ENFOQUE

Crónica de un desastre anunciado

Por Matías Krieger
Militante de Patria Grande Azul
 Una vez más nuestro país se encuentra en vilo por el dólar, la moneda de nuestros sueños y pesadillas, la que determina el humor social y se erige como eje de la política económica e  incluso es capaz de voltear gobiernos.
Pero, ¿Por qué es tan importante el dólar? ¿Acaso no tenemos nuestra propia moneda ahora renovada e ilustrada por hermosos animales? Bueno, resulta que, además de ser pasión argentina, el dólar define el precio de los productos que vendemos y compramos del exterior y por tanto cada sacudón que sufre afecta directamente a las personas que viven de su sueldo, pues se traduce de manera casi inmediata al valor de las cosas. Ejemplos claros: los combustibles y las materias primas. Petróleo que hoy importamos (otro éxito de Macri) y los productos del agro que exportamos.
Sencillo: si un litro de aceite cuesta un dólar en el exterior, quien lo produce querrá ganar su equivalente en el mercado local, por tanto, si hace dos semanas la botella de aceite costaba 19 pesos hoy rozará los 24. Mismo ejemplo, pero al revés, para el precio de los combustibles. Ay, qué dolor de cabeza, dijeron que la inflación era lo más fácil de combatir… sí, mintieron, que es lo que mejor saben hacer.
Así, de un plumazo, con la suba del dólar transfirieron entre un 5 y un 10 por ciento de tu salario a los sectores concentrados de la economía, porque, como decíamos, no afecta sólo al que atesora dólares o pesos, sino al conjunto de la economía.
Se trata del desastre planificado, la doctrina del shock como la denominó Naomi Klein, que consiste en generar una crisis para luego proponer soluciones antipopulares como la única forma de salir de ellas. Ingenioso, las clases altas suelen saber cómo encontrar la forma de aumentar sus ganancias siempre a costa de los sectores populares (por supuesto). Primero liberás el mercado financiero y comercial (eliminás controles, abrís las importaciones, permitís que todos puedan comprar dólares); creas un bono (las lebacs) a una tasa altísima de manera que seduzca más que el dólar y te endeudás todo lo posible en el exterior. Esto estimula el mercado que ve cómo tener plata es capaz de generar más plata pero sin invertir en ningún proceso productivo, simplemente especulando. Eso en mi barrio se llama bicicleta financiera y quién lo paga es el pueblo argentino.
Lo últimos días circuló un meme que resume de manera irónica el “cambio” del actual gobierno: “Al final mantener pobres nos resultaba más barato”.
Para empeorar aún más las cosas, cuando aumenta la fuga de dólares, se usan las reservas para mantener el tipo de cambio y Macri sale a pedir auxilio al FMI: ¡Chapeau!
El gobierno busca al FMI para obtener esos dólares que el mercado ya no le quiere prestar (porque cuando la plata es la que decide no importa que color tenga el gobierno) y poder seguir sosteniendo el sistema perverso que venimos describiendo. Pero el FMI, por experiencia en carne propia, realiza sus préstamos pero impone sus condiciones que es básicamente mayor ajuste (en todo el mundo no se conocen casos donde esto redunde en beneficios para el pueblo). Ajuste igual: techo salarial (hecho), reducir las jubilaciones (hecho), quita de subsidios + tarifazo (hecho), pero el FMI, obviamente, irá por más.
Es simple, la deuda la van a terminar pagando nuestros hijos e hijas incluso nuestros nietos y nietas; en poco más de dos años el “mejor equipo de los últimos 50 años” desarmó todo lo que estaba bien, enriqueció de manera furiosa a las clases altas (especialmente el agro y las finanzas), puso en jaque a la industria nacional, y especialmente atacó a la clase trabajadora bajo los lemas de la pesada herencia, lo peor ya pasó y hay que esperar al segundo semestre.
Pero el pueblo está despertando. Por todos lados empezamos a ver muestras de organización popular que buscan ponerle un freno a las políticas neoliberales y nos muestran el camino para decirle basta a Macri y a sus secuaces.

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