DECLARACIONES DE UN COMERCIANTE

“Compremos un arma porque esto es el Lejano Oeste”

En las primeras horas del pasado miércoles un sujeto provocó daños en el frente de un local donde intentó ingresar en dos oportunidades, al parecer con fines de robo. Luis Cantaluppí, víctima y damnificado junto a su esposa por lo sucedido, afirmó: “Si a mi no me defienden las fuerzas de seguridad, la Justicia no le da los elementos a la Policía para hacerlo o el Congreso no modifica las leyes, tengo que defenderme yo y defender a mi familia”.

 

José Luis Cantaluppi, el comerciante afectado por este episodio delictivo, mostrando ayer la puerta dañada por un sujeto que intentó en dos ocasiones ingresar a su propiedad, al parecer con fines de robo. El hecho ocurrió en las primeras horas del miércoles pasado. 
JOSÉ BERGER
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José Luis Cantaluppi, el comerciante afectado por este episodio delictivo, mostrando ayer la puerta dañada por un sujeto que intentó en dos ocasiones ingresar a su propiedad, al parecer con fines de robo. El hecho ocurrió en las primeras horas del miércoles pasado. JOSÉ BERGER

Un comerciante contó ayer que un sujeto intentó ingresar con fines de robo a su propiedad en dos ocasiones, mismo lugar donde tiene su negocio en la planta baja y su casa, en la que vive con su familia, en la planta alta.

Según señaló en diálogo con este diario el damnificado por este ilícito, el delincuente rompió uno de los vidrios de la puerta del negocio y al activarse la alarma huyó. Pero instantes más tarde regresó para intentar volver a ingresar, aunque en esa segunda ocasión tampoco pudo hacerlo porque el dueño del comercio bajó de su casa con intenciones de enfrentarlo, lo que hizo que el sujeto se diera a la fuga.

A pesar de que la Policía concurrió en ambas oportunidades al lugar por lo sucedido, en las primeras horas del pasado miércoles, el delincuente no pudo ser detenido.

“Esto nos dejó muy mal, muy sensibilizados a mi esposa y a mí”, contó ayer el comerciante Luis José Cantaluppi con relación a lo sucedido.

El hombre, de 72 años, estaba en su casa con su esposa cuando el episodio delictivo se produjo anteayer alrededor de la hora seis.

Dueño de un local comercial situado en Yrigoyen entre España y Leyría, un comercio dedicado a la venta de equipamiento y artículos para baños y cocinas, Cantaluppi estaba todavía ayer sorprendido por la insistencia demostrada por el sujeto en querer ingresar a su propiedad, sin tener en cuenta que la alarma se activó las dos veces en que concurrió al negocio.

En la primera ocasión, contó que él y su esposa escucharon “cuatro fuertes impactos en los vidrios del local. Al bajar, esta persona cuando nos vio salió corriendo, por lo que mi esposa desactivó la alarma”.

La llegada de la Policía al lugar, al haber sonado la sirena de la alarma, hizo que el comerciante se entrevistara con los efectivos de seguridad.

“Les pedí por favor si podía tener custodia hasta tanto pudiera cerrar el boquete en el vidrio de la puerta provocado por esos adoquines que le fueron arrojados. Pero me dijeron que no, que no era eso posible”.

El daño en el cristal hizo que, “como pudimos, mi esposa y yo colocamos mesadas y muebles para tapar el lugar”, obstruyendo con esos elementos la puerta cuyo vidrio había sido roto por el delincuente.

“Reconectamos la alarma y nos fuimos a la cama con mi esposa, lógicamente ambos muy mal por lo sucedido. No teníamos dudas de que esta persona lo que pretendía era entrar. No hizo eso sólo para hacer daño”, sostuvo Cantaluppi.

La segunda vez

Pero el susto volvió a dominar el ánimo del matrimonio cuando minutos más tarde nuevamente volvió a escuchar ruidos en el local.

“Cuando estábamos sentados en la cama, escuchamos que estaban empujando de nuevo la puerta y que la alarma se volvió a disparar”, recordó el comerciante sobre la situación vivida el miércoles pasado.

Ahí fue cuando volvieron a bajar los dos, aunque la mujer se quedó en la escalera, mientras su marido, “en medio de esa impotencia que sentía porque estaban violando mi domicilio”, se puso prácticamente cara a cara con el delincuente.

“Lo vi, lo tenía ahí al lado, pero no encontré nada para golpearlo. Él estaba empujando los muebles para poder entrar. La persona fue la misma en las dos ocasiones, aunque su rostro no pude verlo con claridad, ya que trató de ocultar su cara en todo momento a las cámaras de seguridad que hay instaladas. Llevaba una capucha que en la primera ocasión la tenía puesta y en la segunda no”.

“Pero a pesar de que lo pude observar, su cara no la recuerdo porque yo estaba totalmente shockeado. Lo único que quería en ese momento era encontrar una madera o un palo y golpearlo para proteger mi hogar”, señaló también el comerciante.

“Este hombre -dijo sobre el accionar del autor de este hecho- estaba dispuesto a entrar a cualquier precio”.

“Yo no tengo armas, no tengo preparado un garrote para agredir a nadie. Estaba parado buscando con qué defenderme, con qué pegarle. Pero no encontraba qué y en ese momento me vio y salió corriendo”, recordó sobre esa segunda vez en que el delincuente concurrió a su propiedad.

“Fui a defender lo mío”

A Cantaluppi, “más allá de que  no quiero buscar culpables”, le molestó que cuando solicitó protección a la Policía no se la hayan otorgado.

Los efectivos de seguridad que concurrieron a su propiedad le ofrecieron ir a hacer la denuncia a la Seccional Primera local, aunque finalmente no la hizo.

Y otra situación que lo sorprendió fue que cuando llamó a la Seccional Primera, del otro lado del teléfono le aconsejaron que si iba a hacer la denuncia tuviera en cuenta que mañana iba a poder encontrarse en la calle con ese mismo sujeto que quiso ingresar, al parecer con fines de robo, a su local.

“Si a mí la autoridad me dice eso, ¿qué me queda?”, se preguntó. En ese contexto, sugirió que la única opción sería “hacer un curso de tiro, todo bajo las normas de la ley, y armarme”.

“Compremos un arma porque esto es el Lejano Oeste”, expresó en ese mismo sentido el comerciante, para después definir a esta experiencia de victimización que le tocó padecer, en comparación con dos más que años atrás había sufrido –“en una de las cuales me llegaron a apoyar el caño de un revólver en la sien”-, como de gran impacto. Tanto para él como para su mujer.

“Ninguna de las dos situaciones que había sufrido antes me impactó como esto. Que a uno estén violándole el domicilio cuando está con su esposa y no sabe a qué viene este individuo, si viene con un arma o con un cuchillo…”

“Mi hijo me decía que fui un imprudente, que me tendría que haber encerrado en el dormitorio y llamar a la Policía. Pero yo fui a defender lo mío, a costa de lo que pudiera pasar”.

En otro tramo de la charla mantenida ayer con este diario, el comerciante dijo no estar sorprendido con la situación que le tocó vivir ni con lo que actualmente en Azul sucede en materia de inseguridad.

“Pero no se puede vivir con miedo. Yo no sé si la incompetente es la Policía, la Justicia o el Congreso con las leyes. Eso sí me sorprende. Y lo que sé también es que esto no funciona. Y cuando las cosas no funcionan, uno tiene que buscar defender lo de uno, defenderse dentro de la ley como ya dije. Es decir, hacer un curso de tiro como corresponde, comprar un arma y declararla para, dentro de su vivienda, defenderse”.

“Si a mi no me defienden las fuerzas de seguridad, la Justicia no le da los elementos a la Policía para hacerlo o el Congreso no modifica las leyes, si bien  no soy quién para culpar o juzgar, tengo que defenderme yo y defender a mi familia”, dijo por último.

El dato

También en las primeras horas del pasado miércoles, un local situado en Yrigoyen entre Castellar y Leyría fue escenario de un ilícito similar al contado ayer por el comerciante Cantaluppi. Se trató de una mueblería, donde delincuentes quisieron ingresar con fines de robo tras intentar romper una de las vidrieras.

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