra al aire. Cuando ve que están todos preparados, tira la gorra arriba y salen los potros. Es incomparable: caballo y jinete salen “como alma que la lleva el diablo”, los cascos se hunden en la tierra que tiembla mientras todos contienen la respiración.

En los pueblos las carreras de caballos eran en las calles de tierra. En General Alvear, primero, en la calle Hipólito Irigoyen pasando frente a la Municipalidad, después en la 25 de Mayo o en la Rivadavia (actual Papa Francisco). Los boliches y la cantina a full. Antes no se tomaba cerveza, el vino era lo popular y de sentado, en el boliche. Cuentan que al grito de ¡Largaron! todos salían corriendo para ver pasar la carrera y un gaucho picarón de acá, con mucha sed pero poca plata en el bolsillo, se vaciaba las copas que quedaban sobre las mesas. Esos cuentos de pueblo que no son tan cuentos…

Carreras de ayer, carreras de siempre, costumbres de pueblo que no quieren quedarse en el recuerdo.

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