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30-09-2018

Amalia Mármol ratificó ante la justicia cómo fue ejecutado su esposo en 1955


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EXCLUSIVO: A SESENTA Y TRES AÑOS DEL ASESINATO DE MANUEL CHAVES, LIDER DE LA CGT AZUL 

Las declaraciones fueron halladas por el autor en el expediente del “Caso Chaves”. Durante sesenta años las mantuvo en “reserva y custodia” en su archivo personal uno de los líderes de la “Revolución Libertadora”, el almirante Isaac Rojas. A pesar de estar bajo intimidación y a manos de los golpistas, la esposa de Chaves reafirmó sus declaraciones: negó la existencia de una reunión conspirativa de la CGT en su casa y el uso de armas de fuego por parte de su esposo. El ejemplo de valentía y lucha de una mujer que quedó desamparada junto a sus cuatro niños. Enfrentó a la dictadura en plena tragedia.

Por Marcial Luna

mluna@diarioeltiempo.com.ar

Foto de Boda de Amalia Mármol y Manuel Chaves, el 28 de enero de 1939. FOTO GENTILEZA FAMILIA CHAVES 
EL DATO:

Fuentes utilizadas en el artículo:

-Expediente ARA-DGH 26.1030 (R) “C” 1955 (recuperado del archivo personal del exalmirante Isaac Rojas).

-El Tiempo, 15.9.1994, entrevista del autor con los hijos de Manuel Chaves. Anticipo en edición dominical. (Para el recuadro, El Tiempo, 14 de enero de 1977).

-Luna, Marcial. Chaves, el primer fusilado de la Libertadora (última edición del libro, ampliada, CTA Ediciones, Buenos Aires, 2017).

La madrugada del 23 de septiembre de 1955 Amalia Damiana Mármol, la esposa del dirigente de la CGT Azul Manuel Chaves, vivió una experiencia execrable que ni siquiera había sufrido en pesadillas: para salir del cuarto en el que fue retenida por marinos, debió pasar por encima del cadáver de su esposo, acribillado a balazos momentos antes en el suelo de baldosas del patio del hogar familiar.

Días después la viuda continuó resistiendo el maltrato de las fuerzas militares de la autodenominada “Revolución Libertadora” y fue obligada a declarar bajo una violenta e intensa presión. A pesar de ello no se desdijo de su declaración original; tampoco cedió a las presiones para revalidar los datos que los “libertadores” pretendían certificar bajo expediente.

La historia de Amalia Mármol y Manuel Chaves había comenzado veinte años antes de la noche luctuosa del 22 de septiembre, en las inmediaciones del penal de Sierra Chica, a unos cuarenta kilómetros de Azul.

Hacia el altar   

Se conocieron en los años ’30 Amalia y Manuel. Éste, por entonces era escribiente de la policía en su ciudad natal de General Guido. Con frecuencia se le encomendaba el traslado de detenidos desde la comisaría del pueblo hasta el penal de Sierra Chica, en el Partido de Olavarría.

Allí conoció a Roque Jacinto Mármol, uno guardiacárcel. Trabó amistad rápidamente, a tal punto que Roque invitó a Chaves a almorzar a su casa. La escena se repitió en varias oportunidades y en ese entorno familiar Manuel conoció a Amalia, una de las hermanas de Roque.

El noviazgo se extendió un tiempo y no demoraron en llegar al altar: el 28 de enero de 1939 contrajeron matrimonio. De acuerdo con el certificado del Registro Civil, Manuel Chaves tenía 25 años de edad, era soltero y de profesión “empleado”. Amalia también tenía 25 años, soltera y ocupada en “labores” (como se denominaba entonces a las tareas hogareñas).

Una vez celebrado el matrimonio en Olavarría, Manuel y Amalia se establecieron en la casa de los Chaves, en General Guido. Ella se dedicó a las atenciones del hogar colaborando con las demás mujeres de la familia. Manuel continuó con sus servicios en la comisaría del pueblo.

Los hijos no tardaron en llegar: Rubén Omar Chaves nació en Dolores, el 12 de febrero de 1940; Manuel Oscar en Olavarría, el 11 de mayo de 1941; Carlos Ovidio en Hinojo, el 19 de enero de 1943; y Angélica Amalia en General Guido, el 28 de noviembre de 1945 (única sobreviviente de la tragedia al día de hoy).

La ejecución  

En Azul, Manuel cambió de empleo. Se incorporó a la Escuela Normal como bibliotecario y poco después se afilió a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), donde comenzó su formación sindical. En los años cincuenta fue electo delegado de la CGT Regional Azul.

