“Cuando empecé no me animaba a pedirle a una persona permiso para sacarle una foto”

Se trata de una iniciativa del Director de Cultura de la Municipalidad, Daniel Galizio, que junto a su equipo seleccionó a una decena de artistas del Partido de Azul. Los visitaron en sus casas o espacios, los entrevistaron y filmaron, y escribieron una serie de artículos que son publicados en EL TIEMPO. Enriquecedoras historias de vida, que valdrá la pena conocer y atesorar. En este caso, es el turno de Juan Carlos Frangi.

Frangi empezó a hacer fotografía por su cuenta “con una camarita cajón y también me había hecho el cono copiador. Me acuerdo que compré dos bandejas que eran color verde Nilo con negro y blanco y esa fue la primera que tuve”.


 “El Arte en un rincón de mi casa” es un proyecto que nació en la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Azul, en él, distintos artistas de nuestro partido nos cuentan cómo fueron sus inicios en el arte y cómo, aún hoy, siguen transitando ese camino.
Juan Carlos Frangi nació en la Capital Federal en 1937 y se radicó en Azul en el año 1944 “porque mi padre vino a hacer la capilla del Buen Pastor”. La construcción del edificio se le encomendó a la Empresa Pini y compañía de Buenos Aires. Así, bajo las direcciones de los Italianos Humberto Frangi y su hijo Gilberto, se fue levantando la Iglesia.
Trayectoria    
Frangi se desempeñó como profesor de Fotografía en el Instituto Palmiro Bogliano y en la Escuela de Bellas Artes.
Ingresó al Foto Club Azul en el año 1956 llegando a ocupar la Presidencia (1972 -1979). Ha dictado en dicha asociación diversos cursos de fotografía y ha sido representante del mismo a nivel regional. En el año 2004 fue nombrado socio honorario. Fue cofundador en 1984 del Grupo Fotográfico del Centro de Cacharí. Obtuvo importantes premios y galardones en Salones Nacionales e Internacionales y ha participado de exposiciones colectivas e individuales.
Otros temas
En relación con sus inicios en la fotografía recordó que empezó a hacer fotografía por su cuenta, “con una camarita cajón y también me había hecho el cono copiador. Me acuerdo que compré dos bandejas que eran color verde Nilo con negro y blanco y esa fue la primera que tuve, después me fabriqué la ampliadora. Con el tiempo me compré una cámara mejor con lente y condensador y revelaba yo las fotos.”
Sobre su amistad con Héctor Frede comentó que lo conoció en una carrera que ganó Carlos Alberto Menditeguy en la vuelta a Olavarría, “me acerqué un poco a la ruta y me dijo, ‘venga para acá, más cerca a sacar fotos sino puede despistar un auto y es peligroso’ y ahí nos hicimos amigos”.

Frangi empezó a hacer fotografía por su cuenta “con una camarita cajón y también me había hecho el cono copiador. Me acuerdo que compré dos bandejas que eran color verde Nilo con negro y blanco y esa fue la primera que tuve”.


“Tuve cuatro fotos premiadas del Salón Internacional en el que competía con fotos de todo el mundo”    
 Frangi es una de las personalidades destacadas del Foto Club Azul, “siempre fui porque me interesaba y me sentía muy cómodo, luego empecé a trabajar en el año 56 y  llegué a ser presidente del Foto Club durante varios periodos; también escribí notas sobre fotografía en el diario El Tiempo y dicté varios cursos.”
Juan Carlos recuerda con alegría que tenía un problema, “no me animaba a pedirle a una persona permiso para sacarle una foto entonces me compré un zoom muy grande como para sacarla infraganti y así sacaba fotos, me gustaba mucho la diapositiva color y por mi trabajo tuve cuatro fotos premiadas del Salón Internacional en el que competía con fotos de todo el mundo”.
Sobre su experiencia como docente, Juan Carlos asegura que ese rol aún lo ejerce con mucha dedicación, “en la actualidad doy clases de fotografía en la Escuela de Bellas Artes y di también en el Instituto de Enseñanza Superior de la Escuela Normal, ahí daba clases a los futuros Técnicos en Turismo porque los guías necesitan saber ya que los turistas siempre piden fotografías y uno debe estar preparado para todo”.
Juan Carlos Frangi es también herrero y se jubiló hace años, legando su taller sobre la calle Falucho a sus hijos. Pero es muy rara la ocasión en que uno no lo encuentra allí, con su cuerpo doblado sobre el metal bajo una ola de chispas para charlar un rato sobre sus otras pasiones: política, fotografía y plantas.
Siempre tuvo quinta y no entiende ni le interesa entender a quienes no aprovechan la fertilidad del suelo donde les toque estar. Sin teorías ni pretensiones estéticas, trabaja la tierra y seguramente de allí también posee hermosos tesoros fotográficos.
 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *