TESTIMONIO

Cómo vivió una familia azuleña, residente en La Florida, el paso del huracán “Irma”

Se trata del matrimonio Esteve-Morris que con sus tres hijas reside en la ciudad de Cape Coral. En diálogo con este diario, Sylvia, esposa de Eduardo, contó como vivieron el fenómeno. Si bien los efectos del meteoro se hicieron sentir en donde ellos están afincados, no fueron tan contundentes como en otras zonas caribeñas. No obstante, están sin energía eléctrica, las clases suspendidas y los comercios cerrados. “Hemos vivido otras tormentas y huracanes más chicos, pero el más potente fue este último”, afirmó la mujer.

Un árbol caído sobre un automóvil. GENTILEZA FAMILIA ESTEVE-MORRIS Una vivienda en la que se aprecian los efectos del devastador paso de “Irma”. GENTILEZA FAMILIA ESTEVE-MORRIS El matrimonio Esteve-Morris junto a sus tres hijas. Ellos residen en la ciudad caribeña de Cape Coral, en el Estado de La Florida. Sylvia, la esposa de Eduardo,  dialogó con este diario y contó cómo vivieron el fenómeno “Irma”. GENTILEZA FAMILIA ESTEVE-MORRIS Plantas derribadas, vegetación amontonada y suciedad, dejó a su paso el huracán. GENTILEZA FAMILIA ESTEVE-MORRIS
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El matrimonio Esteve-Morris junto a sus tres hijas. Ellos residen en la ciudad caribeña de Cape Coral, en el Estado de La Florida. Sylvia, la esposa de Eduardo, dialogó con este diario y contó cómo vivieron el fenómeno “Irma”. GENTILEZA FAMILIA ESTEVE-MORRIS

“Mi esposo, Eduardo, es pastor y tenemos la iglesia en Port Charlotte, que queda más o menos a una hora de viaje hacia el norte de donde estamos establecidos nosotros. Esa ciudad también recibió vientos fuertes de una intensidad similar o quizá un poco menor que la del lugar donde residimos, porque a medida que la tormenta se desplazaba hacia el norte iba disminuyendo su intensidad”, contó ayer a este diario Sylvia Morris, una azuleña que junto con su esposo Eduardo Esteve y sus tres hijas, vive en la localidad de Cape Coral, en el Estado de La Florida, uno de los puntos que sintió el rigor del paso del huracán “Irma” por el Caribe.

“En la ciudad persisten muchos lugares sin energía eléctrica y los comercios no están abiertos” 

En diálogo con este diario, la mujer relató cómo vivieron este fenómeno meteorológico que dejó tras de si destrucción y que también se llevó algunas vidas.

“Yo me dedico a hacer préstamos hipotecarios en Cape Coral, mis tres hijas son estudiantes y una de ellas, la mayor, además de estar cursando en la universidad, me ayuda con mi trabajo”, explicó.

Como consecuencia del paso del fenómeno “Irma”, “las clases están suspendidas por una semana, reanudándose las actividades el próximo lunes, en tanto que aquí en la ciudad, persisten muchos lugares sin energía eléctrica y los comercios no están abiertos ya que la mayoría se está dedicando a arreglar el desastre que produjeron los vientos huracanados, como árboles derrumbados y suciedad por todas partes, por lo que ya mañana (por hoy), se van a ir abriendo los negocios y de a poco se volverá a la normalidad”, consideró Sylvia.

“Sentíamos que Dios nos iba a proteger” 

Consultada sobre cómo es que se establecieron en La Florida, recordó que “nosotros vinimos en 2004; mi familia está compuesta por mi esposo Eduardo Esteve, mis tres hijas: Maggie, Emily y Dana, también tenemos un perro (sonrisas)

En el mismo contexto apuntó que “cuando vinimos, en 2004, ‘vivimos a Charley’, otro huracán grande que -creo- fue de categoría cuatro. Eso sucedió en el tercer o cuarto mes de nuestra llegada. Esa vez vivíamos en un dúplex que no daba muchas seguridades, así que nos fuimos a la casa de unos amigos que tenían un departamento más fuerte”. “En ese momento no entendíamos mucho lo que pasaba, sabíamos la gravedad de la situación, era nuestro primer huracán y no éramos concientes de lo que podía llegar a pasar”, pero “cuando salimos y comenzamos a observar, realmente nos shockeó ver lo que había causado el viento. Eso fue terrible”, recordó Sylvia Morris.

“Hemos vivido otras tormentas y huracanes más chicos, pero el más potente fue este último”, dijo más adelante, aunque consideró que “pese a que muchos anunciaban que la entrada de ‘Irma’ sería por donde estamos nosotros, ello no ocurrió, como sí pasó con ‘Charley’ que causó muchos destrozos a su paso” y aclaró que “al ser ‘Irma’ tan grande, y como observaron que iba a ingresar por la Costa Este y, debido a su magnitud, igual sugirieron que abandonáramos La Florida”.

Pero, “ese no fue nuestro caso. Sentíamos que Dios nos iba a proteger y así fue, así que le damos gracias por esto, porque estamos bien y en nuestra casa no tuvimos daños, solamente algunas plantas quedaron más ‘flacas’, sin tantas hojas, los árboles con menos follaje. En el barrio sí cayeron algunos árboles, especialmente los pinos que son más flacos y altos, pero en líneas generales, por la zona no hubo grandes problemas”, completó la esposa del pastor.

“Nosotros sentimos en nuestro corazón que debíamos quedarnos”    

En otro tramo de su diálogo con este diario, Sylvia comentó que “la potencia de ‘Irma’ ocasionó que en el área de Miami, en la costa este, si bien el ojo de la tormenta no ingresó por ahí, se produjeran los vientos más fuertes, por lo que sufrieron talvez un poco más al subir la marea. En cambio, los residentes de la costa oeste padecieron menos los efectos la marea bajó y a medida que el ojo del huracán subía más al norte, la intensidad se iba apagando, pasado un tiempo del paso del huracán la marea comenzó a normalizarse y entonces subió el agua, aunque solamente en la zona costera del lugar donde vivimos, que hubo un poco de inundación, pero no como en el área de Miami”.

Cuestión de fe 

“Nosotros confiamos en Dios, lo llevamos en nuestro corazón y entendimos que más allá de lo que podían decir o aconsejar, porque en nuestro caso no era obligación  evacuar, como si lo era para los habitantes de la zona costera, que debían dejar sus viviendas y alojarse con familiares o con amigos que pudieran contenerlos. Sentimos en nuestro corazón que debíamos quedarnos, así Dios lo dispuso, sabíamos que íbamos a estar seguros, que íbamos a estar bien, pusimos las protección que se acostumbra contra los huracanes, no tenemos generador, pero felizmente no se nos cortó la luz en ningún momento”, expresó por último Sylvia, poniendo de manifiesto su inmensa vocación religiosa.

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