Cuando se habían trasladado hacia Azul desde Guido, los Chaves alquilaron una vivienda en Córdoba 869. Allí irrumpió un piquete de la Marina la noche del 22 de septiembre de 1955 y ejecutó al concejal justicialista y dirigente cegetista Manuel Chaves con tres tiros en la cabeza. Días antes se había iniciado el golpe de Estado contra el gobierno de Perón.

El informe policial, incluido en el peritaje del expediente que la propia “Libertadora” ocultó durante seis décadas, detalló específicamente: “[…] Se observa junto al cuerpo de Chaves tres baldosas picadas al parecer de reciente data por impactos de proyectiles, secuestrándose de ese lugar dos plomos que se encontraban en el piso, al parecer correspondientes a pistola calibre 45 mm., como así también cuatro cápsulas de este último calibre y tres cápsulas pertenecientes a fusil o carabina, al parecer calibre 7,65 y en los alrededores, es decir a unos cuatro metros de donde se encontraba el cuerpo de Chaves rumbo a la calle se encuentran sobre el piso, que lo es de tierra y entre los pastos y plantas dos cápsulas más de pistola 45 mm. y dos más del mencionado fusil […]”. [Informe del comisario de Policía de Azul Ignacio Laurentino Curtoy en la escena del crimen]. Indica que Chaves fue rematado en el suelo.

Por su parte, el médico forense de la policía, doctor Aldo Soriani —que en el acta de defunción escribió como causal de muerte “herido de bala. Homicidio”— expuso el 23 de septiembre de 1955, en un informe ante el comisario, la observación meticulosa del cadáver de Chaves.

En los párrafos más significativos indicó: “[…] He examinado el cadáver de Manuel Chaves, el que presenta las siguientes lesiones: herida de bala con orificio de entrada en la región axilar derecha con una dirección de abajo hacia arriba y de derecha a izquierda con orificio de salida a nivel del cuello en su cara lateral derecha y siguiendo la trayectoria penetra nuevamente en el cuello cerca de la región maxilar inferior, atraviesa la base del cráneo y tiene su orificio de salida en la región parieto-frontal izquierda; heridas de bala con orificio de entrada en la región frontal derecha, región frontal media y región maxilar superior izquierda con orificios de salida en la región occipital. Además presenta una herida desgarrada en la región posterior del muslo izquierdo”.

Soriani agregó finalmente: “La causa de la muerte se halla claramente establecida ya que cualquiera de los impactos ha sido mortal en forma instantánea provocando el estallido del cráneo, por lo que no se hace necesaria la autopsia médico-legal”.

Amalia Mármol en el sepelio de su esposo, el 23 de septiembre de 1955, un día después de ser acribillado por un piquete de la marina durante el golpe de Estado. FOTO GENTILEZA FAMILIA CHAVES

El “paseo”   

Manuel Oscar Chaves, uno de los hijos del sindicalista ejecutado en 1955, en una entrevista con el autor de este artículo realizada el 14 de septiembre de 1994, recordó: “Todo estaba agujereado, las paredes, los vidrios, todo hecho pedazos... Se contaron más de cincuenta tiros ahí”. Su madre, Amalia, cuando pudo salir de la habitación con sus hijos, «tuvo que pasar por encima [del cadáver] de papá».

Una vecina de la familia Chaves, Dora Nélida Palmisano, hizo memoria de algunos aspectos, también en 1994: “Los chicos de Chaves pasaron a casa de mis padres. Esa noche [la del 22 de septiembre de 1955, cuando fue asesinado Manuel Chaves] mi padre se descompuso del corazón, hubo que llamar al médico, al doctor Leopoldo Lapenta, porque el tiroteo, lo que pasó, lo afectó mucho. Yo recuerdo que a mí me avisaron a las horas. Yo estaba por tener familia. Era septiembre y mi hija nació en octubre. La policía no nos dejaba entrar a casa de mis padres... Cuando pudimos entrar estaban doña Amalia y los chicos, que eran una escalerita […] Papá, cuando escuchó el tiroteo, salió por la ventana a mirar. Vio tantos militares juntos que se descompuso. Me acuerdo también de doña Amalia, era una santa. Después que lo mataron a Chaves, la gente había tomado la cuadra como un paseo. La calle Córdoba parecía la vuelta del perro. Pasaban y miraban hacia la casa de los Chaves como si fuera una cosa llamativa.”

Intimidación “Libertadora”  

Los comandos civiles estaban eufóricos. Vivaban la caída del gobierno peronista y la muerte del gremialista azuleño Chaves. Inclusive un militante juvenil del radicalismo admitió haber realizado tareas de “vigilancia” frente a la unidad militar de Azul para observar los movimientos allí producidos por hombres del peronismo.

