INMIGRANTES PIONEROS EN EL AZUL

Constantino Rey, señor del tiempo y los metales

Constantino Rey fue un brillante relojero y platero de origen gallego radicado en nuestro medio desde joven.Puñal Criollo. Cabo de plata 800 y vaina picaza. Punzón de Constantino Rey en cabeza del cabo y gancho de la vaina. Figuras de serpiente y dragón en la vaina. Hoja “Arbolito” antigua. Fines siglo XIX. GENTILEZA ABEL DOMENECH
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Puñal Criollo. Cabo de plata 800 y vaina picaza. Punzón de Constantino Rey en cabeza del cabo y gancho de la vaina. Figuras de serpiente y dragón en la vaina. Hoja “Arbolito” antigua. Fines siglo XIX. GENTILEZA ABEL DOMENECH

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

 Constantino Rey nació en Santiago de Compostela, España, en el año 1858. Sus padres fueron Ramón Rey y Manuela Calvo, y tuvo por lo menos tres hermanos mayores: Ramón, Joaquín y Justina.

Decididos a probar suerte en nuevos lares, a mediados de la década del ’70 del siglo XIX, los cuatro hermanos llegaron a la Argentina, instalándose en la ciudad de Buenos Aires. Allí el destino quiso que Constantino conociera a muy temprana edad a Justina Rilo (española, dos años menor que él, hija de José -sastre de profesión- y Carmen).

En 1875 contrajeron matrimonio y se instalaron en la calle Piedras N° 409. En ese domicilio, el 5 de octubre de aquel mismo año, nació el primer hijo de la pareja al que bautizaron Constantino.

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Buscando prosperidad   

Poco tiempo más tarde, Constantino decidió probar suerte en el interior bonaerense -tal como lo hiciera su hermano Ramón al instalarse en el pueblo de 9 de Julio-, por lo que eligió radicarse en Azul. A mediados de 1877 la joven familia llegó al pueblo en tren. El matrimonio con el pequeño bebé se instalaron en la casona ubicada en la por entonces calle XI N° 220-222 (actual Belgrano).

En breve, Constantino abrió un modesto local en la calle “de la Iglesia” o calle IX al N° 110 (actual San Martín). Al principio se dedicó al oficio de joyero y platero, efectuando las tareas de fundición y laminado de metales, demostrando principalmente su innata habilidad en el grabado.

Con el paso del tiempo Constantino asumió plenamente su rol como relojero, pues no existía entonces otro que se dedicara a este oficio con su habilidad y precisión en el Azul. Con dicha ampliación, su comercio creció rápidamente y para finales del siglo XIX tenía un importante stock de relojes de novedosos diseños y había anexado a su negocio el taller de reparación.

Constantino fue Presidente del Orfeón Español e integrante del Club de Artesanos. También formó parte del “Club Unión Azuleño”, fundado el 14 de noviembre de 1880. Asimismo, como miembro activo de la comunidad española, fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Azul nacida el 6 de enero de 1882.

La familia fue creciendo con los nacimientos de Justina (1 de mayo de 1878), Aureliano Ramón (16 de julio de 1880), Manuela Fermina (7 de julio de 1882), Adela Otila (12 de junio de 1884), Clotilde (1887), Magdalena Carlota Abelina (nació el 26 de agosto de 1888) y Ramón (30 de octubre de 1890).

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Cosechando amigos… 

Constantino comenzó a viajar con frecuencia a Olavarría donde las oportunidades comerciales eran prometedoras y allí se radicó con su familia. En la vecina ciudad realizó diversos trabajos como joyero, al tiempo que acrecentó su vínculo con el doctor Ángel Pintos. El 3 de noviembre de 1894, en la Parroquia San José de Olavarría, fue bautizada Otilia, la novena hija de Rey que había nacido en Azul el 3 de octubre del año anterior. Sus padrinos fueron Pintos y su esposa Leonor Filippis. Ese mismo día, quedando asentado el acontecimiento en el Acta contigua, Ángel bautizó a su hija María Celia (nacida en La Plata el 16 de octubre de 1890), siendo sus padrinos Constantino y Justina.

Antes de finalizar el siglo XIX, Constantino decidió volver a radicarse en Azul. Pronto dos niños más llegarían a la familia. María Angélica, nació el 6 de julio de 1897, y José, el undécimo y último hijo del matrimonio, nació el 20 de julio de 1904.

A principios del siglo XX, Constantino Rey conoció a un compatriota de origen -olavarriense por adopción-, con quien compartiría no solo el gusto por la relojería sino también la pasión por el grabado de metales. Aquél joven, de poco menos de 30 años de edad, era el brillante autodidacta Dámaso Arce. Ambos trabajaban con técnicas diversas y estilos contrapuestos pero exquisitos y refinados. A pesar de sus diferentes edades y experiencias laborales, coincidieron en cuanto a la temática desplegada, vinculada en varias oportunidades a las costumbres criollas. Dentro de las obras destacadas de Rey sobresalen diversos cuchillos en plata, cincelados con motivos alegóricos al trabajo, con flores, pájaros y algunos animales mitológicos como dragones y serpientes aladas.

En 1902, durante la administración del intendente Ángel Pintos, mientras conducía el Hospital Municipal el doctor Ulrico Filippa, Constantino Rey fue su Boticario. Asimismo, fue miembro activo de la Logia masónica “Estrella del Sud” N° 25 que actuaba en nuestra comunidad.

Hacia marzo de 1921, la entonces Sociedad “Pan de los Pobres”, emanada de la Pía Unión de San Antonio, tenía a su cargo una humilde vivienda cerca del antiguo y ya desaparecido Hotel Roma, en la Avenida Centenario (actual Av. Monseñor C. A. Cáneva), donde funcionaba el conocido como “Asilo de Rey” (llamado así por el dueño del edificio), lugar que fuera el precursor del Hogar de Ancianos “Ernestina Darhanpé de Malére”, inaugurado tres años más tarde.

Posiblemente la última actividad visible de Constantino Rey por el bien de la comunidad fue inaugurada el 9 de julio de 1924. Ese día comenzó a funcionar la “Usina del Pueblo”, empresa local la que, encabezada por el pujante e irrefrenable Constantino Fernández y otros destacados hombres de nuestro medio, sirvió para el desarrollo y crecimiento de la ciudad y significó un acontecimiento gratísimo no solo para nuestro vecindario sino para todo el país que comenzó a descubrir el movimiento de Usinas Populares gestado en Azul.

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Adiós…      

 Justina Rilo de Rey falleció el 19 de abril de 1930, a los 70 años de edad. Fue sepultada en el Cementerio local. Tras su muerte, Constantino entró en una profunda depresión… A finales de aquel mismo año, Constantino fue trasladado al Hospital Español de la Capital Federal para ser asistido, pero su salud se quebrantó abruptamente y el 30 de diciembre de 1930 falleció en el nosocomio. Sus restos fueron trasladados a Azul e ingresaron en el Cementerio Municipal el 1 de enero de 1931.

 

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