DÍA DEL PANADERO - Al QUE MADRUGA...

De aprendiz a maestro

Santiago Camozzi ya no es ningún novato en la materia. Lleva casi diez años al frente de la panadería El Torreón del Parque. Este panadero que aprendió el oficio de la mano de su padre, Rubén Camozzi, repasó con EL TIEMPO su historia de vida entre el pan y la harina. 

La familia es lo primero, y eso es lo que más le importa a Santiago Camozzi, quien todo lo que hace, lo hace por ellos.
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La familia es lo primero, y eso es lo que más le importa a Santiago Camozzi, quien todo lo que hace, lo hace por ellos.

EL DATO
El Torreón del Parque está ubicado en Avenida Pellegrini 1401. Sus horarios de atención son de 6.30 a 12.45 y de 16 a 20, de martes a domingo. Envíos sin cargos al teléfono: 424558.

A la hora en que la mayoría de los azuleños duermen, Santiago Camozzi está por empezar su trabajo en su panadería, que lleva por nombre de fantasía “El Torreón del Parque”. El proceso de creación de este alimento llevará su tiempo y su culminación se verá con las primeras luces del día. Es una rutina diaria que la viene haciendo desde el 31 de marzo de 2007, cuando inauguró este emprendimiento, que surgió a través de un conocido de la familia.

“Había dejado de estudiar y empecé a trabajar con mi papá (Rubén Camozzi). Atendía a la tarde su local Las Dos Avenidas, donde desde chico trabajé como aprendiz suyo. Sin embargo, nunca había trabajado tanto como en la actualidad, que estoy todo el día en el local”, destacó y recordó que un día “se acercó un conocido de la familia y me dio directamente la llave de negocio de esta panadería. Y cuando comencé me dije a mí mismo: ‘Acá hay que meterle horas y horas de trabajo’. Primero remodelamos a nuestro gusto y tuve la suerte que mi papá me ayudó en lo económico para que este sueño se hiciera realidad”.

Desde su inauguración, Santiago lleva casi 10 años en el oficio y realiza la mayoría de las tareas de su cuadra. “Desde que abrí El Torreón siempre fui el panadero, pero últimamente sumé otros roles que más necesita la panadería; desde amasar, atender el mostrador, comprar la materia prima, entre otras actividades, porque a veces no encontrás gente para delegar estas responsabilidades”, destacó y agregó que es un oficio que “hay que aprender a hacerlo”. “Hay que medir bien los tiempos en el horno porque cada producto es diferente, entre otras tareas que conlleva trabajar de esto; es sacrificado pero cada vez que vengo, lo disfruto”, señaló.

“Una vez que está abierto, desde el mostrador como los deberes de la cuadra, todos deben cumplir con un horario; se viene muy temprano y nos vamos tarde; así es todo los días”, manifestó sobre la responsabilidad que lo mantiene al frente de esta panadería, donde uno debe “presentarse a diario, hacer un producto fresco y siempre esperar que el cliente venga a consumirlo, que le guste y que vuelva. No es un rubro tan complicado como algunos dicen; sólo tenés que tener buena relación tanto con los empleados como con el público”.

“Los bizcochos son un clásico de esta panadería” 

Tan sólo 36 años tiene, pero la misma mentalidad que uno de 50 y la madurez más que consolidada. Ya no es el aprendiz de su padre; estudió rápido sus consejos y pasó a ser el maestro, pero antes tuvo una tarea de “prueba y error; uno mismo aprende”.

Tanto él como su señora, quien atiende el mostrador (“Sin ella no sé si hubiese tenido éxito”, dijo) y sus empleados han logrado formar un equipo de trabajo muy sólido para realizar las exquisiteces que sus fieles clientes retiran a diario. Al respecto, Santiago recordó sobre los productos que tenía a la venta esta panadería ni bien se abrió la puerta por primera vez.

