ENFOQUE

Composición de hoy: la pala

Por Aníbal Daniel Puga.

De la Redacción de EL TIEMPO

Según el diccionario de la lengua española, la pala es una herramienta para cavar y recoger y trasladar materiales, en especial blandos o pastosos como arena o tierra. Es decir, es considerada de nobleza laboral, pero nunca indicada como elemento de uso unitario de alguna clase social.

En nuestro país, tan noble herramienta, que en la práctica marcha paralela al trabajo honrado, es peligrosa y lingüísticamente utilizada para degradar a personas, muchos trabajadores fabriles, la mayoría de escasos recursos, o por traducción callejera, económicamente “pobres”.

Aburre ya escuchar a falsos intelectuales (supuestamente bien educados, y que se excluyen en forma personal del tema en discusión del momento) que no dudan en criticar al “pobre”, que por lógica consecuencia de su condición es quien más sale a las calles a pedir por derechos constitucionales cercenados o por el trabajo perdido.

Denigran a su semejante con frases tales como: “¿y si prueban con agarrar la pala?”, o “por qué no agarran la pala planeros”, esto último haciendo referencia a que muchos de estos “pobres” están asistidos por planes sociales estatales, magros en su esencia y paradójicamente estigmatizantes, o “agarren la pala vagos”, frase esta que se escucha con frecuencia alcista de boca de quienes en oportunidades se pueden ver retrasados en una ruta, calle o autopista ante algún corte provocado por los “pobres”.

En una palabra, quienes se auto-creen de una clase superior (incluye raza cuando se le agrega la palabra “negros”), no solo denigran al “pobre”, sino que consideran que este puede solucionar su problema sin molestarlos agarrando la pala. ¿Cuántos de esa falsa elite agarraron la pala alguna vez? Es demasiado simplista mandar a otro a hacer lo que uno no hizo, hace, ni piensa hacer nunca. Quizás, y ojalá que nunca, si algún día les toca en desgracia quedarse sin trabajo, verán entonces, y razonarán, que agarrar la pala tal cual se plantea, lejos está de ser la solución al problema.

Con agarrar la pala tampoco alcanza 

Es dable recordar que el sueldo básico, según cálculos del INDEC, ronda los 16 mil pesos (jubilados con la mínima abstenerse de este número).

¡Miles de argentinos hoy agarran la pala con sueldo blanqueado y no llegan ni por asomo a ganar ese dinero!

Menos aquel que manipulando la famosa “pala” está dentro del mercado negro, haciendo changas, y al que el Estado intenta tapar socialmente metiéndolo en la rueda del monotributo.

Si una persona queda en la calle por el sorpresivo cierre de una fábrica, ¿va a solucionar el llevarle el sustento de vida inmediato a su grupo familiar agarrando la pala? ¿De que manera expresa esa persona su impotencia de desempleado con 40/50 años como no sea haciendo visible lo que le está pasando? Nunca un empleado que protesta por recuperar su trabajo a través de un corte, agredió a nadie que pase por el lugar, a no ser que se considere una agresión que alguien se tenga que desviar unas cuadras para sortear un corte de calle o tener que esperar hasta que el mismo se levante.

Parecería haber quedado ya en el “baúl de los recuerdos” los más de tres meses en que las rutas argentinas fueron cortadas por una discusión protagonizada por rebaja de impuestos entre el sector del campo y el gobierno nacional, y de la cual hicieron rehén a todo un país.

A estos pseudos intelectuales, ¿se les habrá cruzado por la cabeza pensar que la gente de campo tenía que ir a agarrar la pala en vez de cortar rutas? A decir verdad, fue tan malo cortar rutas como pensar que iban a solucionar su problema agarrando la pala. En ninguna de las variantes estaba la solución. La dio una ley. Pero esta ley, ¿habría sido posible si el campo no se expresaba “molestando” a otros en su tránsito? De allí que mandarlos a que “agarren la pala” estaba lejos de ser el paraíso.

Se pide siempre mayor presupuesto para educación, y está perfecto. Pero si la educación apenas sirve para llegar a reflexiones como “¿y si prueban con agarrar la pala?”, estamos, entonces sí, en un verdadero problema, porque más que una pala van a hacer falta miles de retroexcavadoras para encausar al país por una senda de progreso. O millones de palas para los falsos intelectuales y así llegar al mismo fin.

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *