ENFOQUE

Cuando se trata de negociar, todo tiene que ver con todo

La posibilidad de que en la puja Nación-provincias por la Coparticipación y por los fondos para obras públicas las cosas se resuelvan como antaño, por el camino de la imposición que anulaba los disensos, hoy no parece que esté en el menú de Mauricio Macri, aunque el Presidente no se priva de calentar la previa con señales de cierta dureza.

Por Hugo E. Grimaldi

Agencia DYN

 

Hay negociaciones y, por lo tanto, hay tironeos. Así es la vida en el común de los países, cuando se juegan posturas políticas, incluida la necesidad de llegar a acuerdos parlamentarios y, sobre todo, cuando hay plata de por medio.

La posibilidad de que en la puja Nación-provincias por la Coparticipación y por los fondos para obras públicas las cosas se resuelvan como antaño, por el camino de la imposición que anulaba los disensos, hoy no parece que esté en el menú de Mauricio Macri, aunque el Presidente no se priva de calentar la previa con señales de cierta dureza.

El dueño de la lapicera  

“No puede ser que uno siempre esté asistiendo al que no hace las cosas bien”, señaló con criterio eficientista, para que no se piense que puede no haber dinero para todos, pero también con algo de picardía.

Al fin y al cabo, ahora él es el dueño de la lapicera y antes, por mucho menos, los gobernadores le rendían pleitesía a CFK, su antecesora, quien para empiojarle el futuro  fiscal a su sucesor, a decretazo limpio les regaló a todas las provincias el 15% que los jueces le concedieron sólo a tres.

Con algo más de brutalidad, planteó ayer casi lo mismo el gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi, cuando habló de sus colegas peronistas, quienes irán a la cita con el ministro Rogelio Frigerio: “lástima que antes no tuvieron la misma actitud durante ocho años: fueron sumisos a la decisión de un gobierno dictatorial. Quizás tenían miedo”, disparó aclarando que su provincia también necesita fondos y que los reclamará en la Justicia.

“Por ahora”, la Corte se conformará con cinco miembros    

Por otro lado, algunos de los gobernadores justicialistas, peleadores de mil batallas, saben que tienen de su lado una carta brava para jugar: la llave de las mayorías en las dos Cámaras del Congreso.

Quizás por eso, el ministro de Justicia, Germán Garavano ha dicho que, “por ahora”, la Corte se conformará con cinco miembros, tras consentir por omisión que el DNU de los dos nombramientos en comisión no corre más. Y si bien parece que Garavano ha cruzado a la vicepresidenta Gabriela Michetti, quien habló de una Corte de siete, es obvio que ratificar de modo casual el número de “cinco” miembros ha sido un mensaje para que los gobernadores no se pongan tan duros, ya que los dos que faltan, en esa posibilidad a negociar, podrían ser un justicialista y un radical.

Es obvio que una cosa lleva a la otra, ya que si van por los lugares que fueron en el Alto Tribunal, tienen que tener asegurados los dos tercios en el Senado para llamar a Extraordinarias y sin negociación por los fondos que piden los peronistas, la cosa se le va a poner espesa al Gobierno. En cambio, si todo fluye, será carambola a dos bandas para Cambiemos, porque se va a acelerar la separación del kirchnerismo duro en la Cámara de Diputados.

Bienvenidas las zanahorias que van y que vienen, en un toma y daca que en la última década nunca se dio, siempre y cuando todo se haga de modo transparente. Al fin y al cabo, los ciudadanos tienen que saber qué hacen y negocian sus gobernantes porque son ellos quienes se están gastando el dinero de sus impuestos.

Si todo se negocia así, después de tanto tiempo, entonces bienvenida también la política.

 

 

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