FALLO DE UN JUICIO ORAL

Condenaron a cinco años de prisión a un joven azuleño por un violento robo

La casa donde este robo se produjo en junio de 2013, ubicada en Lavalle entre Abeberry y Darhampé.
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La casa donde este robo se produjo en junio de 2013, ubicada en Lavalle entre Abeberry y Darhampé.

Según lo que quedó probado en este debate, el encausado -que no está preso- y un menor de edad habían cometido el ilícito en una vivienda de esta ciudad en junio de 2013. Al ingresar a la casa atacaron a un chico de 16 años que en ese entonces estaba durmiendo, a quien golpearon, amenazaron de muerte y -antes de huir- dejaron atado, amordazado y encerrado. Ambos delincuentes se habían llevado diferentes elementos que el mismo día de ocurrido el robo la Policía recuperó cuando fue aprehendido uno de los autores del hecho, que en ese entonces tenía 17 años.

Un violento robo que en junio de 2013 había tenido como víctima en esta ciudad a un adolescente derivó días atrás en la condena para uno de los responsables de ese ilícito, a quien le impusieron una pena de cinco años de prisión.

Voceros judiciales informaron que por el caso se había llevado a cabo un juicio en el Tribunal Oral en lo Criminal número 1 de Azul, proceso donde el encausado fue condenado en esta primera instancia como autor del delito de robo calificado por efracción o fractura de lugar habitado, agravado por la participación de un menor de edad.

Identificado como Mariano Giammátolo, un azuleño que tiene 22 años, el Dr. Martín Céspedes -juez que intervino en lo que fue ese debate oral- le impuso una serie de obligaciones “a los fines de asegurar el eventual futuro cumplimiento de la pena aplicada”, ya que actualmente el joven no está preso.

En ese contexto, el magistrado dispuso que Giammátolo deberá “presentarse siempre que sea llamado por éste Tribunal, debiendo manifestar cuál es su domicilio real, del que no podrá ausentarse por más de veinticuatro horas sin conocimiento ni autorización previa, denunciar las circunstancias que puedan imponerle una ausencia del domicilio por un término mayor y constituir domicilio especial dentro del territorio de la Provincia de Buenos Aires”.

El juez también explicó en el fallo que no se debía disponer para el encausado “una medida de coerción”.

“La única razón por la que es posible imponerla no hallándose firme el fallo -tal como en este caso sucede- es cuando existiere un aumento verificado de peligro cierto de frustración del proceso, lo que no se ha comprobado en las presentes actuaciones”.

En ese contexto, agregó que Giammátolo ha estado siempre sometido al proceso por el que días pasados fue condenado en esta primera instancia como uno de los autores del ya mencionado robo.

El robo

A la hora de referirse en el fallo a la existencia material del hecho por el que el joven sometido a este juicio resultó condenado, el juez indicó que el robo había ocurrido el 12 de junio de 2013, “aproximadamente entre las 7.30 y 8 horas”.

Mientras dormía en su casa, un adolescente que para ese entonces tenía 16 años se había convertido en la víctima de este hecho que -según quedó probado en esta primera instancia- cometieron en carácter de coautores el ya mencionado Gimmátolo y otro joven que en esa época era menor de edad.

Este último, que al momento del robo que cometió tenía 17 años, fue el primero en resultar aprehendido por la Policía una vez iniciada la investigación por lo sucedido.

“Previo acuerdo” entre ambos, Giammátolo y el menor “escalaron el cerco perimetral” de la casa a la que el día ya referido ingresaron a cometer el robo que tuvo como víctima al adolescente.

La vivienda escenario de este ilícito se encuentra ubicada en Lavalle entre Abeberry y Darhampé, en la zona sur de esta ciudad.

“Luego de ejercer fuerza sobre la ventana del dormitorio de la dueña de casa, dañando el lugar donde se encastra el pasador de un postigo”, ambos delincuentes ingresaron al interior y fueron directamente hasta la habitación en la que aquel día estaba durmiendo el menor.

“Luego de ejercer violencia sobre su persona, consistente en haberlo inmovilizado en la cama a través de colocarle una almohada que lo asfixiaba sobre la cara, lo golpearon, amenazaron y revisaron todas las instalaciones”, escribió también el juez en el fallo.

De esa manera, Giammátolo y el menor lograron apoderándose ilegítimamente de diferentes elementos: una consola de juegos, una computadora portátil, un teléfono celular, una billetera de cuero, un par de zapatillas, un juego de llaves, un secador de pelo, una plancha para cabello, diferentes prendas de vestir y una bicicleta playera.

Además, antes de irse de la casa con todos los elementos anteriormente citados, ambos ladrones dejaron inmovilizado al adolescente, “privándolo de su libertad con ataduras en manos y pies con sábanas, cordones, cintos y amordazándolo con la funda de la almohada”, lo que implicó que la víctima de este violento robo sufriera lesiones que fueron consideradas de carácter leve.

El dato

Tal como ya había sucedido durante la Instrucción Penal Preparatoria de este robo, el juez Céspedes tampoco dio lugar a un pedido de nulidad presentado en el debate por la abogada del joven condenado: la defensora Oficial Graciela Durán. Dicha solicitud apuntaba a que fuera declarado nulo el ingreso con anuencia que policías habían hecho en la casa del encausado, el lugar donde fueron incautadas la mayoría de las cosas robadas al adolescente que resultara víctima de este hecho.

EL TESTIMONIO DE LA VÍCTIMA EN EL DEBATE

“Esto es un robo”, contó en el juicio el adolescente asaltado que uno de los delincuentes le dijo cuando ambos ingresaron a su habitación en momentos que él estaba durmiendo y uno de ellos se le tiró encima en la cama para atacarlo.

La víctima señaló también que ese mismo sujeto le había apoyado una de sus rodillas en el pecho y que después lo tomó del cuello para que no gritara, al tiempo que le preguntaba “dónde estaba la plata”, a lo que le contestó que en su casa no había dinero.

Ese mismo delincuente fue el que le dijo a su cómplice, mientras seguía teniendo inmovilizado al joven: “Traé el cuchillo que le vamos a pinchar el cogote, ya que no quiere decir dónde está la plata”.

Todo eso sucedió en la previa a que revolvieran todos los ambientes de la propiedad y huyeran con los elementos ya referidos, no sin antes dejar a la víctima de este robo atada, amordazada y encerrada, ya que cuando se retiraron dejaron cerrada con una llave que se llevaron la puerta por donde se fueron.

El joven contó también en el debate que una vez que pudo librarse de sus ataduras salió a la calle a pedir auxilio por la misma ventana que instantes antes ambos autores de este hecho utilizaron para ingresar a la casa.

Lo primero que hizo, relató también, fue ir hasta el domicilio de una tía que está situado a dos cuadras del suyo, desde donde llamaron por teléfono a la Policía para que tomara intervención en lo sucedido.

El adolescente había referido también que conoció inmediatamente a uno de los autores del robo que lo tuvo como víctima: el joven que en ese entonces era menor de edad, de quien -además- sabía su nombre y apellido.

El mismo día de ocurrido el ilícito la Policía recuperó todos los elementos robados. Y fue aprehendido el por entonces menor de edad, que para cuando el robo materia de este juicio se produjo tenía 17 años y ya contaba, según lo que fuera informado, con varios episodios delictivos en su haber.

En la sala de debates, la víctima de este robo también reconoció a Giammátolo, el joven condenado en este juicio oral.

Según señaló, lo veía siempre con el menor que ese día ingresó a su casa a cometer este violento robo.

 

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