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23-02-2019

Pañuelazo por el aborto legal, las nietas de las brujas que no pudieron quemar


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19-F

Simone de Beauvoir las denominó “hacedoras de ángeles”, la Inquisición, “Brujas”. Hoy se las conoce como “socorristas”. ¿Por qué hay mujeres que ayudan a niñas y mujeres a abortar?.



Escribe:

Moira Goldenhörn.

Abogada, docente-investigadora y madre por elección.

Los escandalizadores casos de las “niña madre” de Formosa, Salta y Tucumán, no son casos aislados, sino botón de muestra de la realidad histórica que atravesamos las mujeres que hemos nacido con útero: nuestros cuerpos existen para la reproducción de la especie, sobre cualquier otra intención vital que queramos para nuestra vida.

Da igual que seamos incapaces de gestar y/o de parir y/o de criar, que no hayamos querido ser violadas, que no conociéramos el resultado de los actos, que falle el método anticonceptivo… la regla del patriarcado es que, si un hombre, quienquiera sea, por amor, por la fuerza, por odio, venganza o por curiosidad, vierte sus gametos en nuestro útero, debemos hacer de ellos un bebé, parirlo, criarlo y darle al patriarcado… un ingeniero.

Aunque no tengamos, educación primaria ni comida en el plato, ni cadera capaz de parir ni leche en los pechos, ni tampoco edad legal para adoptar hij@s ajen@s, el patriarcado nos obliga a ser madres biológicas.

Pero bien, ¿qué es esto de las brujas y el aborto? Los registros históricos que persisten al día de hoy dan cuenta que, durante la edad media, el patriarcado pisaba tan fuerte sobre las mujeres que sus cuerpos, los úteros, eran tanto botines de guerra de los conquistadores, quienes se aseguraban la conquista al perpetuar sus genes por la fuerza en las mujeres conquistadas; como objetos de uso para proveer de eventuales herederos a la casa feudal, mediante el “derecho de pernada”, que consistía en el derecho del Señor Feudal a hacer uso –y abuso- del cuerpo de las mujeres habitantes y trabajadoras de su feudo.

Es en esas circunstancias que en los campos europeos toman relevancia las mujeres sabias en el conocimiento empírico y tradicional en partería y medicina fitoterapéutica, quienes ayudaban a las mujeres y niñas a volver a tomar posesión de sus cuerpos y sus vidas.

La Santa Inquisición persiguió a estas mujeres, a quienes incluso se les prohibió progresivamente asistir partos, conforme iba ganando territorio “la ciencia obstétrica” y el médico obstetra, siempre hombre.

Hoy en las ciudades no hay brujas ni hierbas, hay un colectivo de mujeres sororas (ver EL DATO) que comprenden que para recurrir a una práctica tan costosa para el cuerpo y la psique femenina, la niña o mujer posee razones meditadas y válidas para practicarse un aborto.

Estas mujeres, que en lugar de hierbas y conocimiento empírico, usan medicamentos sintéticos y protocolos científicos y acompañan sin juicio valorativo a quienes deciden practicarse un aborto en la esfera íntima, para evitar ser juzgadas por la doble moral social, productora de violadores, que condena a las niñas y mujeres a la maternidad forzada; y temerosas que, al cumplir con la ley solicitando un aborto en hospital, aparezcan señoras de doble moral a exigirle cambie su proyecto vital por el de su violador, o sea, ser madre de la prole de su violador.

Este año se abre un nuevo debate social y legislativo sobre la despenalización del aborto y la llamada “interrupción legal del embarazo”, concepto que abrió la puerta a prácticas que resultaron gravemente vejatorias como la cesárea practicada públicamente a una niña violada cursando 24 semanas de embarazo.

Confiamos en que esta vez, los legisladores y legisladoras quieran leer los proyectos y dictámenes, y que la sociedad se exprese en un debate desde el respeto, la misericordia, la compasión y la ayuda concreta para mejorar las circunstancias reales de vida que transitan miles de niñas y mujeres, con aborto y sin aborto.

Pero con educación sexual integral desde el jardín de infantes para decidir libre y conscientemente qué hacer con su cuerpo y su afectividad; y anticonceptivos accesibles y seguros para no abortar si no se quiere ser madre.

EL DATO:

La palabra sororidad es un derivado del latín soror, que significa hermana y promueve las acciones de hermandad entre mujeres que más allá de sus diferencias han sido víctimas de alguna forma de un sistema patriarcal opresor.



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