El 23 de septiembre de 1955 Amalia Mármol de Chaves declaró ante el comisario de Azul.

Habían transcurrido menos de veinticuatro horas del homicidio de su esposo. “[...] la Instrucción se constituye en la finca de la calle Córdoba número ochocientos setenta y siete de esta ciudad perteneciente a la familia de Pedro Palmisano [vecinos], lugar éste donde se hace comparecer a la señora Amalia Mármol de Chaves […] argentina de 41 años de edad, instruida, se ocupa de los quehaceres de su hogar y domiciliada en la calle Córdoba número 869 […] respondiendo a preguntas que se le formulan relacionadas en un todo con el hecho que se investiga, dijo: que ayer [22 septiembre] siendo aproximadamente las veintidós horas llegó a su domicilio su extinto esposo, que lo hacía procedente del centro de la ciudad y después de cenar en unión de todos los de la familia como tiene costumbre hacerlo, cerró con candado la puerta de acceso de la verja que da a la calle, disponiéndose a acostarse; que en tal circunstancia y siendo más o menos las veintitrés horas sintió golpear las manos, saliendo la declarante pudiendo observar que en la vereda, frente a la puerta, había dos personas que al parecer vestían ropas militares, pidiéndole a la dicente que abriera enseguida la puerta lo que no pudo hacer de inmediato en razón que la llave en ese momento no se encontraba en su poder pues estaba colgada debajo del corredor; que seguidamente sintió un disparo de arma de fuego y las dos personas que mencionó penetraron al interior de la finca no pudiendo precisar por [qué] parte lo hacían, llegando junto a la dicente que se encontraba debajo del corredor preguntándole insistentemente por su esposo y en tal circunstancia éste, es decir su esposo, salió del interior de la cocina, donde había ido en busca del reloj, sintiendo la dicente un disparo de arma que partía de una de las dos personas que se encontraban a su lado y a la vez uno de éstos la tomó del brazo y la introdujo dentro de la habitación que [da] a la cocina, encerrándola tomando el picaporte del lado de afuera. Que pasado el primer momento de confusión consiguió salir al corredor de la casa observando que su esposo se encontraba caído debajo del corredor, frente a la puerta por la cual salía la dicente, no pudiendo precisar si tenía algún arma en la mano. Que seguidamente la dicente con sus cuatro hijos de corta edad salió de la casa y saltando el paredón se ubicó en el lugar en que se encuentra actualmente. Que no era costumbre de su esposo usar armar y desconoce si en su poder privado tenía algún revólver, ya que según la conversación que sostuvo con el mismo en la cena por el día de hoy hacía entrega de la Secretaría de la CGT de la cual era delegado y según le manifestó ya no concurría más. Que cree que la totalidad de los disparos efectuados alcanzan a cinco o seis, circunstancia ésta que no la puede certificar en virtud del susto que tenía. Puéstole de manifiesto el revólver secuestrado de figuración en autos, como así sus proyectiles, ante su vista, dice no reconocerlos. […] Que éstos días como tampoco hacía noches hubo en su casa reunión de personas ya que son enemigos de juntar gentes en su casa. Que no puede precisar quién son las personas que llegaron anoche a su domicilio tal como lo expresa en esta su declaración, siéndole para la dicente desconocidos. Que es todo cuanto sabe y tiene que declarar al respecto.”

Facsímil de las declaraciones de la viuda de Chaves ante la Instrucción Militar de la “Revolución Libertadora”. ARCHIVO DEL AUTOR

La ejecución  

En esta primera declaración, la esposa de Manuel Chaves dejó en claro cómo se produjo la voladura del candado. Ello coincidió con el testimonio brindado por sus hijos cuarenta años después del hecho, cuando denunciaron una irrupción del piquete de marinos en su hogar.

Amalia Mármol también aseguró que su esposo no poseía armas sino que además los disparos se hicieron prácticamente a su lado por parte de los efectivos de Marina. Ratificó que tuvo que pasar sobre el cadáver de su marido al salir de la habitación donde había sido “retenida” por el piquete ejecutor.

En el interrogatorio al que fue sometida la viuda resulta cuanto menos llamativa la insistencia en torno a la posesión de armas y municiones por parte del dirigente gremial. La esposa no se amilanó. Por el contrario, no dio fe a ninguno de esos hechos.

