CINE EN EL MUSEO

Hoy, a las 20, la Asociación Amigos del Museo López Claro y el profesor Alain Chedeville prosiguen el ciclo de proyecciones cinematográficas. El precio será de $30 para socios y estudiantes de francés y de $40 para no socios. Se proyectará entonces la película del realizador finlandés Aki Kaurismäki, El otro lado de la esperanza (Toivon tuolla puolen) (2017) con un elenco que integran Sherwan Haji, Sakari Kuosmanen y Ilkka Koivula, una duración de 1h40 y subtítulos en castellano.

Dijo la crítica:

“Su arte despojado nunca pareció más útil. En un mundo que se relata cada vez más como una serie de televisión dramática y charlatana, Kaurismäki va a lo esencial. “Showers?”, es la primera palabra que escuchamos: habiendo huido de Alepo, en Siria, y llegado a Helsinki escondido en un montón de carbón, en un barco de carga, Khaled busca las duchas. Por empezar, jabón. Antes de tratar de reconstruir su vida. Lo que también preocupa al finlandés Wikström: dejó a su mujer, que le prefería el vodka, y empieza de cero. Felizmente para Khaled, Wikstöm, quien jugó su porvenir al póker, estará allí para ayudarlo.
La solidaridad es lo esencial. Como en los tiempos del Ejército de Salvación o de la sopa popular, en El Hombre sin pasado (2202). Como en El Havre (2011) en que un chiquillo llegado clandestinamente de Gabón es recogido por un lustrabotas. Si Kaurismäki nos habla hoy, de nuevo, del destino de un migrante, es para que oigamos esta necesidad de fraternidad aún más urgente. La realidad se ha endurecido. Cuando Khaled es interrogado por las autoridades finlandesas sobre su itinerario y cuenta las violencias sufridas, el decorado frío de la pieza nos dice que ya no hay lugar para la compasión. El sirio no necesita protección y puede ser devuelto a su país, consideran las autoridades. En una pantalla de televisión se ven la imágenes de Alepo en ruinas. (…)
En su universo tan personal, Kaurismäki hace entrar al mundo de hoy como una evidencia. Están los nombres de países que suenan en el relato de Khaled, Turquía, Grecia, Eslovenia, Alemania, Polonia… Está la ropa colorida de los africanos, en el albergue de Helsinki. Y también un exotismo lleno de fantasía. Wikström le vende camisas a una comerciante que se va a México para bailar hula hula como en Hawái. Y cuando cambia de vida, compra una cervecería donde el precio del arenque se aficha aún en marcos finlandeses, para transformarlo en un restaurant japonés. La esperanza se encuentra en esas vidas mundializadas que inspiran escenas burlescas y tiernas, y que hacen caer al drama del lado de la comedia.
El otro lado de la esperanza es un film más juvenil que los anteriores, pero al mismo tiempo más reflexivo. Entre la sombría realidad y la liviandad que permite sobrevivir en ella. Entre los recuerdos y el cambio. Entre Khaled y Wikström. Un sirio y un finlandés que, con su cabello engominado, son bellos de ver. Su heroísmo es el humanismo.”

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *