FINAL DEL TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN

¿Cómo no soñar así? 

 

Boca ganó merecidamente la primera final y sacó una leve ventaja en la cifra ante Chacarita. Siempre estuvo arriba el conjunto de Di Prinzio-Rígoli y fueron muy pocos los momentos en los que advirtió que la diferencia corría algún riesgo. El próximo domingo, en el Ricardo Infantino, la máxima categoría consagrará un campeón.

La agilidad de Mingochea para escapar de Conti. 
ADRIÁN GELOSI
“Petaca” volador. El gol que puede pesar al cabo de la revancha, el de Palermo cuando el partido terminaba.
NICOLÁS MURCIA
<
>
“Petaca” volador. El gol que puede pesar al cabo de la revancha, el de Palermo cuando el partido terminaba. NICOLÁS MURCIA

Cuando al final del partido, De Stéfano le dijo a EL TIEMPO que “nos vamos contentos pero amargados a la vez”, lo que se trasluce allí es mucho del ánimo del partido, ánimo que fue alimentado por lo que contó el partido. Y el partido contó que Boca impuso sus condiciones a lo largo de todo el cotejo, llevó a un atolondrado Chacarita a su vorágine y le ganó en su propio estadio, misma historia que en la fase regular. El xeneize dominó el cúmulo de emociones que lo arrasan todo en cada rincón de Boca, logró que todos los méritos que habitualmente distinguen la apuesta funebrera se vieran disminuidos y definitivamente comenzó a palpitar que el sueño se vive despierto.

El partido no fue tan cambiante como la tarde, que recién pudo solear luego un buen rato de cielo plomizo, grisado, y pequeños lapsos de lluvia. Tempranamente adquirió cierta escenografía y no se metamorfoseó demasiado. El sureño generando circuitos de juego, sumando pases laterales que, tal vez, pugnaban por desinflar la presión rival, intentando hacerle perder referencias a las puntas de lanza rivales. Después, las ansias de Chaca borrarían casi por completo esa gimnasia en la construcción del juego.

Un desarrollo ágil en esos instantes primarios, fluido por los costados. Boca no tardó demasiado en acomodar los matices del álgido trámite a sus necesidades, aunque no esto no haya significado supremacía o un festival de ocasiones de gol. No. Hablamos de hacer lo necesario para que el tri comience a desconfiar de algunas ideas propias y optase por caminos menos naturales a su esencia.

El xeneize se aseguró de cerrar los senderos internos de Chacarita. Entre Borda y Giacoboni (reemplazante de Elgart) se encargaban del tándem Palermo-Raidigos, de interrumpir esa relación o al menos intentar que se manifieste con la suficiente molestia posible. A la vez, el local mantenía sus reservas acerca del “Chiky” como gestor, como administrador, casi siempre la descarga natural de De Stéfano, Travi o Giacoboni. Y en ese trajinar, en ese juego de mutuas negaciones, perdía el encuentro, pues no había chance de disponer de la pelota para nutrir la ofensiva de uno y otro.

Se habla mucho, y su elocuencia lo justifica, del oportunismo que goza Boca para anotar sus goles. Es como si un psicólogo le recomendase cuándo anotar. Ante Atlético marcó en el comienzo de cada tiempo y ayer volvió a ser tan eficaz como oportuno. A los 47’, una pelota lanzada desde la izquierda por Borda (tiro libre contra el lateral) se abrió camino a las espaldas de tricolores adormecidos y derivó en De Stéfano, quien lanzándose hacia delante con sus piernas empujó al gol. Así, el goleador decía “hola” en el ocaso, en su primera intervención realmente de fuste.

Esa política boquense de ser un equipo bien cimentado en el fondo y jugar al lanzamiento, por momentos en pos de usufructuar el adelantamiento de los centrales sureños, se manifestaba en este gol (aunque a partir del balón detenido) y se multiplicaría en el complemento, cuando Chacarita se sintió movilizado a potenciar la apuesta.

En la nueva etapa, el elenco local ensayó una reacción, motorizada no sólo en la desventaja en el marcador, sino también en el entendimiento de que se debía a sí mismo un mejor rendimiento. El saldo del primer tiempo era una muy escasa relevancia ofensiva y un sentido colectivo que progresivamente dejó de serlo.

Sucedió que mientras que Chaca iba por el empate, Boca venía con el 2 a 0. Desde el costado derecho –tres cuartos– llegó la pelota a media altura que Di Cataldo (de frente a su arquero) no consiguió rechazar y que Travi anestesió, antes de enfrentar a Cáceres y soltarla de su pie derecho hacia el palo diestro del 1, con tanta tranquilidad como conciencia de lo que debía hacer.  La notoria convocatoria boquense en el sur era la banda de sonido de una final que se estaba dando de una manera que en los sueños habría parecido exagerada.

Llamó la atención que justamente al boquense le convirtieran dos goles de cabeza en el área chica. Escribano logró el descuento (a espaldas de Randazzo y muy cómodo) mediante un cabezazo alto y colaboró en plantear un interrogante: ¿cómo abordaría Boca los próximos minutos, ya no tan confortable y siendo acechado por un equipo herido fundamentalmente en su orgullo? La primera parte de la respuesta a este interrogante no demoró en llegar y fue el tercer gol. De Stéfano se impuso a Castañares en la salida y ganó metros como un seudo wing por derecha; de zurda mandó un pase bajo y cruzado que, dada su poca fuerza, parecía de muy fácil resolución para Di Cataldo sobre la medialuna. El central no pudo y Travi volvió a obtener ventaja ante el arquero, al que venció con un nuevo toque sutil.

La segunda parte de la respuesta es que cuando el auriazul tambaleó, cuando Chaca lo movió, levemente de su zona de confort, el padecimiento perdió rápidamente sus perjuicios y dejó de serlo. La visita no pagó el precio de salirse del eje delineado por el plan trazado desde el comienzo. Acusó el desgaste físico en el cierre, pero no la inferioridad futbolística.

El segundo descuento de Chacarita –una estupenda palomita de Palermo para recepcionar un centro largo que llegó desde la derecha– ya pasó a contar para la revancha y es el que amarga a Boca, el que reduce la diferencia que la visita creía ideal y es el que deja todo perfectamente abierto para los segundos noventa minutos.

LA FIGURA  

19092016_10_daniel

Daniel Travi

Fue decisivo para el tanteador que dio ventaja a Boca en esta serie final. En sendos goles se valió de mucho aplomo y redujo con mucho talento la posibilidad de intervención de Cáceres (el control y la definición en el primer tanto fueron muy destacados). Travi también fue, de los dos, el delantero que más debió aportar al trabajo de recuperación junto a los volantes.

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *