ENFOQUE 

Crucero A.R.A. “General Belgrano”

Jorge Luis Ríos, cuando el pasado lunes participó de la colocación de una ofrenda al pie del monumento a los caídos en Malvinas. A la derecha, la inscripción “Irse a pique antes que rendir el pabellón”, que rezaba en una placa de bronce colocada en el frente del puente comando del Crucero “General Belgrano”. NACHO CORREA
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Jorge Luis Ríos, cuando el pasado lunes participó de la colocación de una ofrenda al pie del monumento a los caídos en Malvinas. A la derecha, la inscripción “Irse a pique antes que rendir el pabellón”, que rezaba en una placa de bronce colocada en el frente del puente comando del Crucero “General Belgrano”. NACHO CORREA

Escribe: Jorge Luis Ríos

Suboficial Mayor VGM

Al conmemorarse el trigésimo cuarto aniversario de aquel recordado 2 de mayo de 1982, siendo aproximadamente las 16.01 horas dos torpedos lanzados por el submarino inglés “Conqueror” hacían impacto debajo de la línea de flotación de nuestro querido Crucero, dejando al buque sin electricidad y sin propulsión, además de provocarle 2 rumbos (orificios) de gran magnitud que ponían en peligro su flotabilidad dado que después de los impactos, el buque se inclinó sobre su banda de babor.

La cantidad de agua que ingresa es abundante, acelerando la inclinación a razón de 1° por minuto. El esfuerzo para reducir el ingreso de agua fue sobrehumano por la gran cantidad de humo, vapor y la falta de electricidad y propulsión para hacer funcionar bombas para sacar agua. Para la tarea de mantener el buque a flote se contaba con los haces de luz de linternas, las que para muchos significó una delgada línea entre la vida y la muerte.

El buque se iba hundiendo paulatinamente, con la nobleza y grandeza que lo caracterizó durante todo los años de servicio que prestó desde su botadura hasta este triste final.

Cuando los esfuerzos para salvarlo se diluían, llegó la orden de abandonar el buque; cada tripulante tenía asignada una balsa para abandono.

Todos los integrantes de la dotación prestaron su máximo esfuerzo para ayudar en las tareas de reparaciones de las averías, evacuar heridos y ayudar a los que necesitaban algún tipo de ayuda. Nadie escatimo esfuerzo, todo se realizó en orden y silencio, la entrega por el prójimo fue total y sin mezquindad sin importar la jerarquía del que la necesitaba.

El abandono fue muy triste porque todos teníamos un profundo cariño por nuestro querido Crucero; nos dio la sensación de abandonar un amigo, pero no hubo nada más por hacer para salvarlo. Se fue a la profundidad del Océano suavemente, sin succionar ninguna balsa como un padre protege a sus hijos, llevando en sus entrañas a 323 héroes como testimonio de nuestra soberanía.

La travesía en las balsas fue muy traumática por el escaso espacio y la cantidad de personas que veníamos. En mi balsa éramos 31 naufragos, siendo la capacidad de la balsa para 20; la diferencia de tripulantes en la balsa nos ayudó a mantener el calor corporal. El frío, el viento y el oleaje eran las grandes dificultades que tuvimos que sortear; el frío era alrededor de 36° bajo cero, el viento fuerte elevaba la sensación térmica y las olas llegaban a tener una altura de 20/25 metros de altura. El viento y el oleaje desplazó nuestra balsa al igual que otras en dirección a la Antártida.

Al día siguiente del naufragio nos encuentra el avión de la Armada que estaba en la búsqueda de las balsas, da aviso de la posición y el Aviso “Gurruchaga” nos rescata. El esfuerzo y la entrega de los integrantes del Aviso fueron totales; nos dieron su ropa, sus víveres y todo lo que estuvo a su alcance para contenernos. Ante todas estas adversidades la templanza, la fortaleza, la fe en Dios, la perseverancia, el coraje, el espíritu de cuerpo, el compañerismo, la solidaridad y la disciplina siempre estuvieron presentes tanto en el buque como en la balsa. Este naufragio es inédito en el mundo por la zona de condiciones extremas donde se produjo, y la cantidad de sobrevivientes que hubo. La práctica de los zafarranchos (ejercicios) de combate y abandono ayudó a que este fuera el resultado. Una vez en el continente, el reencuentro con los padres, esposas, hijos, hermanos y amigos, fue emocionante. La inserción en la sociedad fue muy dura para muchos combatientes por sus heridas y/o secuelas que les dejó el conflicto.

De aquella trágica y heroica jornada mi familia me contuvo tanto emocionalmente como en la faz profesional, ya que continué mi carrera en la querida Armada y conservo el orgullo de ser parte de la gesta Malvinas y de haber cumplido con el juramento de defender a la Patria.

La memoria de todos los héroes que custodian al Crucero en las frías aguas del Atlántico Sur nos señalan los sentimientos por la Patria y los ideales para seguir la lucha por la recuperación de nuestras queridas Islas Malvinas. Al recordar a los amigos y camaradas que murieron, tanto en Malvinas como en el Crucero, se me humedecen los ojos con lágrimas del corazón.

Todos los 2 de mayo, nos debe recordar que tenemos una misión inconclusa que es la de recuperar por medios pacíficos nuestras Malvinas; así, podrán descansar en paz todas esas almas que están de guardia custodiando la soberanía nacional junto al Crucero A.R.A. “General Belgrano”.

Nuestro Crucero también cumplió con la inscripción que rezaba en una placa de bronce colocada en el frente del puente comando: “Irse a pique antes que rendir el pabellón”. La frase que se propagó en la inmensidad del mar desde las balsas fue “viva la Patria, viva el crucero ‘General Belgrano’”. 

 

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