“El día que abrimos empezamos a vender los mismos productos que realizaba mi papá. Junto con mi señora nos decíamos ‘si él lleva tanto años trabajando (cumplió 30 décadas), a nosotros no debería costarnos”, detalló para luego agregar que “si bien al principio costó de que la gente venga”, pero con paciencia y esperanza se pudo atraer la atención del público, a quienes con el paso del tiempo “fuimos haciendo nuevos productos, a pedido de ellos mismos”. Se empezaron a vender “budines de limón, tortas de chocolate; en fechas especiales reforzamos la variedades de tortas como el Rogel, Lemon Pie, acompañados de todos los clásicos de antes, más innovaciones propias que presentamos en esas fechas”, destacó.

Consultado sobre qué recomendación se le podía hacer al lector, Santiago sugirió los bizcochos, que “son un clásico de esta panadería; cuando salen ‘calentitos’, los domingos son ‘irresistibles’. También los churros son muy solicitados, al igual que los panes de chicharrón. Y por pedido de nuestros clientes, estamos elaborando panes integrales, de semilla, multicereales y otros que vienen con limón, que nos salen bastante bien; igualmente invitamos a que vengan y prueben cualquiera de nuestras elaboraciones”.

“Hacemos nuestros productos en el momento”

Esta panadería está ubicada al frente del Parque Municipal “Domingo Faustino Sarmiento”, paseo público al que muchos azuleños acuden a reunirse con amigos y en familia. Cuando se acerca el fin de semana, sobre todo sábados y domingos, tanto Santiago como su señora tratan de planificar las jornadas de trabajo para poder cumplir con la demanda de su clientela. Una de las primeras preguntas que suelen hacerse es en ¿cómo estará el tiempo? Si hará calor o frío, o si será un día lluvioso. Por suerte, tienen la ayuda de los medios locales, Internet y diversas aplicaciones en el celular, que le dan una mano para conocer el pronóstico del tiempo y mantenerse informado. Sin embargo a veces esa previsión, siempre basado en probabilidades, falla. Por eso, según Santiago, estar al frente de este punto, “nos cuesta, más allá de nos da la posibilidad de trabajar bien cuando hay lindos días, también nos ‘mata’ cuando está feo y que nos sobre los productos, entonces tratamos de hacer todo sobre la marcha”. Para ello “incorporamos un horno rotativo (antes trabajaban con un horno a pala); gracias a esto podemos hacer en el momento y ‘calentitas’ las distintas variedades de nuestras elaboraciones, como churros, bolas de fraile, tortas fritas, entre otras”, dijo para luego agregar que ante el advenimiento de la primavera, “les calentamos el agua a los chicos para que tomen mates”. Este último es uno de los servicios que ofrece este negocio. El otro, es el reparto de sus productos a domicilio y sin cargo.

Saludo a clientes y amigos

En este último tramo de la nota, Santiago no quiso dejar de agradecer a toda su familia, que “nos ayuda cuando uno quiere tomarse unas vacaciones”. También se refirió a su papá, quien siempre lo ayudó. “Si no fuera por él, no sé si este emprendimiento hubiera tenido éxito; a mí señora y a mis hijos, quienes me acompañan en todo lo que hago, y a los clientes por la confianza que nos han brindado”.

Finalmente, tanto Santiago como su mujer, aprovecharon la ocasión para saludar a colegas y amigos del rubro. “Que todos tengan un feliz día”, dijeron.

LO MEJOR Y LO PEOR DEL OFICIO

“Lo positivo, desde el punto de vista como empleador y titular de esta panadería, es tener una buena relación con los empleados, los clientes y proveedores”, sostuvo Santiago Camozzi para luego agregar que lo negativo “es la que dicen todos: ‘la de levantarse temprano’ para venir a producir y tener el negocio abierto durante todo el día”. Igualmente, sobre esto último, indicó que lo hace “porque me gusta; sino no lo hago e incluso me lo inculcó mi papá en su momento cuando era adolescente, una etapa que no quería saber nada con madrugar; en cambio ahora lo hago como una obligación, pero disfrutándolo”. Además, después del almuerzo, viene la siesta, que “es sagrada; ¡¿en qué pueblo no lo es?!”, cerró la idea con una sonrisa.

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