Cuando Arlt preguntó por Mateo Banks

 

 

Entre los escritos hallados en la Hemeroteca “Juan Miguel Oyhanarte” de nuestra ciudad, uno sobresale por peso propio. Se refiere al múltiple homicida de Parish. En su nota, el autor de Los siete locos y de las Impresiones de un porteño en el Azul, reveló detalles de la vida en el penal de Ushuaia en tiempos en que allí recluían a los criminales más peligrosos.

El artículo de Roberto Arlt publicado en el diario azuleño El Régimen el miércoles 14 de agosto de 1929. EL RÉGIMEN/HEMEROTECA “JUAN MIGUEL OYHANARTE” DE AZUL El criminal Mateo Banks, preso en la cárcel de Ushuaia, en una foto de la revista Caras y Caretas del 25 de marzo de 1933. FOTO DE ARCHIVO
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El artículo de Roberto Arlt publicado en el diario azuleño El Régimen el miércoles 14 de agosto de 1929. EL RÉGIMEN/HEMEROTECA “JUAN MIGUEL OYHANARTE” DE AZUL

 

Marcial Luna, el periodista que concretó el hallazgo de los artículos escritos por Arlt. LUCRECIA BALIÑO/CTA EDICIONES

Escribe Marcial Luna – lunasche@yahoo.com

Roberto Arlt mantuvo un estrecho vínculo con el diario El Régimen, incluso luego de publicar sus Impresiones de un porteño en el Azul, tal como hemos demostrado en el artículo del domingo pasado en El Tiempo, en la serie de artículos sobre el hallazgo que concretamos en la Hemeroteca “Juan Miguel Oyhanarte”.

Y, por si fuera poco, podemos ampliar aún más ese horizonte: Arlt, en 1929, volvió a publicar en el diario azuleño. Se trata de un artículo en el que menciona al criminal Mateo Banks.

Abogado del diablo

En su trayectoria periodística, Arlt se refirió a Banks en dos oportunidades. Veamos cada caso.

Aunque secundariamente, en el aguafuerte “Ya no se plagian versos: se plagian ¡recetas de cocina!”, publicada en el diario porteño El Mundo el 11 de septiembre de 1928, Arlt lo mencionó: “Actualmente se sustancia en los Tribunales [de capital federal] un pleito curiosísimo: ¡El del plagio de un libro de cocina! Como se ve, el asunto no puede ser más interesante ya que el que está encargado de él, es el célebre abogado que defendió a Mateo Banks, y a Davidovich, es decir, Palacio Zino”.

Se trata, en realidad, de Antonio Palacios Zinny, un afamado abogado de la década del ’20. De inmediato, agrega Arlt: “A mí me gusta charlar con Palacio Zino. Sabe de tantas cosas al mismo tiempo, que de pronto, cuando uno mira el reloj, está tentado de decirle: ‘Hombre, si usted fuera mujer, el tiempo no podría pasar más rápido a su lado’. Y es que este diablo sabe mucho, no sé si por diablo o por lo otro” (Citado en: Arlt, Roberto. Entre crotos y sabihondos, Editorial Edicom, Bs. As., 1969, Pág. 15 y ss.).

Luego de ser condenado Banks en Azul, en 1923, el juicio se trasladó a La Plata y, a partir de ese momento, el abogado Antonio Palacios Zinny se hizo cargo de la defensa. (Roberto A. Tálice, un redactor del diario Crítica que dirigía Natalio Botana, mencionó también al abogado como “Palacio Zino”, al igual que Arlt, y de la misma manera se publicó en ese rotativo. El periodista Tálice, en su obra 100.000 ejemplares por hora, narró diversos episodios vividos en la experiencia de Crítica. En este libro, publicado por editorial Corregidor, Bs. As., 1989, Tálice explicó cómo el abogado “top” de los años ’20 se convirtió en defensor de Banks –que es mencionado como “Bank”– y reveló un episodio de envenenamiento que, finalmente, el criminal no concretó. Tálice lo citó en Págs. 109-112 de su libro de memorias).

Arlt y Banks

Retomamos ahora nuestro hilo. El escrito hallado en la Hemeroteca “Juan Miguel Oyhanarte”, que lleva la firma de Roberto Arlt, fue publicado por el vespertino azuleño El Régimen el miércoles 14 de agosto de 1929, en la página 6. El título del artículo fue “El hombre que vuelve de Ushuaia”.

Esta fue la segunda oportunidad en que Roberto Arlt se refirió al criminal Banks.

Se trata de una entrevista a un ex presidiario que se convirtió en informante de la situación de algunos “presos famosos” por los que preguntó Arlt, específicamente: desde el anarquista Simón Radowitzky, que ejecutó al coronel Falcón en 1909, el descuartizador Miguel Ernst que en 1915 mató y seccionó a su socio, hasta el asesino en serie “El Petiso Orejudo” (Cayetano Santos Godino) y, un vecino de estos pagos, Mateo Banks…

Con respecto a Banks, el artículo que Roberto Arlt publicó en El Régimen de Azul (ver reproducción en foto), revela detalles muy significativos, como apreciará el lector de nuestro diario. Por ello, se transcribe a continuación, textual e íntegramente:

“El hombre que vuelve de Ushuaia”

“He estado conversando con un hombre que volvió de Ushuaia, donde estuvo siete años cumpliendo su pena.

Hemos charlado en voz baja. El hombre tosía continuamente, inequívoco signo de la tuberculosis que se trae de allá abajo. A momentos, me daba la impresión de que estaba idiotizado, pues la mirada se le quedaba perdida en el vacío y la exposición era lenta, como si hubiera perdido la costumbre de expresar pensamientos y sólo sobreviviera en él un pedazo de vida. El resto se había apagado bajo el cielo blanco que cubre el presidio y que sólo en el mes de septiembre se tiñe de un leve azul.

Tristeza

– Algún destello se ve a veces -dice el hombre- sino el espacio está siempre blanco.

– ¿A qué hora se levantan los presidiarios?

– A las cuatro de la mañana. A las cuatro de la tarde nos encierran a todos en nuestras celdas. Pero en el monte, trabajando, se deja de sentir frío.

Pronuncia todas estas palabras con una lentitud asombrosa. Da la sensación de que quisiera dormir, dormir mucho tiempo seguido. Tiene veintiséis años y parece que tuviera cuarenta. Envejecido, enflaquecido. Hay que sacarle las preguntas con tirabuzón. Mueve el brazo señalando la distancia hipotética. Ha encendido un cigarrillo; el cigarrillo se apagó y no volvió a preocuparse en encenderlo. Le han servido café y no se acuerda de echarle azúcar. Una personalidad derrumbada; eso. Evoca recuerdos, si se insiste en las preguntas. Apenas si sonríe.

Radowitzky

Le pregunto por Simón Radowitzky, el hombre que le tiró la bomba a Ramón Falcón.

-Está tísico y viejo. Escupe sangre. No lo obligan a trabajar en el monte. Va, pero se sienta en una piedra. Siempre en la misma postura. La mejilla apoyada en la mano; el codo en la rodilla. Parece que siempre estuviera mirando a lo lejos. Tiene todo el cabello blanco. Ha perdido casi las cejas. No se ríe nunca. Se aísla mucho y por su propia voluntad. No se trata con los criminales ni forma parte de las ruedas de los otros condenados. Solo, siempre anda solo. A algún nuevo, y que ha ido por causas que no son graves, si le pide consejo, se lo da.

– ¿Y el descuartizador?

– Ese es un viejo gruñón que trabaja siempre en la cocina. Lo único que quiere es salir en libertad. Es grueso, grandote y colorado. Usa barba. Yo he hablado muchísimas veces con él; pero nunca se acordó de su crimen, y como él no me habló de eso, yo tampoco quise hacerlo, porque me parecía que se disgustaría.

– ¿Y Mateo Banks?…

– Un mal compañero, al que todos le tienen odio, incluso los guardianes. Recibe continuamente encomiendas de toda clase; yo no sé quién le proporcionará tantas cosas, y siempre que recibe algo, lo esconde enseguida en la celda y no reparte con nadie. Afirma que cree en Dios, y que es inocente: pero, en la realidad, se porta como si no creyera en Dios ni en el diablo. Otro que está allí es Santos Godino, aquel famoso degenerado. Duerme en la celda como un ermitaño. No quiere cama, sino que se acuesta sobre el portland. Tiene todo el cabello blanco y camina tan agachado que parece una bestia andando en cuatro pies. Es una figura repugnante.

Prohibida la lectura

– ¿Les permiten recibir diarios, leer?…

– No. En el presidio hay una biblioteca, pero no dejan leer. Dicen que es para evitar que los presos piensen; pero, en realidad, yo creo que es para hacerle sentir más al encarcelado la tristeza de su soledad. Además, en el presidio, no hay enfermería, sino botiquín, donde a veces ni tintura de yodo se encuentra. En el presidio tampoco hay talleres, sino que el único trabajo que se hace es el de monte. Hay, además de castigos corporales, y si un preso se queda dormido, lo despiertan a latigazos, pues cada guardián tiene una fusta.

– ¿Fiestas?…

– La única fiesta es el domingo. Entonces, después de la una de la tarde, les permiten reunirse a todos los presos en un salón enorme donde hay una estufa. Uno se puede calentar las manos junto al fuego y charlar.

– ¿Y cuál es el pensamiento que le preocupa a cada uno?…

– La libertad. Se piensa continuamente en eso. Al principio los días pasan rápidamente, luego son tan largos que yo, por ejemplo, me dedicaba a hacer la cuenta de cuántos días me faltaban para salir en libertad, y hasta había hecho el cálculo con cuatro años de adelanto en qué fecha saldría y si sería miércoles o jueves. Los que más sufren son los que tienen familia, mujer, hijos, madre…

– ¿Y usted?

–Yo no. Eso no me preocupaba porque salí del asilo de expósitos. Es decir, que nací en una especie de cárcel infantil y parte de mi vida la he pasado en otra cárcel…

-Eso es triste…

El hombre me mira, sonríe melancólicamente, y luego agrega:

–Sí; es triste.

Y este hombre que espiritual y materialmente viene de tan lejos, que pareciera de otro mundo, se encuentra en Buenos Aires más solo, más abandonado que en el mismo presidio. No sabe cómo rehacer su vida. Él había oído hablar de una institución llamada Patronato de Liberados. ¿Dónde está? ¿Quiénes la componen?

Es triste y desconsolador cambiar la crueldad de Ushuaia por la indiferencia y hostilidad de la gran urbe. Allí se marchitan los sentimientos; aquí se encogen los corazones…”, concluye el artículo de Arlt.

 

 

 

 

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