Cuatro días después de la primera declaración, el 27 de septiembre de 1955 la viuda de Chaves fue citada ya no por la Justicia Nacional sino por el nuevo instructor de la causa, el Capitán de Fragata Álvaro Gómez Villafañe (juez de instrucción militar). Su declaración fue la siguiente:

“Soy Amalia Damiana Mármol de Chaves, de 41 años, viuda, argentina, quehaceres domésticos, me domicilio en Córdoba 869 Azul. Preguntada: Si reconoce como de su puño y letra una de las firmas que obran en su declaración de fojas 24 y 24 vuelta, y si se ratifica del total contenido de la misma?  Dijo: Sí señor, reconozco esa firma como de mi puño y letra y me ratifico del total contenido de la misma. [los destacados son del autor].

“Preguntada: Sobre los daños producidos en su domicilio? [detalla valores de las roturas de vidrios, ventanas, etc. por los balazos]. Mi esposo trabajaba como Bibliotecario en la Escuela Normal de Azul, con un sueldo de mil pesos mensuales (M$N. 1.000,00) […] Preguntada: Constando en ‘autos’ que su extinto esposo autorizó a tres armerías la entrega de armas y munición a personal; diga si puede dar detalles de esta circunstancia? Dijo: No sé nada al respecto. Mi esposo era Delegado Regional de la CGT Ignoraba las actividades del mismo, fuera de las de su empleo. Dejo constancia que no tengo ninguna propiedad y que alquilamos la casa de Córdoba 869 en sesenta pesos (M$S. 60,00) al señor Salvador Guerrero que vive en Bolívar y Castellar. Posteriormente entregaré un recibo de alquiler a la Instrucción. Preguntada: Si sabe la causa por la cual su extinto esposo hizo un disparo de revólver contra uno de los Oficiales que tenían por misión allanar su domicilio? Dijo: Ignoro todo al respecto […]”.

Sin embargo, no existe en todo el expediente declaración alguna de los tres propietarios de las mencionadas armerías, a pesar de haber sido totalmente factible ello en ese momento.

¿Por qué no declararon los comerciantes de armas? ¿De qué fecha eran los recibos atribuidos a Chaves? ¿Llevaban efectivamente su firma?

La instrucción del expediente no se preocupó por este “detalle”, aunque se observa un marcado énfasis en la última pregunta que el Capitán de Fragata Gómez Villafañe le formuló a la viuda de Chaves: “Si sabe la causa por la cual su extinto esposo hizo un disparo de revólver contra uno de los Oficiales que tenían por misión allanar su domicilio”. Da por sentado el hecho, aunque en el propio expediente no se demuestra.

Amalia Mármol mantuvo el contenido de su primera declaración: nunca había visto armas en su casa y recordó que ese mismo día —de su primera declaración— 23 de septiembre, Chaves había acordado con las autoridades “Libertadoras” entregar las llaves de la CGT y dejarlas en manos de la jefatura militar. Por otra parte, tanto el informe in situ del comisario de policía Curtoy (las tres baldosas picadas por proyectiles), como el informe sobre el cadáver del doctor Soriani, resultan prueba elocuente de cómo fue ejecutado el sindicalista Manuel Chaves en Azul la noche del 22 de septiembre de 1955.

DURANTE LA DICTADURA SE QUITÓ LA PENSIÓN A LA VIUDA DE CHAVES

Con una simple normativa del gobierno de facto, Amalia Mármol, viuda del asesinado dirigente de la CGT Azul Manuel Chaves, fue notificada: desde enero de 1977 ya no percibiría la pensión graciable por parte del Estado provincial. En septiembre de 1955, junto a sus cuatro hijos, había quedado desamparada.

La ley N° 8690 (de la dictadura instaurada en 1976) derogó a la N° 8559 y se publicó en el Boletín Oficial. Llevó las firmas del gobernador general de brigada (RE) Ibérico Manuel Saint Jean y el ministro de Bienestar Social, coronel médico (RE) Joseba Kelmendy de Ustarán.

Los fundamentos son por demás llamativos [el destacado es nuestro]:

“La ley adjunta dispone la derogación de la 8559 que otorga pensión graciable a doña Amalia Mármol viuda de Chaves.

“De los fundamentos de la derogada ley, surge que el favor pecuniario otorgado, no responde a los fines que se deben tener en cuenta para su concesión, sino meros compromisos políticos preexistentes.

“La pensión graciable debe estar circunscripta a casos excepcionales, a aquellos en que por servicios notorios y distinguidos de los causantes, se haya comprometido al agradecimiento de la Provincia.

“La inexistencia de los antecedentes expuestos y la condición de liberalidad que implica la pensión graciable, justifican la inestabilidad a la que está sujeta la misma.

“Por lo tanto, a los poderes del Estado les corresponde la obligación de verificar que se cumpla con la finalidad propia de este instituto y en su defecto el de revocar la norma que da nacimiento al mismo, si no reúne las condiciones exigidas.”




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